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Ramón, no te pares

Un oficial de la policía paramilitar lleva el cuerpo sin vida de un niño refugiado después de que el barco en el que viajaba volcase junto a diezpersonas máscerca de la isla griega de Kos./ AP PhotoDHA

Un oficial de la policía paramilitar lleva el cuerpo sin vida de un niño refugiado después de que el barco en el que viajaba volcase junto a diezpersonas máscerca de la isla griega de Kos./ AP PhotoDHA

Llevo todo el verano con una frase en mi boca: “Ramón, para”. Tengo un hijo de los ‘moviditos’, vamos como la mayoría. No se puede estar quieto. Ni siquiera viendo su serie preferida renuncia a subir y bajar del sofá. Boca abajo, del revés, de espaldas, salta, baila… ¡pues eso tiene 8 años! He de admitir que me alegré por la organización del curso que se retrasara el inicio del nuevo año académico al 10 de septiembre, pero que en mi corazón de madre trabajadora, autónoma y con el despacho en casa hubiera preferido el calendario de María José Catalá ¡Quién me lo iba a decir! Añorando a la consellera que tantos dolores de cabeza nos ha causado en los coles públicos…

Y es que, como la mayoría de padres y madres de hijos en edad escolar llevo el verano con una mezcla de culpabilidad y hartazgo por no parar de decir a mi hijo que pare, que descanse, que deje de hablar aunque sea por cinco minutos,… Culpable cuando se va a casa de los primos y yo me tumbo en el sofá escuchando el silencio, culpable cuando le echo la bronca y luego lo veo dormido ¡el angelito! ¡Qué guapos están durmiendo!

Sueño con el día que empiece el colegio. Lo deje y me vuelva a casa a trabajar. En silencio. Incluso me vaya a dar un paseo tranquilamente a la playa. Sin tener que saltar las olas, jugar al fútbol en la arena o servirle de barca improvisada. Si volver a casa con arena hasta en las orejas y con el coche empapado de agua y sal. Y en el goce del sueño, me siento culpable. ¡Qué le voy a hacer!

Pero hoy. Hoy me he sentido más culpable que nunca en todo el verano. Ha sido al ver la imagen de ese pequeño de cinco años que ha corrido como la pólvora por las Redes Sociales. Un niño tirado boca abajo en la costa turca. A merced de las olas. Comiendo arena. Un niño de 5 años que no juega al fútbol en la playa. Un niño sirio al que sus padres intentaron salvar de una guerra que ya dura demasiado y que en su camino hacia Grecia se encontró con una barrera de arena. Un pequeño de 5 años que no empezará el curso este año. Porque ha muerto. Porque está parado.

Ramón, no te pares por favor. No te pares nunca.

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