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La cuota femenina resucita al laborismo israelí, moribundo desde hace décadas

El Partido Laborista acaba de celebrar elecciones primarias para confeccionar su lista de cara a las legislativas previstas para el próximo 9 de abril, designando a 5 mujeres entre las 10 primeras posiciones

La incorporación de savia nueva y femenina parece haber generado un efecto rebote en los sondeos, que aún así le auguran los peores resultados de su historia

Imagen de las cinco mujeres que se sitúan entre los 10 primeros puestos del Partido Laborista de Israel.

Imagen de las cinco mujeres que se sitúan entre los 10 primeros puestos del Partido Laborista de Israel.

La lucha por las diez primeras plazas de lista laborista ha sido encarnizada. Las encuestas le dan al Partido Laborista (Avodá) una estimación de entre 7 (antes de las primarias) y 10 escaños (después de celebrarse éstas) en los próximos comicios. Una perspectiva pobre –a pesar de aspirar a conseguir hasta 3 diputados adicionales– para un partido que vive la peor crisis de su historia. En las próximas elecciones ni siquiera llegaría a igualar los 13 diputados actuales con los que cuenta actualmente en la Knéset (Parlamento unicameral formado por 120 escaños).

Pero el hecho de que los dos primeros puestos de las primarias hayan caído en manos del líder estudiantil Itzik Shmuli (38) y de la activista social Stav Shafir (33) –que dieron el salto a la política tras liderar el movimiento de indignados en Israel durante buena parte del año 2011– ha transmitido un mensaje de esperanza a esta formación afiliada a la Internacional Socialista. La consolidación de esta nueva generación apunta a que el laborismo israelí no está tan moribundo como algunos pensaban y que incluso se podría regenerar.

La activista social Stav Shafir participó en el movimiento de indignados de 2011.

La activista social Stav Shafir participó en el movimiento de indignados de 2011.

Iguamente destaca la excelente posición obtenida por otras cuatro mujeres: las periodistas Shelly Yejimovic y Merev Michaeli, la abogada penalista Revital Swid y la profesora universitaria Michal Biran, que también han entrado entre las siete primeras dentro de una lista que estará encabezada por el secretario general, Avi Gabbay, quien dispondrá de dos puestos de libre designación dentro del top 10.

Esta paridad de género dentro de las 10 primeras plazas, unida a la diversidad étnica –dado que tres de esos puestos están ocupados por no asquenazíes (judíos de origen europeo) contrastan con la uniformidad de la lista del Likud. El partido comandado por Netanyahu está encabezada por cinco hombres, todos asquenazíes, que además son básicamente políticos profesionales. La lista del Likud solo cuenta con 2 mujeres dentro de las 10 primeras plazas.

El flanco débil del Avodá

El Partido Laborista ha contado tradicionalmente con militares de alta graduación entre sus filas, habiendo sido liderado por antiguos generales en varias ocasiones. Como fueron los casos de Isaac Rabin y Ehud Barak, que fueron Jefes del Estado Mayor del Tsahal (Ejército israelí) y ministros de Defensa además de ejercer el cargo de Primer Ministro. También el del general Amram Mitzna, que asumió la secretaría general del partido en 2002 y fue candidato laborista a las elecciones de 2003, en las que sufrió una dura derrota por parte del entonces representante del Likud, el también "militar antes que político" Ariel Sharon.

A pesar de la tradición castrense dentro del laborismo israelí, su lista electoral adolece precisamente de políticos preparados en materia de seguridad y defensa. El único con cierta experiencia es el sindicalista Amir Peretz, que desempeñó la cartera de Defensa del Gobierno liderado por Ehud Olmert (Kadima, predecesor de Hatnuá) entre 2006 y 2009. En el historial militar de Peretz está su desastrosa gestión de la guerra contra la milicia chií Hezbolá en el verano de 2006. También cuenta con haber sido el impulsor del sistema de defensa antimisiles 'Cúpula de Hierro', del que Estados Unidos acaba de comprar dos unidades completas.

