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Shipra Narang Suri, urbanista de la ONU: "El mundo se mueve muy rápido. Con el clima, las soluciones del pasado ya no sirven"

"Por fin nos hemos percatado de que la pobreza y la vulnerabilidad frente al clima no son fenómenos exclusivos de los países en vías de desarrollo", asegura la experta

Destaca la necesidad de abordar los objetivos de desarrollo sostenible y la agenda climática de manera conjunta

"No podemos olvidarnos de las comunidades menos pudientes", recuerda

Shipra Narang Suri

Shipra Narang Suri, que trabaja para la ONU, sostiene que hay que apostar por soluciones innovadoras para hacer frente a los desafíos planteados por el clima. MUGAK Bienal

Mil millones de personas viven en asentamientos informales, lo que las hace muy vulnerables frente a los desastres climáticos. Shipra Narang Suri, que trabaja para el Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Habitat), destaca la necesidad de aumentar la resiliencia de las comunidades con menos ingresos. Espera que, entre 2020 y 2030, se aceleren los procesos de cohesión. "Por fin nos hemos percatado de que la pobreza y la vulnerabilidad frente al clima no son fenómenos exclusivos de los países en vías de desarrollo", se congratula, y apuesta por soluciones novedosas y originales.

La experta india se ha desplazado hasta San Sebastián para participar en el Congreso Euskal Hiria 2019, que en esta edición se enmarca dentro de la Bienal Internacional de Arquitectura de Euskadi MUGAK. Allí se ha presentado la 'Bultzatu 2050 - Basque Urban Agenda'. De igual manera, ONU-Habitat y el Gobierno vasco han alcanzado un acuerdo para implementar la Nueva Agenda Urbana y conseguir un desarrollo urbano sostenible.

Shipra Narang Suri habla con eldiario.es sobre los retos climáticos y urbanos más apremiantes.

Los desafíos no son los mismos para las ciudades de los países desarrollados y aquellas que están en territorios en vías de desarrollo, con menores ingresos. ¿Cómo cambia esto la manera en que se implementa la agenda?

La Nueva Agenda Urbana tiene que contextualizarse en el ámbito en el que se desarrolla. Varía mucho dependiendo de la capacidad institucional y para elaborar políticas, así como de la existencia de interlocutores que puedan ayudar en tareas como la supervisión. Todo cambia.

En los países desarrollados, lo típico es que existan ya políticas estables, un sistema legal, un marco de gobierno. Es posible, incluso, que existan referencias de estrategias organizativas que se han aplicado durante los últimos años y tan solo necesitan una actualización. Puede que los gobiernos locales o subnacionales tengan más recursos a su disposición. Entonces, estos países vienen a donde nosotros con peticiones muy específicas. Por ejemplo: "¿Podéis ayudarnos a desarrollar unos indicadores muy relevantes para la implementación de la agenda?" Solicitudes directas y bien enfocadas.

¿Y en los países en vías de desarrollo?

Allí la cosa cambia. Las políticas relacionadas con el medioambiente no suelen ser muy claras. Tenemos que dar unos pasos atrás para empezar. Algunos de ellos están entrando en un ciclo de urbanización rápida y algunos jamás han debatido sobre políticas urbanas nacionales. Por tanto, tenemos que ofrecerles mucho más apoyo para organizar una agenda, concienciar sobre la necesidad de esa agenda, recolectar macrodatos... Son asuntos fundamentales.

Ha comentado en más de una ocasión que, habitualmente, los arquitectos y los urbanistas recurren a soluciones convencionales. ¿Es necesario un proceso de adaptación para tener en cuenta los nuevos factores?

Así es. El mundo se mueve muy rápido. Hay colegas que hablan de una revolución tecnológica y de los datos. Es muy habitual que los profesionales recurran a las soluciones estándar, probadas y comprobadas, aquellas que funcionaron en el pasado. Pero todo ha cambiado mucho; con el clima, por ejemplo, las soluciones del pasado ya no sirven. Cuando se habla de introducir nuevas tecnologías o un sistema de transporte público transformador en una ciudad, es necesario pensar de manera novedosa. Y para ello hay que reorientar y dar cancha a nuevos jugadores, poco habituales: gente de la industria tecnológica que pueda trabajar con planificadores, por ejemplo. Hay soluciones que los arquitectos y urbanistas ni siquiera conocen. Ese cambio es necesario.

"Los barrios se segregan de acuerdo con la clase de sus habitantes"

Es también interesante el fenómeno de la fragmentación, ya sea social, cultural o económica. ¿Cómo se puede abordar este desafío?

Las diferentes fragmentaciones se retroalimentan. Lo que sucede es que la gente vive en ciudades fragmentadas, lo que supone que los barrios se segreguen de acuerdo con la clase de sus habitantes. Esto perpetúa, a su vez, la fragmentación social. Necesitamos expertos que reúnan a las diferentes comunidades y que las integren económica, social y culturalmente. 

El de las comunidades cerradas es un ejemplo paradigmático. Están muy presente en Latinoamérica, en Asia y en muchas partes de África. En estas comunidades, hay quienes están dentro y quienes están fuera, pero nunca coinciden. Hacen la compra en lugares diferentes, van al cine en zonas diferentes, rezan en lugares diferentes... En el momento en que las transformas en comunidades más abiertas, todo empieza a cambiar. No sucede de la noche a la mañana, porque hay cuestiones subyacentes fundamentales, pero lo que está claro es que las fragmentaciones social, económica y cultural van de la mano y no se pueden abordar por separado.

