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Violencia de género juvenil: de aquellos polvos, estos lodos

Concentración contra los feminicidios el pasado 2 de junio en Madrid.

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Conocer y reconocer como se producen las primeras manifestaciones de la violencia de género en las relaciones entre jóvenes es importante, no sólo por las graves consecuencias sobre las víctimas, sino porque incrementa el riesgo de serlo con posterioridad.

La violencia contra las mujeres y niñas está íntimamente vinculada con los estereotipos sexistas. Unos estereotipos más arraigados entre los varones jóvenes, que tienden a justificar la violencia y culpabilizar de la misma a las propias mujeres. Conviene advertir que cuanto más jóvenes son, mayor probabilidad existe de que sean proclives a normalizar las actitudes violentas, a interpretar que las relaciones son así. Como es sabido, las jóvenes se hacen más críticas con el sexismo en el momento en que pasan a la edad adulta. Por ello, es especialmente relevante la prevención en esta etapa vital, donde se inician las primeras relaciones y se definen las identidades.

En el año 2015, el informe Percepción de la Violencia de Género en la Adolescencia y la Juventud, de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas, constataba una mayor tolerancia a la violencia de control, que hace referencia a “controlar los horarios y el comportamiento de la pareja, impedir a la pareja que vea a su familia o amistades, impedir o limitar que la pareja trabaje o estudie o pretender decidir por ella las cosas que puede o no puede hacer”.

Dos años después, en 2017, el Centro Reina Sofía en el estudio sobre Adolescencia y Juventud señalaba que más de la cuarta parte de los jóvenes con edades comprendidas entre los 15 y 29 años (27,4%) consideraba que la violencia de género era una conducta normal en el seno de una pareja; el 21,2% interpretaba que era un tema politizado que se exagera y casi un 7% estimaba que, si bien estaba mal, era un problema inevitable que siempre había existido. En suma, casi la tercera parte de las personas preguntadas echaba balones fuera compartiendo el discurso de la inevitabilidad o de la politización.

Este verano, cuando se han cumplido los primeros diez días de agosto ya se han registrado los mismos asesinatos que en todo ese mismo mes del año pasado. Julio ha sido uno de los meses donde más asesinatos machistas se han registrado en dos décadas, y en muchas de las concentraciones de condena, la perturbación era la misma, la corta edad de víctima y victimario.

Si echamos la vista atrás ocho años y valoramos las medidas adoptadas desde que se tuvo conocimiento de los resultados del estudio de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género en la adolescencia y la juventud, no cabe menos que reconocer que se ha desaprovechado el inmenso potencial que ofrecía el Pacto de Estado contra la Violencia de Género. Seguimos con centros educativos donde la coeducación brilla por su ausencia. En cierta forma la sociedad ha normalizado el asesinato de mujeres a manos de novios, maridos o parejas, incluso se ha abierto paso un discurso negacionista en instituciones pretendidamente democráticas.

De los polvos de la indiferencia, los lodos del miedo, la tortura y la masacre de las mujeres. Tenemos mucho trabajo por delante. Y en ese empeño, las personas y las organizaciones feministas –entre ellas, las CCOO de Madrid– no vamos a cejar en conseguir una vida libre de violencia para las mujeres, para todas y, muy especialmente, para las mujeres jóvenes.

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