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ENTREVISTA

Por qué nos equivocamos al ansiar la vida de ensueño de Hollywood: el libro que desvela la “cara oculta” del cine

El escritor y actor Elías González visita la redacción de elDiario.es

Francisco Gámiz

17 de marzo de 2026 22:08 h

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El mundo del espectáculo y, en concreto, el mundo de la interpretación, son gremios sobre los que más y menos se conoce al mismo tiempo. Todos tienen algo que decir acerca de la industria del cine, todos creen tener la certeza de saber qué ocurre tras bambalinas. De hecho, sería difícil pensar lo contrario, teniendo en cuenta la infinidad de galas de premios que existen y el foco mediático que acaparan sus alfombras rojas. Pero la realidad es que, al contrario de lo que a veces aparentan, los actores y la gente de teatro son seres insoportables. Al menos, esa es la conclusión a la que se puede llegar tras leer Yo, Eduard, una adictiva y divertida sátira al sector cinematográfico.

Sirviendo como crítica del glamur y la purpurina que caracteriza esta disciplina, el escritor y actor Elías González desvela los entresijos detrás de la industria de la interpretación en una novela que destruye sus mitos. La obra, cuya idea nació del rencor de las negativas que el autor se ha llevado en los cientos de castings que ha hecho a lo largo de su trayectoria, aborda este tema a través de la ironía. González se dedica al arte dramático desde hace ya 20 años y, aunque reconoce a elDiario.es que se le da mejor actuar que escribir, necesitaba plasmar sobre el papel la hipocresía de toda la parafernalia que hay alrededor de los brillos de Hollywood.

La intención del autor era la de “mostrar la cara oculta del cine”: “El teatro es más artesanal y hay más compañerismo, pero sí que quería mostrar la cara oculta de las redes sociales, de los castings, que son cosas superficiales. Y quise hacerlo desde el humor y con la ciudad de Madrid como gran paradigma de los actores. Todos vienen a Madrid a triunfar y a tener éxito, pero siempre me acuerdo de Vila-Matas, que referenciaba a Séneca al decir que el éxito es una horterada”. Elías González repasa las causas y consecuencias de lo negativo de dedicarse al arte, desde el uso de las redes sociales hasta la pérdida de autenticidad.

Elías González presenta su novela 'Yo, Eduard'

El libro está protagonizado por Lorenzo, un personaje gañán que vive muy tranquilo alejado de la actuación. Sin embargo, solo cuando deja de ser él mismo y comienza a imitar al actor Eduard Fernández atisba el éxito. O más bien otro tipo de éxito, puesto que hay quien consideraría más que un triunfo lograr vivir tranquilo en la sociedad actual. Elías González lo explica bajo el término de “miseria confortable”, que consiste en ganar el dinero suficiente para hacer las cosas que te gustan. Este concepto, que el intérprete lo toma como filosofía de vida, es complicado de aplicar en un momento en el que las redes sociales te empujan a ansiar más y más, a no conformarse con lo que se tiene.

“Es una cuestión de ego”, argumenta González. “Yo también quiero tener éxito con las novelas o actuando, pero hay otras personas que lo tienen como su marca, como su objetivo. Eso, en cuestiones artísticas, me parece lo más errado, porque el arte se rige por otras cosas”, explica el intérprete. “No voy a ser hipócrita, el éxito tiene algo que nos llama, pero es cuestión de controlar el ego, que los actores lo tenemos muy disparado”, agrega. Este orgullo, a menudo arrogante, es una de las consecuencias del “veneno del teatro”, algo que Elías González asegura que han experimentado todos los que son actores.

El intérprete no olvida la primera vez que se subió a un escenario ni tampoco cómo la experiencia lo impulsó a querer hacerlo de nuevo. “Recuerdo la emoción, recuerdo la energía con el público, recuerdo pasármelo que te cagas y decir 'necesito más'. Es como una droga”, confiesa el escritor. “Pero en esta profesión solo trabaja el 8%. Por eso, en los momentos de parón, tenemos que tener la cabeza muy bien amueblada, porque necesitamos actuar delante de una cámara y eso es muy jodido”, cuenta. Es una disciplina para la que Elías González señala la importancia de la salud mental, pues puede acarrear peligrosas carencias de seguridad emocional.