Al hilo de esto, ¿es cierto que se ha de impulsar la resiliencia frente al clima en las comunidades urbanas de ingresos bajos?

Exacto. Es una prioridad muy muy importante. Alrededor de mil millones de personas viven en asentamientos informales. De entre ellos, setecientos u ochocientos mil son muy vulnerables a los desastres climáticos, como el aumento del nivel del mar. Lo habitual es que estos asentamientos estén situados en las riberas de los ríos, de tal manera que, cuando acaecen desastres derivados del cambio climático, estas gentes son extremadamente vulnerables. Lo mismo sucede con el calentamiento global: no tienen sistemas de refrigeración y viven en casas de pésima calidad, por lo que sufren las consecuencias de una manera más acusada.

Shipra Narang Suri, que estuvo en San Sebastián, sostiene que "es una prioridad muy muy importante impulsar la resiliencia frente al clima en las comunidades urbanas de ingresos bajos"

Shipra Narang Suri, que estuvo en San Sebastián, sostiene que "es una prioridad muy muy importante impulsar la resiliencia frente al clima en las comunidades urbanas de ingresos bajos". MUGAK Bienal

Por tanto, las comunidades menos pudientes son el triple de vulnerables ante el impacto de la pobreza, sí, pero también ante los riesgos climáticos. Si queremos planificar ciudades que sean resilientes frente al cambio climático, no podemos olvidarnos de todas estas personas, que representan un séptimo de la población mundial. 

"Los países más pobres se están centrando en medidas de efectos inmediatos"

Ha viajado por todo el mundo, así que imagino que habrá encontrado ejemplos de todo tipo, para bien y para mal. ¿Cuáles destacaría?

En lo que tiene que ver con la mitigación del cambio climático y la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero, hay muchas ciudades europeas, como Copenhague, que están trabajando muy duro. Por otra parte, en cuanto a la adaptación al clima, pese a que se percibe un incremento de la frecuencia y la intensidad con que se suceden los desastres naturales en Asia y el Pacífico, también es cierto que el número de muertes se ha reducido muchísimo. Y eso se debe al desarrollo y adopción de medidas de resiliencia. 

En la costa oriental india, por ejemplo, en el estado de Odisha, se está trabajando mucho en la resiliencia frente al clima de las comunidades más vulnerables. En Asia oriental, destaca el progreso de Filipinas. En el Pacífico están algunos de los países más pobres y vulnerables de todo el mundo, como Fiyi y las Islas Salomón, y van avanzando. En el Caribe también se percibe cierto progreso en la resistencia frente a la amenaza climática, pero de una manera poco ordenada y desigual. Los países más pobres, por ejemplo, se están centrando en medidas de efectos inmediatos para proteger a su población.

Leyendo las diferentes agendas, vienen a la mente los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Estaba previsto que se cumplieran para 2015, pero no se consiguió. ¿Qué conclusiones se pueden extraer de ese fracaso? ¿Se habrán cumplido los nuevos objetivos cuando llegue 2030?

Yo no diría que los ODM fueran un fracaso. Algunas metas se alcanzaron y otras no. Y también hubo diferencias por zonas. Bangladés, por ejemplo, tuvo muy buenos resultados en algunos apartados de los ODM como la vivienda, el saneamiento de aguas... Asimismo, se esperaba mejorar la vida de al menos cien millones de habitantes de barrios marginales y se consiguió muy pronto, antes incluso de llegar a la mitad del ciclo de los ODM. Esto se debió, en gran medida, a que China hizo un gran esfuerzo para sacar a la gente de las viviendas de menor calidad. Unos pocos países grandes pueden marcar la diferencia.

La segunda lección que se ha de extraer es que alcanzar los objetivos no significa que estos se hayan cumplido de igual manera en las diferentes partes del mundo. El seguimiento ha de ser muy pormenorizado y a nivel local y subnacional. Los ODM, además, se han visto siempre como parte de la agenda de los países pobres; principalmente, los países en vías de desarrollo, los del sur global. Creo que por fin nos hemos percatado de que la pobreza y la vulnerabilidad frente al clima no son fenómenos exclusivos de los países en vías de desarrollo. Es algo universal, y el hecho de que los objetivos se hayan asumido como comunes a los 193 países de la ONU es un gran logro y va a garantizar un gran empuje en la dirección correcta.

Por último, quiero destacar que existe un gran impulso para que los ODM y la agenda climática se aborden de manera conjunta. No por invertir en clima va a dejar de ser necesario invertir en la lucha contra el hambre, y viceversa. Han de ir de la mano, y así habrá mayores beneficios recíprocos.

Trabaja para la ONU. ¿Percibe desde allí suficientes lazos entre los diferentes actores mundiales para cumplir estos objetivos? ¿Es la cohesión suficiente?

Lo estamos intentando... (Ríe) No es un mundo perfecto, resulta evidente. Existe un impulso para reformar la ONU de tal manera que sus agencias trabajen de una manera más coordinada, así como un compromiso mucho mayor para incluir a la sociedad civil en la ecuación. Los lazos con la ciencia y la investigación son cada vez más estrechos, para, por ejemplo, guiar el debate climático.

Tenemos que incrementar el número de actores involucrados, sin duda, pero la diferencia entre dónde estábamos hace unos años y dónde estamos ahora es muy marcada. Entre 2020 y 2030, esperamos acelerar los procesos de cohesión y creación de alianzas, con una dirección y unas metas comunes. Tengo la esperanza de que dé sus frutos.

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