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Migración y coronavirus en un barrio murciano obrero: “Están divididos entre comer o confinarse”

A diferencia de otras zonas de Murcia que en verano se vacían, ha tenido mucha vida este verano, porque muchas de los residentes no tienen la posibilidad de irse de vacaciones

Elisa M. Almagro

8 de septiembre de 2020 21:14 h

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El brote de la COVID-19 deja al Barrio de El Carmen con 257 casos activos y la mayor incidencia acumulada de todo el municipio de Murcia, según el último informe epidemiológico publicado el 9 de septiembre desde el Servicio Murciano de Salud (SMS). Con casi 4.000 residentes de origen extranjero del total de 20.000 carmelitanos, las acusaciones de que la extensión del coronavirus ha sido a causa de la población migrante son cada vez más comunes.

“Recuerdo que a principios de verano se refirieron al repunte como 'el brote de Bolivia'. La amplificación o difusión de este tipo de mensajes me parece que contribuye a que una parte de la población acabe teniendo esta percepción”, apunta Marta Latorre, docente del departamento de sociología de la Universidad de Murcia.

“Hubo afirmaciones tanto de responsables políticos y sanitarios como de algunos medios de comunicación que señalaron mucho ciertos espacios de ocio como focos de contagio, recalcándolos como de ocio latino o discotecas donde acudía sobre todo población latinoamericana”, recuerda Latorre. “Los mensajes de algunos responsables políticos no han ayudado”, concluye, “en ocasiones señalaban demasiado a determinados grupos nacionales. Hablaban de 'colectivo latino', aunque no sé a qué se pueden referir con tal cosa”. 

“Por decirlo de manera coloquial”, expone la socióloga, “se ha metido en el mismo saco a perfiles muy diferentes y luego se les ha responsabilizado por sus hábitos de ocio o de socialización. Pero nadie dirige el foco a cuestiones que seguramente tengan más impacto en el riesgo de contagio como las condiciones de vivienda o las de trabajo”.

Assane Diaw, vecino del barrio de El Carmen, recuerda que “todo el mundo puede coger el coronavirus. No entiende de raza, lo puede pillar cualquiera. Me duele mucho que la gente diga que los migrantes lo traen. Los migrantes trabajamos para traer dinero a nuestra familia”.

Latorre subraya que la población migrante no se contagia más que el resto de la población, sino que en ocasiones vive y trabaja en áreas que les hace tener más riesgo de contagio: “Es una cuestión compleja, tiene que ver con los trabajos en los que habitualmente ocupa la población migrante en el contexto de la Región. Trabajos en agricultura, almacenes... Por otro lado, tienen una situación de indefensión en el mercado de trabajo, lo que hace que les resulte más difícil ausentarse en el caso de un posible contagio o cuarentena por temor al despido”.

“Di positivo en coronavirus tras estar trabajando en una empresa donde no me daban mascarilla”, denuncia Diaw, “cuando fui al punto COVID estuve cinco horas esperando al sol. No piensan en la gente”.

Esther Nevado (PSOE): " Me cuesta mucho pensar que el SEMAS, que es un equipo bastante limitado de personal, pudiera atender a un barrio como es el de El Carmen junto a las labores que ya tienen de por sí"

Emilia Salmerón, responsable de enfermería del centro de salud Barrio de El Carmen, donde se instaló un punto COVID el pasado 12 de agosto, conoce de primera mano casos como este: “El virus no entiende de clases sociales ni de razas, pero hay gente que por las condiciones que tiene lo sufre más. Si se quedan aislados no tienen para vivir. Están divididos entre comer o confinarse”.

Salmerón señala que El Carmen es un barrio “con casas viejas y con mucha población” y lo considera una de las causas de la expansión de la COVID en la zona. “En algunos casos se ha visto que si la densidad de población es mayor, y en El Carmen es alta, hay un mayor riesgo de contagio”, observa Latorre.

“En mi piso vivo con cuatro amigos”, expone Bathie Saar, otro vecino del barrio. “Tuvimos que mudarnos porque la dueña del piso no nos renovaba el contrato”.

De acuerdo con Enrique Lorca, concejal del PSOE encargado del seguimiento de las áreas de Cultura y Turismo, “el barrio es el más grande en población de todo el municipio, residen casi 20.000 personas. A diferencia de otras zonas de Murcia que en verano se vacían, ha tenido mucha vida este verano porque muchas de los residentes no tienen la posibilidad de irse de vacaciones”.

“Hay la misma gente en la calle, pero no he visto a nadie sin mascarilla”, subraya Saar.

Ante esta situación Emilia Salmerón asegura que desde su centro se rastrean “no solo a convivientes afectados por la COVID-19, también estudiamos si pueden cumplir la cuarentena o el aislamiento y ver por qué no pueden. Hay un circuito que funciona muy bien con el Ayuntamiento de Murcia en el que notificamos los casos que tienen que estar aislados y necesitan comida”. 

Esther Nevado, concejala del PSOE responsable de las áreas de Salud y Derechos Sociales se pregunta cómo se va a dar cobertura a la totalidad de enfermos de coronavirus en riesgo de exclusión social: “El Servicio de Emergencia Social (SEMAS), hace acciones de reparto y compra de alimentos. Pero me cuesta mucho pensar que el SEMAS, que es un equipo bastante limitado de personal, pudiera atender a un barrio como es el de El Carmen junto a las labores que ya tienen de por sí”. 

“Es lanzar la pelota a los servicios sociales de venga, vosotros podéis con todo”, denuncia Nevado. “En primer lugar hay que repensar los servicios sociales y ponerlos en el centro de la cuestión. Los servicios sociales están en la primera línea, pero continúan teletrabajando. Se necesita presencialidad, con todas las medidas de seguridad y se necesitan más recursos. En Murcia cada trabajadora social atiende a 12.000 personas y lo que recomienda el Colegio Oficial de Trabajo Social de la Región son 3.000”.

Desde la concejalía de Deportes y Salud del ayuntamiento de Murcia reconocen que la estructura socioeconómica del barrio junto al empleo precario de muchos de sus habitantes puede provocar que algunas de las personas que han dado positivo no notifiquen bien sus datos, teléfonos y domicilios, por lo que se hace “muy complicado” su seguimiento de la cuarentenas. En esta línea aseguran que algunos individuos “no cumplen el periodo de aislamiento por miedo a perder su empleo”.

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