Qué opciones tiene Trump para hacerse con el control de Groenlandia
El Gobierno Trump ha afirmado en repetidas ocasiones que EEUU necesita hacerse con el control de Groenlandia, una zona rica en minerales y con gran autonomía que pertenece a Dinamarca, que gestiona su política exterior y de seguridad.
La Casa Blanca ha declarado que recurrir al ejército estadounidense “siempre es una opción”, pero pocos analistas creen que sea probable una operación armada y el ministro de Asuntos Exteriores francés ha afirmado que el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha descartado la posibilidad de una invasión.
Los acontecimientos del pasado fin de semana en Venezuela y la imprevisibilidad de Donald Trump no permiten, sin embargo, descartar nada, y Estados Unidos tiene otras formas de satisfacer las ambiciones territoriales del presidente. Estas son algunas de las opciones.
Comprar Groenlandia
Estados Unidos planteó por primera vez la idea de hacer una oferta a Copenhague por la isla ártica en 1867, tras comprar Alaska a Rusia. Volvió a considerar la idea en 1910 y, en 1917, compró a Dinamarca las actuales Islas Vírgenes de Estados Unidos por 25 millones de dólares.
Cuando comenzó la Guerra Fría, la administración Truman hizo una oferta formal en 1946 —que no se hizo pública hasta 1991— de 100 millones de dólares por la isla, argumentando que era “completamente inútil para Dinamarca... y que el control de Groenlandia era indispensable para la seguridad de Estados Unidos”.
Copenhague rechazó la oferta y, desde 2019, cuando Trump expresó por primera vez su interés en la isla, los Gobiernos danés y groenlandés han repetido en numerosas ocasiones que no está en venta. Sin embargo, según informaciones de prensa, Rubio dijo esta semana a los miembros del Congreso que el objetivo era comprar el territorio.
Una encuesta realizada en enero reveló que el 85% de los groenlandeses no quería que su patria pasara a formar parte de EEUU, mientras que solo el 6% estaba a favor
Los expertos jurídicos y constitucionales consultados han señalado que ya no estamos en la época en la que los países podían comprar o intercambiar territorios ajenos —y a sus pueblos—. El principio jurídico internacional de la autodeterminación hace que una venta directa sea prácticamente imposible.
En virtud de su ley de autogobierno de 2009, los groenlandeses pueden celebrar un referéndum sobre la independencia. Son los 57.000 habitantes de la isla los que deben decidir su futuro. Una encuesta realizada en enero reveló que el 85% no quería que su patria pasara a formar parte de EEUU, mientras que solo el 6% estaba a favor.
Seducir a Groenlandia
Las encuestas, que no siempre son fiables cuando se trata de cifras tan pequeñas, sugieren que los sentimientos de los groenlandeses sobre las promesas de Trump de invertir miles de millones de dólares en el territorio son menos claros, ya que la población está dividida casi a partes iguales entre quienes las ven como una amenaza y quienes las ven como una oportunidad.
El primer paso, ya en marcha, es una campaña de cortejo que pasa por invertir en el desarrollo económico y educativo de la isla y reforzar las relaciones diplomáticas. El consulado de Estados Unidos en Nuuk reabrió sus puertas en 2020 y el mes pasado se nombró un enviado especial a Groenlandia.
Dinamarca también sospecha que Washington está utilizando tácticas más encubiertas, incluida una supuesta campaña para ganar influencia. Copenhague cree que el objetivo es fomentar el creciente movimiento independentista de la isla, que cuenta con el respaldo de una amplia mayoría, dependiendo del momento.
Las negociaciones podrían empezar si los separatistas venciesen en un referéndum de independencia ganado aprobado por el Parlamento danés. En una visita a Nuuk en marzo, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, dijo que esperaba que los groenlandeses independientes “eligieran asociarse con Estados Unidos”.
El actual Gobierno de coalición de Groenlandia, integrado por cuatro partidos, ha afirmado con rotundidad que la isla pertenece a su pueblo. Naleraq, el partido de la oposición que quedó en segundo lugar en las elecciones del año pasado, también está a favor de la independencia, pero se muestra más abierto al diálogo con Estados Unidos.
