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La ayuda humanitaria en 2015 y 2016: radiografía de un bienio “demoledor”

Médicos atienden a heridos tras el ataque estadounidense al hospital de MSF en Afganistán.

Icíar Gutiérrez

Son años “oscuros” para quienes tratan de dar una respuesta inmediata a las emergencias humanitarias. Estas dificultades han ensombrecido aún más la situación de quienes sufren las consecuencias de conflictos armados, enfermedades y desastres naturales en un bienio calificado de “demoledor” para el sistema humanitario.

Por un lado, las crisis de larga duración se tornan cada vez más habituales y, por otro, se han declarado cinco emergencias humanitarias de máximo nivel (Siria, Sudán del Sur, República Centroafricana, Irak y Yemen). Los números reflejan las consecuencias: más de 65 millones de personas son refugiadas o desplazadas internas según Naciones Unidas, la cifra más elevada desde la Segunda Guerra Mundial.

“El sistema humanitario actual resulta incapaz de responder adecuadamente a las necesidades más urgentes de las personas atrapadas en las crisis más agudas”, han denunciado Médicos Sin Fronteras (MSF) y el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) esta semana en su informe conjunto 'La acción humanitaria en 2015-2016: un modelo en crisis'.

Atendiendo a las conclusiones del documento, estas son las claves de la evolución de la acción humanitaria durante el último bienio.

“Las crisis superan los recursos disponibles”

Los Gobiernos y los donantes privados destinaron 28.000 millones de dólares a la acción humanitaria en 2015, un 12% más respecto al año anterior y un 50% si se compara con 2012, según el informe. El análisis de ambas organizaciones alerta de que no es suficiente. “Pese al ligero aumento de fondos a escala internacional, el incremento del número de focos de crisis y su creciente gravedad superan con creces los recursos disponibles”, aseguran.

Asimismo, solo un pequeño número de grandes crisis, como Siria o Sudán del Sur, concentran cada vez más las ayudas mientras otras permanecen constantemente infra financiadas. Es el caso de la situación de los refugiados saharauis o las minorías étnicas en Myanmar, según datos de la Comisión Europea. Además, las contribuciones en respuesta a los llamamientos coordinados de la ONU cayeron un 13% respecto a 2014.

La ayuda a organizaciones locales sigue siendo baja

Dos terceras partes de la financiación de los Gobiernos fue dirigida en 2014 –últimos datos disponibles– a organizaciones multilaterales. Las principales canalizadoras de los fondos aportados por los Gobiernos fueron, en primer lugar, las mayores agencias humanitarias de las Naciones Unidas, entre ellas Acnur, y en segundo, las ONG internacionales.

En contraste, las organizaciones locales solo canalizaron 87,6 millones de dólares, el 0,4% del total de la financiación internacional en 2015. Aunque supone un ligero aumento respecto al ejercicio anterior, la financiación a los agentes locales y nacionales continúa siendo baja, a pesar de que, dentro del sector, se considera que “la acción humanitaria es mejor planificada, gestionada y distribuida cuanto más cercana sea a la población”, según concluye el informe.

“El fin de una era” en el enfoque humanitario

El énfasis en la necesidad de trabajar más a nivel local y reconocer a las organizaciones del Sur fue uno de los pocos avances logrados en la Cumbre Humanitaria Mundial celebrada el pasado mayo en Estambul. Según el diagnóstico del IECAH y MSF, los resultados de esta reunión, que movilizó a la comunidad humanitaria por primera vez en su historia, no estuvo a la altura de “las necesidades y demandas que la gravedad de la situación exigen”.

Entre estas necesidades está, según ambas organizaciones, mejorar la “insuficiente” respuesta inmediata a las emergencias ante la regresión que sufren los Estados, una cuestión que no se abordó en la cumbre. El enfoque mayoritario de la acción humanitaria se centra, según los autores, en “hacer más y mejor en la prevención y la recuperación”, lo que se aleja de “las necesidades críticas de las víctimas de violencia”. Esto supone, en palabras de los analistas, “el fin de una era”.

El informe reconoce la importancia de esta visión pero insiste en la prioridad de ejecutar acciones básicas para salvar vidas: “No es cuestión de elegir una solución o la otra: la cuestión es que una no debe ir en detrimento de la otra”.

El derecho internacional, incumplido

Las mayores dificultades para la acción humanitaria proceden de un escenario internacional en el que el Derecho Internacional Humanitario (DIH) es “continuamente violado y no solo por los grupos insurgentes sino por los propios Estados firmantes”.

Una muestra de ello son los ataques a hospitales y otros bienes protegidos por el derecho internacional, así como la “inacción internacional” a la hora de reaccionar frente a ellos. Más de 90 estructuras médicas gestionadas o apoyadas por MSF han sido bombardeadas en Siria y Yemen tras el ataque en Kunduz (Afganistán) en 2015. Las armas, explican, son cada vez más precisas al identificar los objetivos de los ataques. Por esta razón, “no es verosímil que la repetición deliberada y sistemática de ataques a civiles y a las infraestructuras humanitarias pueda calificarse de inevitables daños colaterales”, asegura Jesús Núñez, codirector del IECAH.

Otra muestra es el incumplimiento, sin consecuencias, de los derechos de los refugiados por parte de actores como la Unión Europea. “El DIH y el derecho de los refugiados eran el puntal sobre el que descansaba la acción humanitaria. Y lo decimos en pasado porque, en estos momentos, la lógica de la seguridad ha prevalecido y lo está impregnando todo”, denuncia Joan Tubau, director general de MSF.

Los analistas explican que la “obsesión” por la seguridad provoca que las políticas internacionales identifiquen el terrorismo como “única amenaza”. En este caso, añaden, la respuesta suele ser generalmente de carácter militar.

“Como resultado, la vida de los civiles acaba siendo prescindible en nombre de la lucha contra el terrorismo y las personas refugiadas pierden su derecho a asilo”, señala el informe. En este sentido, concluye que los Estados “se han negado a asumir sus responsabilidades y obligaciones”.

La acción humanitaria, la política más recortada

En España, tras años sucesivos de caída, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) se recuperó ligeramente en 2015 con un incremento del 14,7 % con respecto al año anterior y alcanzó los 1.626,72 millones de euros.

Sin embargo, la acción humanitaria, uno de los sectores de la Ayuda, acumula un recorte presupuestario del 90% desde el 2009, cuando se destinaron 465 millones de euros. En 2015, esta partida fue de tan solo 46,5 millones, con lo que se convierte en la política pública más recortada durante la crisis.

“Este desmantelamiento contradice la pretensión teórica del Gobierno español de ser un actor humanitario relevante en el contexto internacional, y echa por tierra las capacidades que tanto en la ayuda pública como en las ONG se han ido construyendo durante estos años”, lamenta Francisco Rey, codirector del IECAH.

Ante este panorama, el informe también deja espacio para la autocrítica y considera que el sector “no ha sabido sintonizar con la población” y esta se ha ido alejando de las preocupaciones internacionales. “Recuperar los lazos con la ciudadanía –dicen– se convierte en una tarea inaplazable”.

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