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Movilización ante el inminente derribo del antiguo restaurante Baobab para preservar la centenaria historia del lugar

Imagen de archivo del antiguo Baobab (edificio bajo), restaurante senegalés de Lavapiés clausurado en 2020.

Guillermo Hormigo

Madrid —

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Mientras un hotel cápsula con 260 camas se prepara para ocupar el número 1 de la calle Cabestreros, en el corazón de Lavapiés, crece la movilización política y social para frenar la inminente demolición del edificio situado junta a la plaza de Nelson Mandela. No solo por su pasado cultural, como sede del histórico restaurante senegalés Baobab hasta el lamentado cierre en 2020, sino por el valor patrimonial del propio inmueble.

Es lo que sostiene el PSOE de Madrid en una carta dirigda al delegado de Urbanismo del Ayuntamiento, Borja Carabante, donde le piden detener el derribo y “valorar su inclusión en el catálogo de edificios protegidos”. El concejal socialista en la Comisión municipal del ramo, Antonio Giraldo, firma un escrito en el que expone la centenaria historia de esta característica construcción de una sola planta: “El Grupo Municipal Socialista ha accedido a documentación original y fidedigna recopilada desde varias fuentes, entre las que están el Archivo de Villa, que acreditan la antigüedad del edificio existente como anterior a 1752”. Apunta incluso que, “con alta probabilidad”, existía “ya en 1656, momento en que es recogido en el propio plano de Pedro de Teixeira fechado en 1656”.

Giraldo recalca que la “diversa documentación en propiedad del Consistorio, así como el estudio del devenir de la ciudad, acredita que no ha habido una sustitución de dicha edificación desde entonces y que solo ha podido ser objeto de reformas interiores o exteriores menores”. Sostiene por ello que “con muy alta probabilidad se trata de uno de los pocos ejemplos de edificaciones del caserío tradicional de la Villa de Madrid fechable, al menos, en el siglo XVII en este sector de la ciudad”. Un vestigio histórico también “por tamaño y escala”, ya que estas características ayudan a “entender y conocer la morfología de la ciudad en el periodo temporal anterior a las grandes reformas decimonónicas, otorgándole por sí mismo un alto valor a nivel urbano”.

El edil del PSOE recuerda también que el entorno se encuentra englobado dentro del Conjunto Histórico de la Villa de Madrid que, por sus valores, ostenta la declaración de Bien de Interés Cultural otorgada el 27 de abril de 1995. “Cualquier actuación en este recinto implica la protección y la salvaguarda de los valores que motivaron su declaración, siendo el mantenimiento de la trama y la estructura edilicia un condicionante fundamental. El derribo solo se podrá autorizar con carácter excepcional como viene recogido en el artículo 44 de la Ley 8/2023, de 30 de marzo, de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid”, explica en su misiva.

Giraldo tacha de “llamativo e incomprensible” que, conocidos estos hechos, el Plan General de Ordenación Urbana de 1997 no incluyera el edificio en su categoría específica dentro de las Normas Urbanísticas para protegerlo (Grado 2, por volumen volumétrico). En conversación con Somos Lavapiés, dice que “hay otros edificios posteriores con el mismo valor arquitectónico que sí que están protegidos, porque son más grandes, y este lo han dejado fuera”. Un hecho paradójico, ya que precisamente su tamaño es uno de los elementos que lo convierten en una edificación tan característica de su remota época.

Hay otros edificios posteriores con el mismo valor arquitectónico que sí que están protegidos, porque son más grandes, y este lo han dejado fuera

Antonio Giraldo Portavoz del PSOE en la Comisión de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid

El concejal avisa asimismo de que su fin puede llegar en cualquier momento: “Ya tienen licencia de derribo e incluso están escombrando por dentro”, de ahí la premura de su solicitud. “Se ha dado a conocer un proyecto de sustitución que incluye la demolición total del mencionado inmueble y la construcción de un edificio de nueva planta para el uso de hospedaje. Este eleva las alturas de las dos del edificio existente hasta las cinco más ático y no guarda ninguna relación con el original salvo la ubicación”, lamenta.

El grupo de edificios afectados por la operación que llevará a estos bloques de Lavapiés un gran hotel cápsula (1, 3 y 5 de la calle Cabestreros) daba cobijo también a la pensión Pinoy, por lo que el establecimiento no cambiará de uso, aunque sí de naturaleza y dimensiones. Según pudo comprobar este diario, el Ayuntamiento de Madrid concedió el pasado febrero la licencia de un hostel con aforo de 288 personas. La parcela, que sale de agregar los números afectados de Cabesteros, cuenta con 400 metros cuadrados de parcela y 1.800 de edificabilidad.

El controvertido futuro de un vestigio patrimonial y una reliquia sociocultural

La historia del Baobab (solo un capítulo en la del edificio, pero uno importante) empezó en 2005, cuando Ibu Ndiaye alquiló el local para instalar el que sería el restaurante senegalés más conocido de un barrio con una pujante comunidad del país africano. En la pensión contigua también pernoctaban, hasta su cierre hace cinco años, paisanos de Ndiaye.

En 2020 ya trascendió la intención de los compradores de levantar un negocio hotelero, lo que fue identificado por muchos como un nuevo episodio de gentrificación de Lavapiés. A ello ayudó que el inversor, Urbex, fuera el que pocos años antes había comprado el solar de la calle Valencia, número 2, para levantar un hotel de la cadena francesa IBIS. El establecimiento contó con la oposición de diversos colectivos sociales del barrio.

Por el momento, desde el Gobierno que lidera José Luis Martínez-Almeida consultadas por este medio no atienden las preguntas trasladadas. No aclaran una posible detención del proceso de derribo, ni los tiempos que manejan para su ejecución, ni si valorarán la protección del recinto. Mientras, la movilización crece en otros frentes. Varias fuentes adelantan a este periódico que la entidad en defensa del patrimonio urbano Madrid Ciudadanía y Patrimonio planea emprender la vía judicial para intentar evitar el arrase del número 1 de la calle Cabestreros. El tiempo, eso sí, juega en su contra.

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