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Los trabajos paralelos de los eurodiputados: de jugadores de póker a lobistas profesionales

El 60% de los eurodiputados ha declarado actividades extraparlamentarias y el 31% tiene al menos un empleo remunerado paralelo

Tres de ellos tienen puestos en lobbys registrados y aproximadamente el 30% de los exeurodiputados trabaja actualmente para grupos de presión

El presidente de la Cámara es el único responsable de imponer el código de conducta, pero desde 2012 se han registrado 24 violaciones éticas y ninguna sanción

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El parlamentario del Partido Popular Europeo Antanas Guoga, durante un torneo de póker. Guoga ha ganado 1,3 millones de euros al año al margen de su actividad parlamentaria desde que ocupa el escaño.

El parlamentario del Partido Popular Europeo Antanas Guoga, durante un torneo de póker. Guoga ha ganado 1,3 millones de euros al año al margen de su actividad parlamentaria desde su actual mandato.

Para muchos de los diputados del Parlamento Europeo, el sueldo base de 8.484 euros al mes –la mayoría recibe entre 10.000 y 12.000 euros– no es suficiente. El 31% de los 750 legisladores tiene al menos un empleo remunerado paralelo, según recoge un informe de Transparencia Internacional.

Además, el 60% de los miembros de la Eurocámara ha declarado actividades extraparlamentarias, entre las que aparte de los empleos remunerados, se incluyen otras actividades políticas y participación en juntas directivas. En total, se han declarado 1.366 actividades paralelas, lo que supone un aumento del 13% respecto al inicio de la legislatura.

"Tener un trabajo externo además de una actividad a tiempo completo como miembro electo del Parlamento puede crear conflictos de intereses o impedir que los eurodiputados dediquen el tiempo y la atención suficientes a sus funciones como representantes", advierte la ONG. "No todos los trabajos remunerados externos generan conflictos de intereses; sin embargo, las actividades que producen grandes ingresos, que se realizan en lobbys o que han empezado durante la legislatura presentan un riesgo mayor", añade.

Los representantes que más dinero hacen al margen del Parlamento Europeo son el italiano Renato Soru, por su posición como director de Tiscali (1,5 millones de euros); el lituano Antanas Guoga como empresario y jugador de póker (más de 1,3 millones de euros); y el belga Guy Verhofstadt, como director de SOFINA (entre 920.000 y 1,4 millones de euros), según recoge Transparencia Internacional. Entre los 30 eurodiputados que más dinero han ganado hay un español, Antonio López-Istúriz, por su trabajo como secretario general de Partido Popular Europeo.

Entre 9 y 30 de los representantes han ganado más dinero en sus trabajos paralelos que en la Eurocámara y 35 han recibido más de 100.000 euros al margen de sus sueldos oficiales.

La formación ultraderechista y euroescéptica Movimiento de Europa de las Naciones y las Libertades es el bloque que tiene más eurodiputados con ingresos paralelos (54%). En segundo lugar se sitúa el Partido Popular Europeo, con el 37% y los euroescépticos de Europa de la Libertad y la Democracia Directa (36%).

Miembros del Parlamento Europeo con ingresos adicionales por grupo político

Miembros del Parlamento Europeo con ingresos adicionales por grupo político

Eurodiputados en grupos de presión

El año pasado, Transparencia Internacional publicó otro informe en el que se revelaba que el 30% de los miembros del Parlamento Europeo que había dejado la política estaba ahora trabajando para organizaciones registradas en el archivo de lobbys de la Unión Europea, con el riesgo que ello conlleva. Pero algunos de ellos ni siquiera esperan a dejar sus labores como representantes y, según se detalla en el actual informe, hay tres legisladores que tienen posiciones remuneradas en estas organizaciones registradas.

Las actividades económicas paralelas en el Parlamento Europeo se regulan desde el escándalo de 2011 en el que se cazó a varios eurodiputados introduciendo enmiendas legislativas a cambio de dinero. Para evitar este tipo de escándalos, la Eurocámara introdujo un código de conducta para vigilar cualquier tipo de conflicto de interés, pero su aplicación ha sido muy débil.

De acuerdo con el actual sistema, el presidente del Parlamento es el único responsable de imponer el código, y hasta ahora no lo ha hecho. Desde 2012 se han registrado 24 violaciones éticas, pero ninguna ha acabado en sanción.

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