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El calvario de Pablo Ibar

Pablo Ibar, en una fotografía de archivo. EFE/Amy Beth Bennett

Andrés Krakenberger

Portavoz Asociación Pablo Ibar Juicio Justo —

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La vida de Pablo Ibar no es la misma desde aquel 14 de julio de 1994. Tal día como hoy de hace veintinueve años, las ilusiones de aquel joven, hijo de padre vasco y madre cubana, dispuesto a emular los pasos de su progenitor en el mundo de la pelota vasca, se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos. La vida le cambió en un suspiro. Desde aquella desgraciada jornada, el chico que aspiraba a ser figura de la cesta punta en los frontones de Estados Unidos no sabe lo que es dormir en su hogar, junto a los suyos. La cárcel ha sido desde entonces su casa. 

Pablo Ibar fue imputado de tres crímenes, de los que todo este largo período lleva declarándose inocente. Ibar ha mantenido la misma versión en estas tres décadas. No se ha movido un ápice de sus iniciales manifestaciones y reitera hasta la saciedad que no tuvo participación alguna en los asesinatos que unos días antes se perpetraron en un chalet de la localidad de Miramar, cercana a Miami. El 26 de junio del mismo año, la Policía descubrió en la vivienda los cadáveres del dueño de la casa, Casimir Sucharski, y los de dos mujeres jóvenes, Marie Rogers y Sharon Anderson. Dos individuos armados habían irrumpido en el inmueble y acabaron con sus vidas. La secuencia de los hechos fue grabada por una cámara de seguridad instalada en el salón de la casa.

El 14 de julio es una fecha que los Ibar nunca olvidarán. Aquel día, Pablo Ibar tuvo la desgracia de encontrarse en el momento y lugar equivocados. Pablo acompañaba a un amigo “trapichero de drogas” en una visita que este último hizo a unos traficantes colombianos, debido, al parecer, por cuentas aún sin saldar. Pese a que Pablo nada tenía que ver con las operaciones entre el conocido suyo y los colombianos, se vio involucrado en un altercado que hizo que la Policía tuviera que intervenir. El incidente finalizó de la peor manera posible, con los arrestos tanto de Pablo como de su amigo. Ambos fueron conducidos a comisaría y una vez en la sede policial, agentes al frente de la investigación apreciaron una similitud entre los rasgos faciales de Pablo y uno de los autores de los crímenes cometidos días atrás en Miramar, cuyo rostro fue captado en ese vídeo de fuertes contrastes lumínicos e ínfima resolución. 

Ahí empezó el calvario de Pablo. Un mes más tarde, Ibar, junto a otra persona, Seth Penalver, fue imputado de los tres homicidios. Desde entonces, Pablo Ibar ha sido juzgado en tres ocasiones. En la primera de las vistas, celebrada entre 1997 y 1998, no hubo unanimidad entre los jurados, de manera que el proceso fue declarado nulo. Había que repetirlo. 

El segundo juicio contra Pablo Ibar dio comienzo el día 11 de enero de 1999. Durante la fase de selección del jurado, el abogado de oficio asignado a Pablo Ibar, Kayo Morgan, fue detenido y acusado de agredir a su mujer, que además estaba embarazada. Pablo Ibar presentó una moción de cese del abogado, que sin embargo fue denegada por el tribunal. También presentó otra moción solicitando el aplazamiento del juicio, la cual fue aprobada. Con ello se separan las piezas del juicio, reanudándose la de Ibar en abril de 2000. Esta vez, Pablo fue juzgado en solitario y dos meses después, declarado culpable. La Fiscalía solicitó la pena de muerte, demanda que fue respaldada por el jurado (nueve miembros votaron a favor de la pena capital) y confirmada luego por el juez Daniel Andrews.

La decisión de la justicia estadounidense llevó a Pablo Ibar al corredor de la muerte, donde permaneció dieciséis años. El caso no tardó en saltar a los medios de comunicación. La sociedad española mostró su repulsa ante semejante decisión judicial y gracias a la movilización de la familia, muy popular debido a la figura del mítico boxeador José Manuel Ibar 'Urtain', tío de Pablo, y al trabajo realizado por la Asociación Pablo Ibar, surgió un movimiento de apoyo y solidaridad hacia la causa. Instituciones, clase política, ciudadanos... todos estaban al lado de los Ibar. 

El apoyo que la familia recibió no fue solo moral, sino también económico, de vital importancia toda vez que permitió hacer frente al costoso gasto que el proceso judicial requería. Las aportaciones y ayudas fueron gestionadas por la Asociación Pablo Ibar y gracias a las mismas se consiguió que los abogados defensores lograran en 2016 que el Tribunal Supremo de Florida dejase sin efecto la pena de muerte y ordenase la celebración de un nuevo juicio. La Sala estimó que las pruebas contra el acusado eran “escasas y débiles”. En aquella ocasión, el Supremo de Florida censuró la mala praxis del letrado que defendió al acusado en el juicio en el que fue declarado culpable y concluyó que no existían «pruebas físicas“ que conectasen a Ibar con el triple asesinato que se le imputa. ”No tenemos confianza en el resultado del juicio», indicó la Corte en su fallo.

El juicio debía repetirse. Otra vez. Pero tampoco en esta ocasión a la tercera fue la vencida. La vista se desarrolló entre 2018 y 2019. Tras no pocas irregularidades por parte del juez que dirigió el proceso y después de que el fiscal aportase de manera sorprendente y sorpresiva una prueba de ADN en contra de Ibar que hasta ese momento jamás había aparecido, otro jurado declaró al acusado culpable. Esta vez, sin embargo, la pena muerte fue conmutada por la de cadena perpetua. 

Los posteriores recursos que ha interpuesto la defensa de Pablo no han dado el resultado deseado. Este año, el Tribunal de Apelaciones del 4º Distrito Judicial de Florida ha ratificado la sentencia. Pero no por ello los Ibar ni tampoco la Asociación desiste en el empeño de que Pablo tenga un juicio justo, sin injerencias de jueces absolutamente parciales y con una adecuada valoración de las pruebas. El letrado que le representa trabaja en el próximo recurso que se interpondrá ante el Tribunal Supremo de Florida, el mismo órgano que anteriormente anuló la condena y ordenó repetir el juicio.

La Asociación, asimismo, viene desplegando una campaña de crowdfunding para que quien desee pueda colaborar en hacer frente a los gastos y ofrece a través de su página web, las redes sociales y Bizum la posibilidad de efectuar las aportaciones que deseen.

En esta lucha –que ya dura demasiado tiempo- no caben optimismos ni pesimismos. Solamente determinación. Y en eso estamos, pero necesitamos la ayuda de todas y todos.

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