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MADRID

Tragedia en el edificio de la familia Rockefeller en Madrid: dos obreros sepultados en las obras de un bloque de lujo

Los bomberos buscan a los operarios entre los escombros del edificio que rehabilitaban

Entre los equipos de rescate cunde la idea de que la estructura no soportó la acumulación de materiales en las plantas más altas

El inmueble lo adquirió la familia Rockefeller por 25 millones de euros para proyectar pisos de hiperlujo que se venden entre 1,6 y cuatro millones

Trabajan en zonas marcadas para buscar dos desaparecidos en el derrumbe en Madrid

Parte del dispositivo de búsqueda que trata de localizar a los dos operarios desaparecidos en el edificio de Chamberí, en el centro de Madrid. EFE

El 19 de la calle General Martínez Campos en el barrio de Chamberí se vino abajo en un santiamén. Pasadas las cuatro y media de la tarde del martes el vecindario escuchó un ruido infernal y de repente todo se llenó de polvo y sirenas. Trece obreros que trabajaban desde hace un mes y medio en el desescombro del inmueble, lograron salir a tiempo cuando, por razones que ya investiga la justicia, siete plantas del inmueble se desplomaron.

Dentro quedaron dos operarios: Agustín Bello, de 42 años, vecino de Parla, y José María Sánchez, de 56, residente en Malpartida de Plasencia (Extremadura), a los que siguen buscando sin descanso los bomberos en retenes de 50 efectivos dentro de un ingente displiegue que involucra a Protección Civil, Policía Municipal y Cuerpo Nacional de Policía. Desde el primer momento se han ayudado de perros rastreadores, cámaras y micrófonos para tratar de dar con cualquier pista de vida entre los escombros.

En una carpa que ha instalado el servicio de emergencias del Ayuntamiento de Madrid, en mitad de la calle -cortada al tráfico y a los transeúntes desde el derrumbe- aguardan noticias familiares rotos por la angustia auxiliados por un equipo de psicólogos. Técnicos del operativo les informan de cada paso que se va dando. El trabajo de desescombro es minucioso, los equipos de rescate lo realizan a mano con la ayuda de una máquina, mientras retiran vigas y apuntalan estructuras peligrosas. A media tarde de ayer, se tomó la decisión de derruir lo que queda del techo para trabajar a cielo abierto sin tanto riesgo para el personal de emergencias.  "La búsqueda no se ha suspendido en ningún momento, todos seguimos con esperanza", informa a la prensa desde el otro lado de la valla el jefe de guardia de los bomberos Rafael Ferrándiz.

Ni ellos ni el Ayuntamiento de Madrid, ni la Policía Municipal quieren aventurar explicaciones, aunque entre el dispositivo de búsqueda cunde la idea de que fue la acumulación de materiales en la parte alta de la obra la que hizo ceder la estructura del edificio. En el momento en que se desplomó, uno de los operarios estaba en el quinto piso, según contaron sus compañeros. El segundo también estaba dentro trabajando aunque se ignora dónde. De la séptima planta hasta la segunda, ahora todo son escombros.

Estado de la calle Viriato, minutos después del derrumbamiento del edificio, el pasado martes.

Estado de la calle Viriato, minutos después del derrumbamiento del edificio, el pasado martes.

La Fiscalía ha abierto una investigación, como cada vez que ocurre un siniestro laboral grave, y el juez ha decretado el secreto de sumario. El Ayuntamiento de Madrid confirma que la obra contaba con la preceptiva licencia sellada el pasado enero. Los trabajos habían comenzado en abril y contaban con un plazo de ejecución de 18 meses. El vaciado debía acabar mucho antes, en unas tres semanas.

El accidente se produjo en una de las fincas más codiciadas de la capital. La operación inmobiliaria servirá para sacar al mercado un edificio de hiperlujo en Chamberí, donde la vivienda ha alcanzado precios prohibitivos durante los últimos meses. La citada promoción vende 27 viviendas y 57 plazas de garaje con doble piscina, una interior y otra en la terraza, spa y gimnasio, a 8.200 euros el metro cuadrado. El piso más barato cuesta 1,6 millones de euros. Los áticos rondan los 4 millones. "Un proyecto inteligente y respetuoso con la memoria histórica del edificio que la proyecta hacia el futuro con inteligencia, buen gusto y sentido común", anuncia la página web de la promotora.

Tras la madeja de sociedades involucradas en el desarrollo urbanístico no hay respuestas acerca del siniestro. El inmueble, de 6.041 metros cuadrados construidos y que según los vecinos llevaba varios años vacío, lo adquirió hace un año Rockefeller Group, el emporio de una de las dinastías más poderosas de Estados Unidos, por 25 millones de euros a través del fondo inmobiliario Europa Capital, aliado en España con la firma Richelieu Development. Y esta encargó las obras a Aldesa, un gigante de la construcción presente en media docena de países, que a su vez recurrió a varias subcontratas para realizar los trabajos de desescombro y pilotaje.

En las oficinas de Richelieu Development, que vende las viviendas, atiende al teléfono una mujer que no se identifica y que hace de contestador automático ante las preguntas de la prensa: "Estamos muy preocupados e intentado saber porque tenemos muy poca información, en cuanto sepamos más haremos un comunicado".

El departamento de comunicación de Aldesa, la constructora contratada para la reforma, explica que además de la investigación en los juzgados la empresa ha abierto otra. "Las obras empezaron hace un mes, teníamos licencia y estaba todo en regla. Se trata de una rehabilitación integral del edificio. Un equipo corporativo se ha desplazado al lugar, ninguno de los dos empleados estaba contratado por nosotros, pero no tengo más información", alega una portavoz oficial. El arquitecto que diseñó el proyecto de rehabilitación, Rafael Robledo, también rechaza hacer declaraciones.

Al final de toda esa cadena están los dos obreros desaparecidos. Uno de ellos, el extremeño José María Sánchez, había entrado a trabajar hace tres semanas en la empresa Tygma, radicada en Extremadura, y cuyo primer destino fue el edificio de Chamberí, donde anoche un despliegue de más de un centenar de personas le seguía buscando.

Su cuadrilla viajaba desde Extremadura y estiraba los turnos de lunes a jueves para disfrutar de un fin de semana largo en casa, según testigos que tratan con los obreros de la subcontrata.

En el taller contiguo al edificio por su parte trasera, en la calle Viriato, Pedro Fernández, mecánico, que ha compartido charlas con los obreros, asegura que el vecindario estaba sorprendido del ritmo que llevaban las obras: "Cada media hora venía un camión a llevarse los escombros, cortaban el tráfico y salía un gran contenedor, es fácil que salieran 8 o 10 diarios. Ni siquiera pararon el festivo de San Isidro [el pasado 15 de mayo]".

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