Esta carencia hace que Gabbay probablemente otorgue las dos plazas de libre designación con las que cuenta dentro del top 10 a gente con experiencia militar. Uno de los afortunados podría ser el exjefe del Estado Mayor Gabi Askenazi, quien de momento no ha deshojado su particular margarita de si se une a las filas laboristas o a las del partido Hosen L´Israel, liderado por el que fuera su sucesor al frente del Ejército, Benny Gantz.

Según los últimos sondeos, el partido emergente Gantz podría llegar a obtener hasta 20 escaños, doblando por tanto las predicciones otorgadas a Avodá, por lo que lo más probable es que Askenazi se decante por unirse a Gantz en vez de a Gabbay. En cualquier caso, lo que parece muy improbable es que Gantz intente buscar una coalición con los laboristas, sino que más bien lo haría con la formación Yesh Atid que lidera el periodista Yair Lapid. Tampoco parece que Gabbay quisiera concurrir en coalición con el progresista Meretz, al que las encuestas auguran dificultades para superar el umbral electoral del 3,25%.

El ocaso del Laborismo

El declive del Avodá –cuyo predecesor, Mapai, llegó a dominar la escena política israelí y se convirtió en la columna vertebral del Estado durante los años 50 y 60 bajo la dirección de David Ben Gurion– comenzó en los 70 tras el liderazgo de Golda Meir. Entonces entregó el testigo al partido Herut de Menajem Begin, que a su vez luego se transformaría en el actual Likud, hoy liderado por Benjamín Netanyahu, quien de obtener un quinto mandato el próximo 9 de abril se convertiría en el primer ministro más longevo de la democracia israelí, superando al padre de la patria, Ben Gurion.

El laborismo jugó también un papel central durante los 90 bajo el liderazgo de Isaac Rabin y Shimon Peres, que fueron galardonados con el Premio Nobel de la Paz junto al líder palestino Yasir Arafat por su papel protagonista en los Acuerdos de Oslo. Sin embargo, el trágico magnicidio perpetrado contra Rabin en noviembre de 1995 por el estudiante universitario Ygal Amir (mano ejecutora de una trama más profunda y oscura dentro de las cloacas del Estado, que nunca llegó a ser investigada y expuesta en su totalidad) hirió de muerte al movimiento pacifista y, con él, al Partido Laborista.

A esto se unió la pérdida contra pronóstico de las elecciones de 1996 por parte de Simón Peres, que posibilitó la entrada en escena de Benjamín Netanyahu. El único que hasta ahora ha sido capaz de batir a Bibi en contienda electoral fue Ehud Barak en 1999, pero las enormes expectativas creadas por éste en sus primeros momentos de gestión quedaron enterradas por la dinámica creada durante la Segunda Intifada. El posibilismo posterior de Barak y el transfuguismo de Peres, así como la ausencia de buenos líderes que retomaran el relevo al frente del laborismo, acabaron por sepultar a la formación.

El movimiento de indignados

La última esperanza del laborismo reside en la herencia del movimiento de indignados de 2011. Entonces el líder estudiantil Itzik Shmuli y las activistas sociales Dafni Leef y Stav Shaffir salieron a la calle para intentar cambiar las cosas, con objetivos como la bajada de precios de los productos básicos en un país en el que son un 23% más caros que en la media ponderada del resto de la OCDE, viviendas más asequibles para todos, más inversión en sanidad y educación en lugar de en seguridad y defensa, etc. Un movimiento que llegó a reunir a 500.000 personas en su última manifestación de septiembre de 2011 en un país que entonces contaba con 8 millones de habitantes.

De aquel movimiento ciudadano, que quiso imitar al 15M español –pero que no logró transformarse en un partido político como lo hiciera el primero, con la consiguiente creación de formaciones como Podemos– quedaron leves mejoras en el sistema financiero y social a partir de las recomendaciones de la comisión parlamentaria liderada por el economista Manuel Trachtenberg. Aun así, dicha energía progresista penetró en el sistema político, insuflando savia nueva al laborismo.

Ahora dos de sus jóvenes exponentes, Stav Shaffir y Itzik Shmuli, que terminaron por engrosar las filas de Avodá tras la escisión del liderazgo del movimiento de indignados, pelearán por remontar los resultados de un partido que hoy se muestra aparentemente moribundo, aunque una vez gobernase durante décadas el Estado de Israel.

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