Baleares mira a Canarias entre la incertidumbre económica y la apuesta por la renovación hotelera

Una familia pasea por un espigón en la Playa de Alcudia en Mallorca.

Baleares cierra una de sus semanas más difíciles desde que se inició la actual crisis sanitaria. Mientras Canarias recupera la confianza de los mercados emisores y ve multiplicadas sus cifras de reservas, el archipiélago mediterráneo -con un descenso de las pernoctaciones hoteleras del 99% durante el segundo trimestre e inmerso en una contracción económica del 37,8%, según datos de la Confederación de Asociaciones Empresariales de Baleares (CAEB)-, se sume en una espiral de temor e incertidumbre.

La inversión en turismo alcanzará los 1.300 millones en 2021, la mayoría procedentes de fondos europeos

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En plena segunda ola de la pandemia del coronavirus, que está azotando con dureza Baleares, las patronales hablan de batallas perdidas y del "fracaso" de la gestión sanitaria por parte de las Administraciones. Sin embargo, los hoteleros, aunque consideran un error confiar el futuro a la aparición de una vacuna -"hay que aprender a convivir con el virus"- buscan alternativas para subsistir y resurgir del actual letargo e incluso se lanzan a aventurar fechas: pronostican que 2021 será un año "muy complicado", pero se aferran a "lucharlo" con el objetivo de estabilizar su actividad en 2022.

La aprobación del nuevo estado de alarma así como la decisión de Alemania y Reino Unido de excluir a Canarias de su lista negra de zonas de riesgo -en la que, por el contrario, continúa inmersa Baleares, con más del doble de contagios en las últimas dos semanas que el archipiélago atlántico-, ha desatado todo tipo de reacciones en las islas. "Somos, de lejos, la comunidad con la economía más contagiada por el coronavirus de todo el país", apuntaba el pasado domingo la presidenta de la CAEB, Carmen Planas.

Su mensaje calaba hondo en medio de la repercusión generada por los anuncios de los mercados alemán y británico, a los que se sumaba, tras el decreto del estado de alarma, la decisión del Govern balear de establecer el toque de queda entre las 23.00 y las 6.00 horas, lo que desató duras críticas por parte, principalmente, del ámbito de la restauración.

Con un descenso de facturación del 62% en septiembre -de acuerdo con los últimos datos manejados por la patronal de la Pequeña y Mediana Empresa de Mallorca-, los restauradores conforman uno de los sectores más afectados por los embates de la pandemia a pesar de sus estrictos protocolos sanitarios. El Ejecutivo balear no tardó en reaccionar y, tras reunirse de urgencia con los empresarios del sector, acordaba retrasar el cierre a las doce de la noche con el objetivo de que los restauradores pueda prolongar su actividad.

Reactivar los flujos turísticos

Con la mirada puesta en el archipiélago canario, los hoteleros, por su parte, no arrojan la toalla y plantean alternativas para sobrevivir a la crisis. Pero, sobre todo, consideran primordial reactivar los flujos turísticos mediante corredores seguros que permitan realizar test de coronavirus en origen con un máximo de 48 horas de antelación. "No podemos perder el liderazgo y lo primero que tenemos que demostrar es que podemos bajar el nivel de contagios", apunta, en este sentido, el presidente de la Asociación de Cadenas Hoteleras (ACH), Gabriel Llobera. A su juicio, la imagen que ofrece Canarias "es muy positiva" y, por ello, cree necesario "conseguir lo que ellos han logrado: que se nos abra la posibilidad de ese espacio seguro con test ya hechos en origen".

Y lanza un mensaje: "No creo que en el futuro haya un turismo 'pos-COVID' sino con COVID", una estimación que también comparte la directora de Operaciones de BQ Hoteles, María Isabel Marimón. A su juicio, hay que aprender a convivir con el virus. "Las pandemias han venido como el teletrabajo, para quedarse. Hay que contar con ella a partir de ahora como variable y ser responsables. En las islas comemos de lo que comemos", recalca en clara alusión al principal motor económico de Baleares.

No en vano, los hoteleros de las islas, pese a ser conscientes de que la recuperación turística será lenta y difícil, apelan a la necesidad de impulsar mecanismos distintos a los establecidos hasta ahora para volver a atraer a los clientes. "Por ejemplo, primar la seguridad y la tranquilidad en lugar del sol y playa", considera Llobera, también vicepresidente ejecutivo de Garden Hotels. En su opinión, los establecimientos que ya cuentan con elementos diferenciadores como la cercanía con el visitante y que, por tanto, conocen más sus expectativas e intereses "serán los primeros que retomarán la actividad con más facilidad y los que tienen el éxito más asegurado".

En esta misma línea se pronuncia el fundador de Concept Hotel Group, Diego Calvo, quien augura que, como consecuencia de las circunstancias actuales, "al final habrá mucha más competencia, viajará menos gente y será más exigente y los hoteleros querrán ofrecer más". Por eso, subraya que los hoteles que tienen "algo que contar" podrán salir adelante con mayor facilidad. Y, a su parecer, recobrarán importancia la arquitectura y el diseño así como la importancia de invertir "en un buen proyecto decorativo" y de organizar más actividades dentro de los establecimientos hoteleros.

Mientras tanto, Marimón considera que la tecnología deberá jugar un papel fundamental en el futuro, sobre todo a la hora de automatizar procesos como el check in con el objetivo de dedicar más tiempo al cliente y "ofrecerle una bienvenida más cálida". Sin olvidar, comenta, la apuesta por la sostenibilidad, un área "en la que debemos profundizar tras ver cómo estos meses los viajeros se han decantado por alojarse en hoteles del norte de España, menos masificados y más conectados con la naturaleza".

Los directivos hoteleros, que se manifestaban en estos términos durante el debate hotelero organizado en Mallorca por el Grupo Vía, arrojaban luz sobre un escenario que los empresarios de las islas dibujan con preocupación. De hecho, Carmen Planas, en esta ocasión como presidenta en funciones del Consejo Económico y Social (CES) de Baleares, manifestaba el jueves que la crisis del coronavirus está provocando ya "efectos desastrosos" en las islas en términos económicos, sociales y de bienestar.

Frente a la desazón, el conseller balear de Turismo, Iago Negueruela, da una palmada en la espalda a la patronal al mostrar su compromiso de trabajar "desde la unidad" a la hora de abordar medidas que miren hacia la reactivación económica. Por su parte, la presidenta de Baleares, Francina Armengol, asegura que el Govern trabaja intensamente con el sector privado con el objetivo de impulsar la industria turística "lo más rápido posible". Sin embargo, subraya que, para ello, primero debe reducirse la incidencia acumulada del COVID-19 en las islas, que asciende a 18.458 contagios.

Mientras Baleares pelea la remontada y se resiste a su cierre, el Estado quiere contribuir a que los datos mejoren. Con una recién anunciada inversión de cien millones de euros en la industria turística del archipiélago a lo largo de los próximos tres años, el Gobierno quiere dotar a las islas de recursos que permitan modernizar las infraestructuras del sector, diversificar, apostar por la economía verde, la eficiencia energética y la formación como palancas de desarrollo social y económico, e incentivar la actividad turística los 365 días del año mediante una oferta desestacionalizada y preparada para acoger a visitantes durante todo el año.

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Publicado el
1 de noviembre de 2020 - 21:44 h

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