El marido de Maguette Mbeugou se autolesionó después de cortarle 25 veces en el cuello para alegar la defensa propia

El acusado Bara Ndiaye durante la vista celebrada este miércoles.

Bara Ndiaye realizó al menos 25 cortes paralelos en el cuello hasta degollar a su mujer, Maguette Mbeugou, según ha declarado el médico forense que realizó el levantamiento del cadáver el pasado 25 de septiembre de 2018 y la autopsia del cuerpo de la víctima. Además de esas lesiones, el forense ha hallado cortes en la cara, los hombros, las manos y los brazos provocados en parte porque Mbeugou intentó defenderse tratando de parar las cuchilladas con sus manos. En total, Ndiaye realizó un mínimo de 63 ataques con "una o varias armas blancas" en los que le produjo 83 cortes, todo ello mientras la mujer seguía con vida.

El acusado del crimen de Maguette Mbeugou trata de disfrazar 83 puñaladas como un acto en defensa propia

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El forense ha respondido a preguntas de la Fiscalía que es posible que la joven sufriera durante su muerte, ya que no se trató de un fallecimiento rápido. "Tardó entre uno y dos minutos en morir después de ser degollada", ha apuntado para luego detallar que "no se descarta que pueda haber cien heridas" en el cuerpo. "La herida de degüello es una herida compleja compuesta no por un único movimiento, sino por múltiples pequeñas heridas que siguen una trayectoria paralela, se entrecruzan y alcanzan el número de 25 lesiones . (...) Seccionó las vías respiratorias en su totalidad, seccionó el esófago, los vasos principales del cuello, la carótida, las dos yugulares y una importante arteria tiroidea. La herida es tan profunda que llega hasta la columna vertebral. Es un cuadro muy grave, lo definiría hasta brutal", ha concluido el forense.

A lo largo de la sesión de este jueves del juicio por el asesinato de la joven senegalesa de 25 años que se está celebrando en la Audiencia Provincial de Bizkaia, han declarado los médicos forenses que realizaron el levantamiento del cadáver y el análisis de las heridas que portaba el acusado, psicólogos que trataron a las niñas un mes después del suceso y agentes de la policía científica que inspeccionaron la escena del crimen. También se ha escuchado una grabación de la hija mayor de la pareja durante una sesión con un psicólogo que evaluó su estado mental y anímico.

La escena del crimen cuenta con dos "focos" o lugares en los que se desarrolló la acción. Información que han obtenido los agentes de la Policía científica gracias a las pisadas con restos de sangre del matrimonio. Ambos focos tienen lugar en la sala de estar del domicilio. En el primero, tanto Mbeugou como Ndiaye están de pie, pero en el segundo, es el acusado quien está tendido encima de la víctima, mientras, según las conclusiones de los forenses y la policía científica, la ataca hasta producirle la muerte. Para justificar esta escena, la Policía científica ha mostrado una de las pruebas del asesinato, que se basa en la huella de la mano del acusado empapada en sangre de la víctima en uno de los radiadores de la sala, justo al lado del lugar en el que yacía el cadáver. Según han detallado, Ndiaye se apoyó en el radiador dejando así la huella, mientras atacaba a su mujer, que permanecía tumbada en un colchón en el suelo. La camiseta que llevaba Mbeugou fue traspasada por el cuchillo hasta en 11 ocasiones y todas las heridas se produjeron en la parte superior de su cuerpo.

Como Bara Ndiaye también presentaba una herida en el cuello, según su versión, porque fue atacado en primera instancia por su mujer, la Ertzaintza lo trasladó al hospital de Mendaro donde le pusieron puntos de sutura para cerrar la herida. Eso hizo que la forense que analizó el corte no pudiera detallar la dirección del trayecto de la misma. Sin embargo, sí pudo concluir que se trató de una "rozadura superficial" para la cual se realizaron dos cortes. "El primero es un tanteo. Midió perfectamente la intensidad del abordaje y es difícil que todas las lesiones tengan la misma intensidad en un contexto de pelea o forcejeo, por lo que lo más probable es que fuera autoprovocada. Es difícil que ese trayecto lo haya realizado otra persona porque es muy uniforme", ha señalado. Ndiaye también presentaba heridas en una mano, algo que, según la médico forense, "se produjo cuando sostuvo el cuchillo para atacar a su pareja".

