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REGIÓN DE MURCIA

La Amazonía y el cambio climático, una tragedia que nos afecta a todos: posibles causas

Según el Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonía (IPAM) el aumento de los incendios tiene relación con el aumento de la deforestación y no con la sequía

Tras eliminar la madera, agricultores y ganaderos prenden fuego para limpiar el campo y poder adecuarlo al pastoreo de ganado o convertirlo en tierras de cultivo

La deforestación e incendios de la selva amazónica son la principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero de Brasil, siendo el origen de alrededor del 20% de las emisiones en todo el planeta

Brasil llega a COP25 ofuscado por la creciente deforestación en la Amazonía

Brasil llega a COP25 ofuscado por la creciente deforestación en la Amazonía EFE

Tras un análisis preliminar de la gran y crucial importancia de la selva amazónica y de su terrible situación actual al estar desapareciendo entre llamas, vamos a intentar examinar las posibles causas así como dar respuesta a las múltiples incógnitas que rodean al problema, con el fin de poder comprender la magnitud y trascendencia de esta tragedia que nos afecta a todos.

¿Cuál puede ser el motivo por el que el número y la intensidad de estos incendios son mucho mayores en lo que va de año con respecto a años anteriores? ¿Qué los está incentivando y creando? ¿Quién y con qué finalidad? ¿Con qué intereses?

Según el Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonía (IPAM) el aumento de los incendios tiene relación con el aumento de la deforestación y no con la sequía.

Ricardo Salles, ministro de Medio Ambiente de Brasil, culpó el pasado día 21 de agosto al clima seco, viento y calor del creciente número de incendios forestales, pero hay evidencia clara de que este hecho está relacionado con el fuerte aumento de la deforestación tal y como afirma entre otros científicos Paulo Artaxo, físico atmosférico de la Universidad de Sao Paulo. Además, según Yadvinder Malhi, profesor de ciencias del ecosistema en la Universidad de Oxford, éste no ha sido un año de sequía y la estación seca ha sido muy leve con respecto a años anteriores.

Los incendios surgen tras la tala ilegal de bosques a lo largo de los bordes de la frontera agrícola. Tras eliminar la madera, agricultores y ganaderos prenden fuego para limpiar el campo y poder adecuarlo al pastoreo de ganado o convertirlo en tierras de cultivo.

Según el IPAM, los diez municipios con la tasa más alta de incendios son los que tienen las áreas más grandes de deforestación registradas este año. Según INPE, solo en julio de 2019 se deforestaron 1.287 kilómetros cuadrados frente a los 777 del mismo mes en 2018 y desde enero hasta julio se han limpiado 6.800 Kilómetros cuadrados, un 50% más que en el mismo período del año pasado siendo más de 1.330 millas cuadradas de selva amazónica (un 39% más que el año pasado), según The New York Times.

La deforestación e incendios de la selva amazónica son la principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero de Brasil, siendo el origen de alrededor del 20% de las emisiones en todo el planeta.

Los hechos son de tal envergadura que el pasado 22 de agosto la oficina de política europea del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) emitió el siguiente comunicado:

"Ante esta devastación ecológica, WWF hace un llamado a los países de la región - Brasil, Bolivia, Colombia, Perú, Ecuador, Venezuela, Guyana y Surinam - para proteger el Amazonas, combatir la deforestación y reducir las causas detrás de estos incendios. También pide a la UE y a sus Estados miembros que intensifiquen sus esfuerzos para frenar el impacto del consumo de la UE en la deforestación y la destrucción de otros ecosistemas en todo el mundo, vinculados a productos como la soja, el aceite de palma, el cacao o la carne".

Y es que el motor que impulsa la deforestación en la Amazonía es la explotación de su inmensa riqueza. Encabezando las causas de la desaparición de masa forestal encontramos la conversión del terreno en plantaciones agrícolas, principalmente para el cultivo de soja o en zonas de pastoreo para la ganadería. Tras esto, le siguen la construcción de carreteras, la extracción maderera, las actividades mineras o la especulación agraria, todas ellas, en la mayoría de las ocasiones, realizadas de manera ilegal.

La soja forma parte de los  piensos que la ganadería industrial necesita para alimentar a los animales, por lo que el progresivo aumento del consumo de carne y de productos derivados de animales en Europa, Estados Unidos y China ha convertido la selva amazónica, particularmente la zona brasileña, en la gran plantación de la misma, llegando a convertirse en la principal exportación de Brasil.

Por otra parte, la creciente demanda de maderas valiosas como el ipé, incentiva el fraude y la corrupción en el sector forestal, contribuyendo a la destrucción de la Amazonía y a la invasión de territorios indígenas. Los madereros de Brasil disponen de un sistema para sortear la ley y conseguir que la madera talada ilegalmente llegue a los mercados internacionales. Además, la implementación de la ley se ve obstaculizada por la enorme extensión de la selva, las limitadas capacidades de control, la debilidad de las instituciones medioambientales, el poder de las mafias locales y la corrupción política.

Según datos publicados por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, Brasil es el tercer exportador mundial de productos agrícolas y el mayor de soja superando a los Estados Unidos por primera vez, con una producción anual en 2018 de 117 millones de toneladas. Con estos datos, los dos países juntos representan casi el 80% de las exportaciones mundiales de soja. Por otra parte, Brasil cuenta con el mayor volumen de ganado comercial del mundo y es el segundo mayor productor mundial de carne de vacuno, el tercero de carne de pollo y el primer exportador mundial de estos dos productos. Posee la segunda mayor cabaña de ganado vacuno del mundo, siendo responsable del 22,5% del rebaño mundial, con 215,2 millones de cabezas, una cifra mayor que el número de habitantes de Brasil. Pues bien, todo esto gracias a la deforestación ilegal ya que las fincas ganaderas están ocupando aproximadamente el 80% de las antiguas áreas amazónicas.

Tras llegar a la conclusión de que el aumento de la deforestación y no la sequía es el motivo real por el cual tanto el número como la magnitud de incendios en la Amazonía brasileña han aumentado este año de forma alarmante con respecto a años anteriores, en un artículo posterior trataremos de analizar las posibles causas de este incremento e intensificación actual de la misma.

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