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El mural cerámico de César Manrique sobre el trabajo, nuevo monumento protegido del centro de Madrid

Fragmento del mural de César Manrique en Santa Cruz de Marcenado

Luis de la Cruz

Madrid —

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Paseando por la calle de Santa Cruz de Marcenado uno se topa, junto a un supermercado de barrio, con un curioso mural cerámico de formas esquemáticas. Ahora, muchos hemos sabido que la secuencia de escenas relacionadas con trabajadores de la construcción debe ser vista en continuidad con la parte del mural que hay en el interior del local. Y que su autor es nada menos que César Manrique.

El martes24 de marzo fue publicada en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid la incoación como Bien de Interés Patrimonial del mural cerámico atribuido a Manrique en la categoría de Monumento. El local en el que está situado el mural no está catalogado, por lo que la protección afectará a la propia obra.

Plano de la obra (partes interior y exterior)

El mural muestra figuras esquemáticas en las que albañiles colocan ladrillos y aparecen varillas metálicas propias de la construcción en hormigón armado del edificio en el que se enmarca. Andamios, encofrados, herramientas…en una síntesis figurativa –pero geométrica y esquemática– de los mundos de la modernidad y el trabajo manual.

Está compuesto por 369 azulejos esmaltados y tiene una superficie de 15 metros cuadrados. A pesar de que se divide entre la fachada y el interior del inmueble, sus dos planos perpendiculares –solo el exterior es visible desde la calle– mantienen un mismo diseño narrativo. Los colores marrones, negros y blancos que predominan en el diseño del mural son, a decir de los especialistas, marca del artista durante los años cincuenta.

El mural forma parte de la decoración del propio edificio, que se construyó en 1954. Según recoge el expediente de incoación, Manrique se encontraba en ese momento en una fase de intensa colaboración con arquitectos madrileños. El mural, se dice, “se inscribe dentro de esa corriente de síntesis entre arte y arquitectura, de figuración geométrica, constituyendo además el primer mural cerámico de su tipo realizado en Madrid por el artista”. A pesar de su actividad durante aquellos años, es el único mural del artista que se puede ver desde la calle en la actualidad.

A decir de los técnicos que han redactado el informe, “el mural representa de manera esquemática el proceso constructivo, interpretando las distintas fases de una obra mediante escenas figurativas que combinan rigor técnico y estilización formal; al mismo tiempo, dignifica el trabajo del obrero a través del arte público y embellece el acceso al establecimiento, transformando un espacio funcional en un soporte artístico que, al situarse a pie de calle, establece una relación directa con el transeúnte y democratiza el acceso al arte.”

César Manrique es una rara avis dentro del universo de lo constructivo de la España franquista. El artista de Lanzarote tiene un universo particular en el que se integran la naturaleza, la arquitectura y el arte. Después de la etapa madrileña, Manrique residirá en Nueva York, donde su obra gozó de reconocimiento internacional.

Sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Madrid marcaron la relación del canario con la ciudad de Madrid, ciudad con la que tendría relación entre los años 1945 a 1965. Fue en esta época cuando empezó a sentirse cómodo con su característica abstracción geométrica (antes de seguir su camino hacia lo matérico y los códigos del informalismo). En 1968 regresaría a Lanzarote, el espacio que más se relaciona con su obra y cuyas autoridades le acogieron con los brazo abiertos para que transformara artísticamente el paisaje de la isla.

Colaboró con numerosos arquitectos, como José María Anasagasti, Julio Cano Lasso, Corrales y Molezún o Fernando Higueras. Este último firmó muy cerca del mural de Santa Cruz de Marcenado unos edificios de viviendas de hormigón con vistosas colgaduras vegetales en la fachada hechos para el Patronato de Casas Militares en Madrid. Higueras fue amigo y estrecho colaborador de César Manrique, para quien diseñó una casa a las afueras de Madrid en 1962. A ambos les unía tener por horizonte estético la integración de lo natural y lo constructivo.

La obra más conocida –y popular, en un sentido muy literal– de César Manrque en nuestra ciudad es el centro comercial La Vaguada, cuyo diseño acometió (el arquitecto fue José Ángel Rodrigo). Sin embargo, dos obras de rediseño del centro comercial lo han dejado muy desfigurado, extrayendo muchos de los elementos originales de Manrique, lo que ocasionó ya en 2002 críticas de la Fundación César Manrique, que vela por su legado.

Aunque el mural de la calle Santa Cruz de Marcenado no se encuentra en una situación crítica, la parte expuesta hacia la vía pública necesitará ser rehabilitada. Algunos de los azulejos de los años cincuenta están dañados y otros han sido surcados por rotuladores en numerosas ocasiones. La buena noticia es que a partir de ahora gozarán de una protección patrimonial que no tenían hasta la fecha.

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