El juez innombrable
En un juzgado de Madrid habita un togado innombrable y con afición a la caza mayor. De edad avanzada y sin grandes perspectivas de futuro, ve gigantes donde hay molinos y castillos donde hay solo ventas. Pero no tiene nada de ingenioso hidalgo. Su forma de vivir una vida emocionante y convertirse en héroe del antisanchismo es dictar autos tras los que subyacen más motivaciones personales o ideológicas que fundamentos de derecho.
Lean, lean: “Las conductas que provienen de palacios presidenciales, como este supuesto, parecen más propias de regímenes absolutistas, por suerte, ya olvidados en el tiempo en nuestro Estado, lo que obliga a tratar de analizar (quizás hubiera que remontarse al reinado de Fernando VII) este tipo desde la perspectiva de una interpretación teleológica y hermenéutica de los citados artículos 428 y 429 del Código Penal”. Así es como este caballero de triste figura endosa el delito de tráfico de influencias a la esposa del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, por usar su domicilio habitual -es decir, La Moncloa- para reuniones profesionales y académicas.
El párrafo, como la inmensa mayoría de sus textos, demuestra un nulo conocimiento de las reglas gramaticales, de la puntuación, de las comas, de la concordancia, de las subordinadas… Y mucho menos de la “apariencia de imparcialidad”, una expresión acuñada por el Constitucional y reforzada por la jurisprudencia del TEDH (Tribunal Europeo de Derechos Humanos), que en su caso ni está ni se le espera.
El juez de cuyo nombre no conviene acordarse ha concluido ¿una investigación? de dos años y propone llevar a Begoña Gómez a juicio ante un jurado popular por cuatro delitos. Hasta llegar ahí, su instrucción sufrió varios varapalos por parte del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, de la Audiencia Provincial y hasta del Supremo. Primero, para que dejara de investigar la implicación de Gómez en el rescate de Air Europa. Después, para desimputar al rector de la Complutense, Joaquín Goyache, y al responsable del Instituto de Empresa, Juan José Güemes. Y más tarde para anular los registros y el clonado de los dispositivos móviles del empresario Juan Carlos Barrabés por vulnerar su intimidad de manera injustificada y para dar carpetazo a su propósito de imputar al ministro Félix Bolaños.
Un portento de la fuga creativa de la realidad que, de no ser porque hablamos de una determinada forma de impartir justicia, tendría más de parodia que de investigación sólida. Porque si estrambóticos son sus autos, los delitos que imputa o las motivaciones, qué decir de los tiempos. Hay una coincidencia nada casual cada vez que el célebre togado dicta un auto sobre la esposa del presidente del Gobierno. Siempre los ajusta con un viaje internacional de Pedro Sánchez. Por ejemplo, el procesamiento que hizo público este lunes está perfectamente encajado con el viaje oficial de Sánchez y su esposa a China. Pero, hay más ejemplos.
El 29 de octubre de 2024, mientras Sánchez estaba de viaje oficial en India, el juez que todos sabemos amplió la investigación sobre Begoña Gómez con nuevos delitos y la citó a declarar. El presidente respondió desde Bombay, para defender a su esposa, mostrar su confianza en la justicia y restar credibilidad a las acusaciones, en un contexto en el que la agenda internacional quedó eclipsada por el impacto político del caso en España.
El 24 de septiembre de 2025, mientras Pedro Sánchez participaba en la Asamblea General de la ONU en Nueva York, el mismo togado dio un paso decisivo en la causa al proponer el envío a juicio de Begoña Gómez ante Tribunal del Jurado por un delito de malversación. Otra vez, el presidente tuvo que responder desde allí en rueda de prensa y el impacto político y mediático fue inmediato.
El 24 de junio de 2025, en un contexto de alta presión internacional por el gasto en defensa y con Sánchez en la cumbre de la OTAN en La Haya, el instructor volvía por sus fueros y pedía al Tribunal Supremo la imputación del ministro Félix Bolaños por posible malversación y falso testimonio.
Habrá quien diga que todo es cosa del azar y la eventualidad. Es una opción. Otra es que nada pasa por casualidad y que todo esconde una explicación. Cada cual que construya su propia opinión.
P.D. Lo de innombrable es porque el togado en cuestión hace meses que emprendió una ofensiva judicial contra una docena de medios y periodistas, incluida quien firma estas líneas, con demandas en las que solicita indemnizaciones de entre 25.000 y 60.000 euros y rectificaciones públicas por opiniones que, a su entender, vulneran su honor, aunque solo describen lo obvio. Entre auto y auto, demanda al canto.
Corto se ha quedado el ministro Bolaños cuando ha dicho que ciudadanos y jueces se sienten avergonzados por esta causa. Si la credibilidad de la justicia está bajo mínimos es por casos como este, pero nadie se puede llevar a engaño después de la sentencia del Supremo contra el ex Fiscal General del Estado Álvaro García Ortiz, condenado sin pruebas por un delito de revelación de secretos. Begoña Gómez será la próxima, pero Cospedal y M. Rajoy se irán de rositas en la Kitchen. Algunos ya han hecho lo que podían hacer para cumplir con el mandato de Aznar.
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