Centenario de la Huelga General de Aldea Moret
En estos días se cumplen cien años del primer gran conflicto laboral acaecido en la ciudad de Cáceres, la huelga general de Aldea Moret.
A mediados de noviembre de 1918 una comisión del Sindicato Obrero Minero de Cáceres, constituido unos meses antes e integrado en el Centro Obrero de Cáceres (UGT), entregaba un pliego al ingeniero director del complejo minero en el que se consignaba la petición de mejoras para los trabajadores.
No se trataba de un plan descabellado de pretensiones socializadoras al albur del entusiasmo transformador que había despertado el proceso revolucionario ruso ni de piquetes de operarios violentos ferozmente anticapitalistas.
Además de las clásicas demandas de ocho horas de trabajo y la supresión del destajo, se solicitaba el empleo de los ascensores para los trabajadores de contra-mina, que se facilitara agua a las galerías en condiciones higiénicas frente a la insalubridad reinante, además de un incremento salarial sobre la retribución ordinaria (25%) y del pago regular de las horas extraordinarias.
La dimensión de estas peticiones no constituía amenaza alguna de orden social, sino que constituían más bien el grito desgarrado y hondamente humanitario de una masa obrera hasta entonces refractaria al asociacionismo y la huelga como instrumentos de presión patronal.
Desde principios de las segunda década de pasado siglo la explotación de las minas del arrabal cacereño de Aldea Moret corría a cargo Sociedad General de Industria y Comercio, que tenía su sede en Bilbao. Además, de esta empresa dependían las fábricas en las inmediaciones de los pozos para la elaboración de ácido sulfúrico y superfosfatos, dando como resultado un núcleo minero-industrial de notable entidad en el que se empleaba a más de medio millar de trabajadores y en el que no tardaría en proyectarse la barriada obrera homónima para albergar a la población empleada en el sector extractivo.
Posiblemente, un error de previsión en torno a la fuerza colectiva de los trabajadores motivó la cerrazón patronal y la materialización efectiva de la huelga el 25 de noviembre de 1918. Rápidamente se constata el apoyo unánime que la sociedad civil cacereña muestra hacia la causa de los mineros y demás trabajadores del enclave minero-industrial, que cuentan con el apoyo en bloque del Centro Obrero (UGT), la mayoría de la prensa local y formaciones políticas, con la excepción de las más conservadoras, temerosas de la repercusión política y electoral que tendría la consolidación de las posiciones obreras que supondría el triunfo de sus reivindicaciones.
Durante aquellos días Cáceres fue un hervidero de reuniones multilaterales, tanto personales como institucionales para la búsqueda de soluciones, no faltando las discrepancias internas que gravitaban en torno a afanes personalistas. Todo anticipaba la magna manifestación que tuvo lugar en Cáceres en la tarde del sábado 30 de noviembre, en la que se estimó que unas cinco mil personas transitaron por las calles de la ciudad para pedir la intercesión del Gobierno en la feliz resolución de la huelga.
La mediación por parte de autoridades como el alcalde y el Gobernador Civil, organismos como la Cámara de Comercio y las gestiones de políticos de diverso signo resultaron infructuosas. La fortaleza de la compañía propietaria del complejo minero se tradujo en el lock out patronal el 3 de diciembre, la paralización temporal de los trabajos y por tanto el desempleo de los mineros y demás trabajadores.
Este primer gran conflicto entre capital y trabajo que conocería la ciudad revelaba que Cáceres se aprestaba a un tiempo nuevo plenamente contemporáneo donde el movimiento obrero organizado iría adquiriendo cada vez más protagonismo en la ciudad. Y buen ejemplo de ello fue la transformación del Centro Obrero en la Casa del Pueblo de Cáceres el 7 de diciembre de 1918 que reunía en su seno a la Federación Local Obrera, a las diferentes sociedades obreras y también a la Agrupación Socialista de reciente creación.
Por otra parte el triunfo de la candidatura de la Casa del Pueblo en las elecciones municipales parciales de febrero de 1920, anunciaba, una vez finiquitada la dictadura de Miguel Primo de Rivera, el futuro triunfo de la candidatura republicano-socialista en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 en la ciudad de Cáceres, pero esa ya es otra historia.
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Roberto C. Montañés Pereira y José Hinojosa Durán son profesores de Educación Secundaria, historiadores y miembros del Grupo de Estudios sobre la Historia Contemporánea de Extremadura (GEHCEx).