Tanto es así que el actor afirma que “tienes que estar muy preparado para todas las negativas que te vas a encontrar, para sentirte juzgado”. “Cuando entras a un casting, tienes que saber que te van a mirar para juzgarte. Pero, al igual que tienes que estar preparado para eso, también para cuando te den regalos y te adulen, porque puede volverte un poquito majara”, indica, poniendo al descubierto en el libro un proceso de casting arbitrario y absurdo que lleva a muchos actores a cuidarse yendo a terapia. Asimismo, considera imprescindible reforzar el silencio: “Cada vez se escucha peor y cada vez se habla más deprisa. Hay que pensar muy rápido y eso una putada para quienes pensamos lento. Es paradójico porque los actores se dedican a eso, a reaccionar a lo que te dice el otro, pero se escuchan poco y hablan muy alto”.

A pesar de ello, Elías González insiste en que también hay mucha frivolidad entre la gente que no trabaja en esto. “No sé por qué está instaurada toda esta idea de los subvencionados del cine español, cuando lo cierto es que se curra mucho en el cine español”, apunta el autor de Yo, Eduard. “Un país sin una cultura de calidad es un país muerto. Están desapareciendo los libros clásicos de los institutos, el griego, el latín... El gusto por la palabra, por la lectura, por la etimología o habituar a los chavales a ir al teatro haría un pueblo más libre, más preparado, más inteligente y más culto”, añade González, que lamenta que en el arte haya que tener “mucha suerte y paciencia” debido a la precariedad.

La cultura, que es un pilar básico y fundamental de las sociedades, ayuda a ejercitar el pensamiento crítico para reflexionar sobre temas que nos atañen a todos como la política. Este es, de hecho, uno de los asuntos que se tocan en Los árboles no votan, una obra que protagoniza Elías González junto a Susana Hernández, Ana Janer y Pedro Cerezo en el Teatro del Barrio de Madrid. Dirigida por José Ignacio Tofé y con una última función programada para este miércoles 18 de marzo, se trata de una comedia política que busca ser incómoda al poner el foco en el greenwashing, la manipulación de los partidos y las mentiras que se cuentan en nombre del bien común.

Hemos llegado a un punto en el que cualquiera puede opinar de todo. Es una época de cuñadismo propiciada por las redes sociales

Elías González Actor y escritor

El argumento de la obra gira en torno a una planta de descarbonización que no funciona, generando un dilema en los políticos sobre admitir el error o vender la mentira, para denunciar la estrategia de mercado empleada por algunas empresas que consiste en aparentar ser más respetuosas con el medio ambiente de lo que en realidad son. De hecho, hay un debate entre una científica con datos y un empresario que, con toda su tergiversación dialéctica, convence al público más que la científica. “Utiliza términos como 'libertad', como aquí hace Ayuso, o como 'esperanza'. Son generalidades que entran muy bien al oído, pero en realidad son barbaridades”, expresa González.

No obstante, “estas son las personas que hoy en día ganan los debates”, comenta el intérprete. “Lo vemos en televisión, en todas las tertulias. Es una obra cojonuda para que el público reaccione y tener votantes preparados para que, cuando llegue la hora de votar, sepa quién le está tomando el pelo y quién no. Pero no es para que voten lo que alguien quiera según sus ideales, esa es una labor que tiene que hacer el votante”, dice, haciendo énfasis en que “el ciudadano no tiene que hacer dejación de funciones”, pues “tiene que estar preparado y ser una persona culta para que al escuchar un debate sepa diferenciar los discursos vacíos”.

Aun así, y aunque reconoce que es un “buen pesimista”, Elías González afirma que “de esta cosa se sale colectivamente”. “Hemos llegado a un punto en el que cualquiera puede opinar de todo. Es una época de cuñadismo propiciada por las redes sociales, ya que todo el mundo opina de todo y todo el mundo sabe de todo, lo que te hace llegar a un nivel de encrespamiento y de polarización en el que vale cualquier cosa con tal de tener la razón”, reflexiona el actor. Tanto con su libro, indagando en la industria del cine para destapar su hipocresía, como con su obra de teatro, repasando la incoherencia política, González apuesta por un futuro en el que lo importante sea “abrazar lo colectivo, el compañerismo, el cariño y la empatía”.

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