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"No vivimos una situación coyuntural, estamos ante una crisis de civilización"

Juan Ibarrondo acaba de publicar 'Convertir el tiempo en oro', ensayo en el que reflexiona sobre las creencias en el progreso y el crecimiento ilimitado que sustentan la actual crisis, que el autor considera "de civilización" 

Ilustración del ensayo 'Convertir el tiempo en oro'.

Ilustración del ensayo 'Convertir el tiempo en oro'.

Juan Ibarrondo (Vitoria-Gasteiz, 1962) lleva en el activismo político desde antes de la insumisión al Servicio Militar, movimiento antimilitarista que emergió a finales de los años 70. Librero (fundador de la memorable Zuloa de la calle Pintorería), novelista (autor de Retazos de la red o Gerotrón 2050), guionista (acaba de ultimar el guión de una película sobre los sucesos del 3 de Marzo), ahora publica su primer ensayo, Convertir el tiempo en oro. Los usos del tiempo en el capitalismo (Editorial Los Libros de la Catarata), una revisión crítica de conceptos como desarrollo, progreso o crecimiento que tanto apasionan en los ámbitos de poder.

Parece que se quedó con ganas tras Retazos de la Red y Gerotrón 2050 de aclarar que debajo de estas novelas de ciencia-ficción había algo más.

La idea de este ensayo surge de cuando comencé con las presentaciones de Gerotron 2050, porque en esas ocasiones no me gusta hablar del libro, ya tendrán tiempo quienes lo lean de descubrirlo, y sí de cuestiones que se encuentran a su alrededor. Así que preparé una charla, que se llamaba así Convertir el tiempo en oro, y que luego he ido desgranando en distintos lugares en Internet. Y de ahí surge la idea de convertir aquellos apuntes y las reflexiones que surgían de las conversaciones con los lectores en un libro. Así que me puse a darle vueltas, a investigar, a documentarme, y aquí está.

Convertir el tiempo en oro surge en un momento de crisis total que puede ayudar a la difusión de un libro crítico con el sistema actual. ¿Hasta qué punto le ha condicionado en su redacción?

Sí, está claro que vivimos un momento de crisis, de cuestionamiento del sistema, pero este no es un libro de política a corto plazo. No digo que no se den ciertas recetas, pero no hay una lectura de la actualidad a la que se responde. Es una reflexión más profunda, una crítica al sistema, en cuanto superestructura que se sustenta en determinados conceptos de progreso, desarrollo, crecimiento, tiempo. Más allá del capitalismo en sí.

Porque también hay una crítica clara al sistema soviético, que desapareció hace 25 años.

Cierto. A  aquello que se llamó socialismo científico que luego se puso en práctica en lo que ellos mismos llamaban socialismo real. Y que cayó en algunos de los errores que había caído el capitalismo, como fue y es la idealización del progreso científico y técnico como panacea que va a solucionar los problemas de la Humanidad.

¿Cómo han influido los cambios de los últimos 25 años (caída del muro de Berlín, aparición de Internet, globalización) en esa crítica al progreso científico y tecnológico?

Se puede hablar de un antes o un después de la aparición de Internet; incluso para mí que me ha cogido ya con cierta edad, sería imposible trabajar sin Internet. Yo creo que cuando escribí en 2005, Retazos de la red, en la que se abunda en este asunto, nadie se planteaba estas cosas en aquel momento de euforia económica, cuando se pensaba que el crecimiento iba a ser infinito. Es más, a quien, como yo, anunciaba lo que vivimos ahora, se le consideraba un marciano, un aguafiestas. En ese sentido, la novela fue premonitoria en cuanto a que muchas de las cosas que en ella se contaban han sucedido y están sucediendo. En aquel momento quizás éramos minoría los que criticábamos aquel crecimiento desmesurado, fuera de tiempo, que ha devenido en esta crisis terrible que es más que económica, energética y ecológica, incluso política con el derrumbe de las formas tradicionales.

A mi entender no vivimos una situación coyuntural, estamos ante una crisis de civilización, que no tiene nada que ver con las anteriores que vivió el siglo XX. Estamos asistiendo al desvelamiento de toda la tramoya neoliberal con  la agudización de unas tendencias que ya se adivinaban a principios de siglo, pero que estaban ocultas bajo un ambiente de fiesta que vivimos, unos más y otros menos, "del que todos nos beneficiábamos", como ahora dicen algunos para meter a todo el mundo en el mismo barco.

¿Cuál es su diagnóstico, entonces?

Desde un punto de vista ecológico: el cambio climático, el agotamiento de los recursos fósiles, el colapso energético que viene. En cuanto a la economía, la manera de entender la economía neoliberal basada en el crecimiento a cualquier precio ya hemos visto a donde nos ha llevado aunque haya quien todavía sigue creyendo que es válida. Y en lo político, la caída del entramado clientelar que sostenía aquella patraña económica.

¿Y existe una solución o, al menos, vislumbra alguna salida a esta situación?

No hablaría de una solución, sino de soluciones en plural. Más allá de la implantación generalizada del simulacro, la Posmodernidad ofrece alguna aportación positiva, como ha sido poner en cuestión los dogmas totalizadores, como el capitalismo o el comunismo real. Las alternativas estarán basadas en algunos valores universales, pero no entendidos como dogmas o como armas para utilizarlas contra el otro sino como herramientas de consenso. Hay ciertos universales como la solidaridad, equidad, igualdad, la libertad... que son irrenunciables.

En cuanto a la actualidad política, ¿cómo valora la aparición de Podemos y el cuestionamiento del régimen de 1978?

Lo veo con optimismo, como algo positivo, que merece un interés serio. Esa energía positiva que se está canalizando políticamente, como vimos en Latinoamérica: primero, hay un movimiento social potente, que en España ha sido el 15-M, las marchas de la Dignidad o la PAH, y que al otro lado del Atlántico fueron el movimiento del gas y del agua en Bolivia, los piqueteros en Argentina, el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil, en Venezuela y Ecuador también hubo una importante movilización ciudadana, movimientos muy diversos... que luego se transforma en lo que se ha dado en llamar los partidos del socialismo del siglo XXI y que conforman gobiernos progresistas de diferente carácter, y que en España, puede representar Podemos o las CUP en Cataluña. Va ser complicado, contradictorio y difícil. Sobre todo por causas externas porque van a tener enfrente a todo el establishment financiero, mediático y político; pero también por las contradicciones internas de un partido que trata de aglutinar en una formulación política concreta tanta diversidad.

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