Osakidetza muestra las tripas de la futura protonterapia de Donostia, que entrará en servicio en 2028
El Servicio Vasco de Salud (Osakidetza) avanza en la puesta en marcha de la futura unidad de Protonterapia de Euskadi, ubicada en el hospital Donostia. Unai Zulueta, subdirector de Infraestructuras Sanitarias de Osakidetza, y Txema Urraca, jefe de la Unidad de Gestión Clínica de Oncología han presentado este jueves el estado de las obras que albergarán esta tecnología de última generación. Se espera que el primer paciente sea atendido en enero de 2028 y que se acaben las derivaciones a Madrid.
La iniciativa surge de la donación de la Fundación Amancio Ortega, que ha entregado 280 millones de euros para la adquisición de diez aceleradores de protones en España, uno de ellos el de Donostia. El presupuesto total en Euskadi consta de 61,8 millones de euros: casi 50 millones se destinan a la ejecución de la obra y 9,5 millones al equipamiento. Además, se han presupuestado 1,7 millones de euros en honorarios profesionales para el proyecto, la dirección de obra y la coordinación de seguridad.
La futura unidad contará con una superficie construida de 8.287 metros cuadrados distribuidos en cuatro niveles, explicaba el subdirector Zulueta. La infraestructura dispondrá de un gran atrio central que recorre toda la altura del edificio para buscar la humanización del espacio mediante elementos vegetales. El diseño contempla áreas de planificación, diagnóstico con resonancia magnética y escáner, zonas de preparación de pacientes y consultas médicas distribuidas entre el sótano -1 y la planta baja. La planta -2 constará de un aparcamiento y la primera de unas oficinas para los profesionales.
Zulueta ha detallado que el búnker que alojará el acelerador de protones cuenta con paredes de hormigón de hasta 3,8 metros de anchura para garantizar la protección radiológica. El edificio dispone también de un espacio en reserva para un hipotético segundo búnker, permitiendo que la tecnología pueda renovarse tras sus 20 ó 25 años de vida útil sin interrumpir el servicio. Asimismo, la instalación incluye paneles fotovoltaicos en la cubierta para “intentar cumplir con la ley de sostenibilidad vigente”, detallaba el subdirector.
El proceso de construcción ha requerido 290.000 kilos de acero y 2.500 metros cúbicos de hormigón, habiendo finalizado la estructura del búnker el pasado mes de septiembre. Tras completar el edificio ambulatorio y la envolvente térmica, la obra necesaria para recibir el equipamiento terminará este mes de septiembre. Zulueta ha confirmado que la “fecha prevista para entrada al equipo es octubre del presente año”, momento en el que el personal técnico comenzará a trabajar directamente en el centro.
Este medio ha podido recorrer el interior de las obras. La visita ha permitido comprobar el avanzado estado del sótano -1, especialmente en las zonas anexas al búnker, donde los trabajos se centran en dejar todo preparado para la llegada del acelerador de protones el próximo mes de octubre. Las obras continúan con una media de un centenar de operarios trabajando cada día, según ha explicado a este periódico uno de los responsables de la construcción.
Tras la llegada de la máquina, Zulueta ha asegurado que se iniciará una fase de instalación y validación que durará aproximadamente un año, seguida del comisionado y la autorización para la puesta en marcha. Prevé que el primer paciente comience su tratamiento en enero de 2028, alcanzando una capacidad estimada de 230 pacientes atendidos anualmente, detallan Zulueta y el doctor Urraca. Este avance evitará que los pacientes vascos deban ser derivados a alguno de los dos centros privados de Madrid.
La protonterapia es una técnica innovadora, explica el doctor Urraca. Utiliza un haz de protones para “irradiar el tejido afectado con mayor precisión y menor toxicidad que la radioterapia convencional”. A diferencia de los fotones habituales, los protones depositan su radiación de forma brusca a una profundidad específica, lo que facilita la precisión del tratamiento. Según el doctor, “la ventaja clínica [de este tratamiento] es la protección de los tejidos sanos, la reducción de dosis y por tanto de toxicidad”.
Esta radioterapia externa permite tratar tumores complejos o de difícil localización, especialmente cuando están cerca de órganos delicados. La técnica es especialmente utilizada en pacientes pediátricos o embarazadas, ya que reduce el riesgo de generar segundos tumores en el futuro y protege tejidos en fase de crecimiento. Urraca ha señalado que, con las indicaciones actuales, se estima que esta terapia podría beneficiar a entre el 1% y el 2% de los pacientes oncológicos, ofreciéndoles tratamientos más personalizados y seguros.
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