Sexo oral no consentido
José A. Pérez
De vez en cuando, un palabro se pone de moda, y, sin saber muy bien cómo ni por qué, inunda todos los discursos. El palabro del año pasado fue innovación. Todo parece indicar que el de este año será proporción.
El término empezó a pegar fuerte durante el último ataque de Israel a Palestina. Para no exonerar a los palestinos de su responsabilidad en el conflicto, se echó mano de la proporción, y se dijo que la respuesta israelí era, cuanto menos, desproporcionada.
Esta semana, a raíz de las violentas cargas policiales de los Mossos d’Esquadra contra los estudiantes, la oposición catalana ha recurrido al mismo vocablo. La respuesta policial fue, dicen, desproporcionada. Los socialistas, por su parte, no han dudado en contrapalabrear afirmando que la actitud de los agentes fue perfectamente proporcional.
Siempre que los políticos se apropian de una palabra ocurre lo mismo. Empiezan salpicándola por sus discursos de forma casi inapreciable, con un cierto respeto por su significado. Pero, a medida que pasan las declaraciones, los políticos se van follando su verdadero sentido, un poquito cada día, cada día con más violencia, hasta que la palabra en cuestión acaba violada, humillada, deformada por tanto sexo oral no consentido.
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