Durante el juicio han declarado dos psicólogos que trataron a las menores tras el asesinato de su madre. Además de esas declaraciones, se ha mostrado el vídeo de una sesión con la mayor de las niñas un mes después del suceso, cuando esta tenía cuatro años. En la sesión, el psicólogo trata de hablar con la niña acerca de la noche de los hechos, pero la pequeña evita responderle de forma directa. A preguntas sobre qué pasó aquella noche, la niña responde "mi ama está muerta, se ha cortado con un cuchillo", a continuación, el terapeuta le pregunta si recuerda dónde estaba ella y le contesta "en mi casita, me va a cortar a mi también", a lo que le dice el terapeuta que qué está haciendo su madre, y la niña le responde "no despierta, le digo 'despierta, despierta, despierta', y no despierta". El testimonio de la menor sigue con "he hecho un dibujo de mi ama. Está mal, ya está dormida porque está mala. Tiene una mancha y se tumba con la cabeza arriba. Le ha puesto una manta". La niña dice estas frases de forma desordenada, mientras dibuja, canta o habla sobre personajes de dibujos animados.

La hija de Maguette Mbeugou a su madre: "Despierta, despierta, despierta"

Al ser preguntada por su padre, la menor, según los psicólogos, muestra cierta ambivalencia durante la sesión, puesto que dice frases positivas como "le voy a hacer un dibujo al aita" y negativas como "mi ama está triste, está llorando, se ha hecho daño, se ha caído en el suelo y le ha empujado aita".

En el momento en el que se ha reproducido el vídeo, al oír a la menor hablar de su padre, el hermano de Maguette Mbeugou, quien vive con las niñas en París, se ha derrumbado y, muy enfadado, se ha dirigido al acusado entre gritos en francés. Ha tenido que abandonar la sala hasta que finalmente se ha calmado y ha vuelto a entrar. Por su parte, Bara Ndiaye no ha levantado la cabeza en ningún momento de la sesión celebrada este jueves, en la que durante las más de seis horas que ha durado, ha mantenido las manos en su frente para tapar su rostro.

Tras el vídeo, han declarado los psicólogos que atendieron a las niñas, quienes han confirmado que ambas presentaban "estrés postraumático severo", además de "dificultades en la alimentación y el sueño, con pesadillas, apatía y tristeza" por haber presenciado "más de un episodio de violencia". Según sus informes, las dos presentaban disociación y ausencias en las que "sus cerebros se desconectaban", sobre todo en el caso de la pequeña, a la que detectaron un "rictus depresivo", es decir, "tristeza extrema", "mudismo" tras el suceso -a pesar de saber hablar- y un "pronóstico sombrío". Entre las razones de esos daños, los psicólogos han concluido que se deben a causa de "haber presenciado episodios traumáticos". "La probabilidad de que este daño se alargue en el tiempo y pueda tener consecuencias es muy alta", han detallado.

La noche del 24 de septiembre de 2018, el acusado asestó, según la autopsia, 83 cuchilladas y degolló a la joven en su domicilio de Bilbao y en presencia de sus hijas de 2 y 4 años, a las que después dejó durante más de un día solas con el cadáver de su madre. A pesar de las pruebas objetivas, desde el primer momento de su detención y también durante el interrogatorio que protagonizó el lunes, Bara Ndiaye ha aceptado que él fue quien la mató, pero ha intentado hacer creer al jurado que fue en defensa propia y que fue la misma Maguette Mbeugou la que trató de atacarle con un cuchillo, versión que no se sostiene en la declaración de ninguna de las personas que han testificado hasta el momento.

La Físcalía solicita para el acusado 25 años de prisión por asesinato y una indemnización de 150.000 euros para cada menor. La pena más alta la solicita una de las acusaciones particulares, ejercida por la abogada Jone Goirizelaia en representación del hermano de la víctima, que solicita -además de los 25 años de prisión por asesinato- ocho años más por abandono de las menores (cuatro por cada niña) y tres años por maltrato continuado. Lo hace, además, con los agravantes de parentesco y de género. La otra acusación particular la ejerce la Diputación de Bizkaia por ser la tutora legal de las menores, que solicita una pena de 15 años por homicidio, ocho años por abandono de las menores y tres más por maltrato continuado.

El Ayuntamiento de Bilbao ejerce la acusación popular y solicita para el acusado 25 años por asesinato con alevosía y ensañamiento, ocho por abandono, ocho por daños mentales a las menores y 3 años por maltrato continuado. Además, también exige el agravante de parentesco y género. Mientras que la defensa, por su parte, pide ocho años de cárcel para el acusado por un homicidio, que según ha argumentado la abogada de oficio que lleva la defensa del acusado, Pilar López, fue en defensa propia.

El juicio prosigue este viernes con las declaraciones de peritos y miembros de la policía científica que analizaron las pruebas tomadas durante la escena del crimen. El lunes se mostrarán las conclusiones y los informes de cada una de las partes y el proceso finalizará el próximo martes, 23 de noviembre, cuando el jurado popular dé a conocer su veredicto.

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