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Marsé, un cinéfilo insatisfecho con la adaptación al cine de sus novelas

Un catalán que renovó la novela en castellano: así recogió Marsé su Cervantes

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Barcelona, 19 jul (EFE).- Juan Marsé, que, como muchos de los de su generación, cultivó su educación sentimental en los patios de butacas de los cines de barrio de doble sesión, tuvo, sin embargo, una relación insatisfactoria con las adaptaciones cinematográficas de sus novelas.

Un catalán que renovó la novela en castellano: así recogió Marsé su Cervantes

Un catalán que renovó la novela en castellano: así recogió Marsé su Cervantes

"Son películas fallidas", llegó a decir, "y lo son, no porque hayan adaptado mal el texto literario, sino porque son malas por sí mismas. Es decir, cuando una película que adapta una novela es buena, es buena por razones estrictamente cinematográficas y no literarias", sentenció.

Conocidas obras del escritor barcelonés viajaron a la gran pantalla, como "La muchacha de las bragas de oro", "El amante bilingüe" o "El embrujo de Shanghai". "Todas las películas han sido muy fieles al texto literario, demasiado fieles. Creo que hay que darle la vuelta como un calcetín. Para decir lo mismo que el libro, hay otras formas. La narrativa cinematográfica no tiene nada que ver con la literaria", estimaba.

El cine, siempre ávido de nuevas historias, recurrió a la narrativa de Marsé a menudo, y el más reincidente fue Vicente Aranda, que dirigió "La muchacha de las bragas de oro" (1980), "Si te dicen que caí" (1989), "El amante bilingüe" (1993) y "Canciones de amor en Lolita's Club" (2007).

Otros cineastas también se sintieron tentados por el universo literario del autor barcelonés, como Jordi Cadena ("La oscura historia de la prima Montse", 1977), Gonzalo Herralde ("Últimas tardes con Teresa", 1984), Fernando Trueba ("El embrujo de Shanghai", 2002) e incluso desde Italia Wilma Labate ("Ronda del Guinardó", 2001), y para la televisión, su amigo Francesc Betriu transformó en 1993 "Un día volveré" en una miniserie de seis capítulos.

Marsé sabía bien de lo que hablaba, pues en su juventud había ejercido la crítica de cine e incluso había escrito como guionista.

La respuesta a ese "maltrato" recibido fue su libro "Esa puta tan distinguida", que el propio Marsé vio como su "novela más autobiográfica", y que más de uno interpretó como su ajuste de cuentas con el cine.

En 2013, condensó su amor al cine en mayúsculas con la selección de sus películas preferidas en el ciclo Carta blanca a Juan Marsé" que proyectó la Filmoteca de Cataluña, coincidiendo con su 80 aniversario.

Entre los títulos del ciclo figuraban "Luces de la ciudad" (1931), "Encadenados" (1946), "Ser o no ser" (1942), "Viridiana" (1961). "Luna nueva" (1940), "El espíritu de la colmena" (1973), "El verdugo" (1963), y "Roma, ciudad abierta" (1945).

También se estrenó en este ciclo el documental "Juan Marsé habla de Juan Marsé", de Augusto M. Torres, en el que el escritor reflexiona sobre cómo el cine ha influido en su manera de escribir.

En la película "El cónsul de Sodoma" (2010), de Sigfrid Monleón, Juan Marsé se convirtió en personaje de la ficción, en este caso interpretado por el actor Àlex Brendemühl, un drama biográfico que cuenta la vida de uno de los poetas más importantes del siglo XX, Jaime Gil de Biedma, interpretado por el actor Jordi Mollà.

Para abonar más esa relación de amor y odio del escritor con el cine, esta película causó una gran polémica, y de ella Marsé llegó a decir: "La película es peor que mala. Es una ofensa a la memoria del poeta por su estupidez y su grosería, algo que va más allá de su absoluta insolvencia cinematográfica", antes de calificar a su director como "fallero sin escrúpulos".

Jose Oliva

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Publicado el
19 de julio de 2020 - 14:19 h

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