El líder de esta formación, Pele Broberg, ha declarado que no le preocupan las recientes amenazas de Trump y que confía en que Estados Unidos protegería a Groenlandia si fuese una nación independiente. “Además, Estados Unidos no puede hacernos nada que Dinamarca no haya hecho ya”, afirmó esta semana.
Firmar un acuerdo de libre asociación
Cargos de Washington llevan meses trabajando, según algunas informaciones, en un posible acuerdo de libre asociación similar al que Estados Unidos tiene con varias pequeñas naciones del Pacífico sur, incluidas las Islas Marshall.
En virtud de dicho acuerdo, el país más pequeño conserva su independencia y se le garantiza la protección de Washington y un acuerdo comercial sin aranceles potencialmente lucrativo, mientras que el ejército estadounidense puede operar sin restricciones en un territorio de importancia estratégica.
Muchos analistas consideran que este es quizás el resultado más verosímil a largo plazo, ya que es probable que los líderes de Groenlandia, tras el referéndum, vean en un acuerdo de estas características o en algún otro tipo de pacto bilateral la posibilidad de combinar la independencia con las ventajas económicas.
Confiar en los tratados existentes
Uno de los misterios de las últimas tensiones transatlánticas sobre Groenlandia es que Estados Unidos ya tiene un amplio acceso militar a la isla y podría fácilmente tener más. Un acuerdo entre Estados Unidos y Dinamarca de 1951 le permite “construir, instalar, mantener y operar” bases militares en todo el territorio.
El tratado, que se actualizó en 2004 e incluye al Gobierno semiautónomo de Groenlandia, también permite a Estados Unidos “alojar personal... Y controlar los aterrizajes, despegues, fondeos, amarres, movimientos y operaciones de barcos, aviones y embarcaciones”.
Copenhague ha manifestado en repetidas ocasiones su disposición a permitir que Estados Unidos amplíe significativamente su presencia militar en Groenlandia, actualmente limitada a la base espacial de Pituffik, en el norte, donde hay estacionados unos 500 efectivos, según las informaciones conocidas.
Otro acuerdo, firmado en diciembre de 2023 y en vigor desde el año pasado, otorga a Estados Unidos acceso sin restricciones a las bases aéreas danesas y le permite llevar a cabo actividades militares en Dinamarca y desde este país. Estados Unidos tiene acuerdos similares con Suecia, Finlandia y Noruega.
Invasión
Si todo lo demás falla, analistas estadounidenses sugieren que, en principio, una toma militar no sería difícil. Groenlandia no tiene ejército territorial, y el puñado de barcos y helicópteros y el único avión que opera el comando conjunto ártico de Dinamarca en Nuuk tienen fines de observación.
Los expertos sostienen que la presencia militar estadounidense en la isla, potencialmente con el apoyo de unas pocas fuerzas especiales, sería teóricamente suficiente para capturar Nuuk en cuestión de minutos, y podría simplemente declararse Groenlandia territorio estadounidense.
Sin embargo, en la práctica, los analistas daneses afirman que no sería nada sencillo, especialmente dadas las condiciones meteorológicas de Groenlandia, famosas por su adversidad. Y las consecuencias serían enormes.
"Espero que los europeos puedan convencer a EEUU de que sí responderemos"
La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, declaró esta semana que un ataque estadounidense a Groenlandia, que está cubierta por la pertenencia de Dinamarca a la OTAN, significaría el fin de la alianza militar.
También haría estallar la “seguridad posterior a la segunda guerra mundial”, afirmó. Además de ser totalmente ilegal, los analistas también afirman que una operación militar estadounidense privaría instantáneamente a Washington de la confianza de sus aliados y de información de inteligencia potencialmente vital.
Jacob Kaarsbo, exanalista de la agencia de inteligencia de defensa danesa, afirma que un ataque estadounidense sería contestado. Una “operación rápida y sucia”, en la que se tomara el control de la torre de control y de lugares estratégicos, podría haber sido posible en 2025, pero Dinamarca ha reforzado su presencia, en su opinión.
El clima invernal también dificultaría mucho cualquier operación, añade. “Espero que los europeos puedan convencer a EEUU de que sí responderemos”, afirma, y alerta: “Los soldados estadounidenses volverían a su país en bolsas para cadáveres”.
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