Testimonios en primera persona para cuestionar cómo el estigma de la enfermedad golpea sin piedad
Hay muchas definiciones de estigma. Se podrían buscar todas ellas en el diccionario de la RAE, aunque ninguna recoge el verdadero, doloroso y personalísimo significado que golpea a todos aquellos estigmatizados. Zaida Alonso, Javier Zarapico, Fernando Mercè y Júlia Solé parten de sus diagnósticos médicos, si es que existen, para desnudarse en el escenario. Sus palabras retumban acompasadas de la música estridente que emana de los dedos de Jesús Irimia, se revuelven sobre la sala y dejan el justo y necesario aire y espacio para que de ellas brote la gran duda: ¿qué es ser normal?
El hambre imposible es el nombre de esta dramaturgia dirigida por la misma Alonso, autora del trabajo de fin de grado del que parte la obra. El concepto sobre el que eligió trabajar en el segundo curso de la carrera de dirección de escena fue el estigma: “Siempre había pensado crear algo así como paciente oncológica, pero nunca había tenido el valor suficiente”, confiesa. La función, que volverá en septiembre al Teatro del Barrio en Madrid, se vehicula en torno a una primera persona que se convierte para la mayoría de sus intérpretes en sinónimo de una gran salida del armario ante el público, conocidos y seres queridos.
Alonso ha superado tres cánceres. “Parece que es algo naturalizado, pero no lo sientes así cuando lo vives en primera persona”, concede la actriz. Tanto ella como sus compañeros concuerdan en señalar que el estigma aparece en los detalles más nimios. “Es impactante ver a una mujer calva por la quimio, pero esas miradas te recuerdan todo el rato que te puedes morir”, añade.
La dramaturga defiende una mirada anticapitalista para encontrar una respuesta a esta realidad: “El cáncer te baja a tierra. Todos vamos a morir, pero en cierto modo esta sociedad consumista donde solo servimos para producir nos hace estar alienadas y olvidarnos de ello”. El estigma está ahí. No digas en una entrevista de trabajo que tienes cáncer. No digas que llevas peluca en un casting. No lo digas, aun sabiendo que lo que no se dice no existe.
Estigma cuenta con siete acepciones en el diccionario de la RAE, las últimas circunscritas al campo de la botánica, la medicina y la zoología. En El hambre imposible hay muchas más, y mucho más reales: estigma es sentirte señalada, estigma es no poder tener hijos, estigma es arte, estigma es una cicatriz, estigma es hablar sola por la calle, estigma es un hospital, estigma es un tío en la cárcel, estigma es tropezar, estigma es el margen, estigma es hacerse ilusiones, estigma es que no haya cura, estigma es que me mires raro, estigma es la línea 1 de metro, estigma es que me empieza a dar ya por puto culo que me rechaces.
Cuando la normalidad no existe
Javier Zarapico vive desde hace más de 20 años con una enfermedad muy rara de la que no existe ni siquiera nombre. Este actor y profesor de adaptación de textos dramáticos en la Universidad Internacional de La Rioja recibe al público sentado en su silla de ruedas, mirada al frente, impasible. “A mí los médicos solo me miran, observan cómo evoluciona la enfermedad, pero no buscan un tratamiento porque no existe”, comenta el también doctor en Artes Escénicas.
Para este actor, incluido en cuatro estudios genéticos de los que duda que den resultados, la normalidad no existe desde hace mucho tiempo. “Yo me defino como anormal porque es la etiqueta que me pone la sociedad, que es quien estima que se debe vivir bajo unos parámetros. Esto es duro, muy duro”, relata. La aparición de esta enfermedad que le hace perder la sensibilidad en algunas partes de su cuerpo hizo que se tuviera que apartar del teatro profesional. “Yo ahora soy un lastre, salgo caro. Las compañías prefieren coger a una persona que no vaya en silla de ruedas y ponerle en una que gente como yo, aunque podamos aportar muchas más vivencias y trasfondo”, denuncia.
La ignorancia del estigma
Fernando Mercè es otro de los nombres propios que se desnudan metafórica y literalmente en escena. El estigma que pesa sobre él es mucho más invisible, pero duerme en su cabeza y lo despiertan personas cuya boca grita ignorancia. Sufre VIH indetectable. Es decir, bajo tratamiento el virus no se transmite se tenga la relación sexual que se tenga y tampoco se transfiere a la potencial descendencia. “Solo aparece cuando yo lo digo”, subraya.
Yo me defino como anormal porque es la etiqueta que me pone la sociedad, que es quien estima que se debe vivir bajo unos parámetros. Esto es duro, muy duro
Y lo dice. Y le insultan por ello. Le llaman sidoso, y bloquean su perfil en las aplicaciones de citas. “¿El Fer de hace un rato no es el Fer de ahora?”, pregunta sobre las tablas a un imaginario amante que le llama egoísta y le rechaza por no haber contado antes que tenía VIH. En su cuerpo anida algo que ni tiene consecuencias para él ni para los demás. La mente, sin embargo, alberga las mayores traiciones a uno mismo. “Aun sabiendo que se podía tratar y llegar a hacer tu vida con normalidad, lo primero que piensas es que te puedes morir y todo se hace un mundo”, profundiza.
Qué es ser normal
Alonso decidió escribir un ‘Manual de instrucciones para ser normal’, un elemento que aparece varias veces durante el relato teatral como asidero para que el público tuviera donde agarrarse dentro de la tragedia y así poder liberar alguna carcajada. Cuestionarse qué es lo normativo fue un proceso arduo que el elenco todavía mantiene abierto. “Evidentemente, yo no soy normal, y creo que nadie lo somos. Es un constructo social en el que intentamos encajar”, sostiene la directora, quien reflexiona sobre la idea de triunfo y éxito inculcada en esta sociedad: “Hay que cumplir con ciertos cánones impuestos. Ser verdaderamente antisistema en esta sociedad es prácticamente imposible”.
Así comienza el Manual: “Nace en una familia de clase media normal, preferiblemente burguesa tirando a high class; en un cuerpo normal, preferiblemente cis hetero y susceptible de ser esculpido en un gimnasio anodino llegada la edad pertinente; con una raza normal, preferiblemente blanca, y unas inquietudes normales”. Así continúa: “Una persona normal jamás llora a deshora, roba en el supermercado o sale en pijama a la calle. Una persona normal jamás tiene la cuenta a cero, un ataque de pánico o una enfermedad de transmisión sexual. Una persona normal no sufre, no bebe, no come, no duerme, no folla, no ríe, no grita, no ama, no piensa, no caga ni la caga más de lo conveniente”. Y así termina: Recuerda: ser normal no es una opción, es una obligación. La obligación de vivir la vida que no elegiste“.
El hambre imposible de ser normal
Sobre la normatividad también ha pensado Mercè: “Esto del VIH te convierte en una persona que puede parecer normal”, asegura a elDiario.es tras representar la obra. El propio guion lo recoge al principio, durante la presentación de personajes. “Fernando, la persona aparentemente más normal”.
Mercè es el elegido para pronunciar la oración de la que emana el título de la pieza teatral: “Yo crecí con el hambre imposible de ser normal, rechazando mi propio semen y mi propio cuerpo”. Y en esa hambre imposible se dan la mano muchas otras cosas que le conforman como persona. Como si de una lucha contra el mundo de ahí afuera se tratara, el actor ha tratado de no quedarse únicamente en la etiqueta impuesta durante el desarrollo de este trabajo escénico.
“Uno es mucho más cosas que alguien con VIH. A mí me daba pánico que me quedara como Fernando el que tiene VIH y no como ese Fernando que ha hecho el Don Juan Tenorio, ha actuado en el Festival de Almagro y ha trabajado con el Teatro Español en La Abadía”, ilustra este intérprete gallego de ascendencia catalana. Zarapico, por su parte, completa el testimonio con estas palabras que marcan la bajada del telón: “Yo volvería a nacer aunque sea un anormal. Porque donde tú ves un error, yo veo una señal. Porque quizás la trascendencia no está en la perfección, sino en aceptar la marca”.
El hambre es imposible se estrenó en el Festival Meet You de Valladolid. La obra ya ha girado por Barcelona, Zamora y Valladolid, y lo hará próximamente en Alcalá de Henares por el Día Internacional del VIH. También repetirá pases en el Teatro del Barrio en septiembre. A partir del próximo enero, es posible que la creación de Alonso gire por diferentes provincias de España.
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