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OPINIÓN | 'El rentista vulnerable', por Antonio Maestre

El rentista vulnerable

Un hombre protesta con un cartel durante una manifestación por el alquiler en la Puerta del Sol, frente a la sede de la Comunidad de Madrid.
7 de febrero de 2026 22:03 h

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No se puede dejar de decir la verdad aunque moleste a los tuyos. De hecho es el momento en el que es más imprescindible decir la verdad, cuando molesta a los tuyos. Una de esas verdades incómodas, y obvias, es explicar a muchos de los potenciales votantes de la izquierda, algunos incluso fieles votantes de la izquierda, que no está bien especular con un bien de primera necesidad y que la tenencia de dos o tres viviendas los convierte en unos privilegiados con una renta muy superior a la media. Entiendo que haya muchos a los que no les guste verse en ese papel, pero es que lo tienen. 

Los pequeños rentistas no son vulnerables, los pequeños rentistas actúan como enemigos de clase. Eso tiene que ser un punto de partida sobre el que evaluar cualquier medida. Los pequeños rentistas tienen que ser separados de los grandes tenedores, por supuesto, son diferentes actores de un mismo problema, pero no pueden ser exonerados de la responsabilidad que tienen en el incremento del precio del alquiler en una situación de emergencia habitacional. Los pequeños propietarios juegan con las reglas del mercado, si no lo hicieran no estaríamos como estamos, y son mayoritarios en el mercado del alquiler. 

La clase trabajadora ha invertido sus ahorros en vivienda porque siempre ha sido conservadora por definición, no quiere arriesgar lo poco que va ahorrando. Es normal que se invierta en un activo seguro y que no precisa demasiado conocimiento financiero. Esto son también hechos y los hechos no deberían molestar a nadie. Eso ha generado que todos aquellos que hayan querido prosperar hayan preferido comprar vivienda antes que otro tipo de productos de ahorro e inversión. Todos entendemos esa realidad pero hay muchas maneras de manejarse con ese proceder. 

Naturalmente que siempre existen excepciones. No te sientas zaherido ni dolido si estás en ese grupo. Nadie va a culpar a un anciano que con el pago del alquiler se paga la residencia, o a quien ha heredado la casa de sus padres y quiere mantenerla buscando un alquiler humanitario en tanto que digno con el que pagar los gastos y sacar un pequeño rendimiento. Hay muchas maneras de alquilar una vivienda sin ser un casero especulador que solo busca incrementar los precios en cuanto puede a costa de aumentar el rendimiento jugando a las reglas del mercado. Existen las bolsas de vivienda municipales, seguro que conocen amigos o familiares que necesitan una casa asequible, no les costará ser decentes y no unas sanguijuelas del trabajo ajeno. Porque el rentismo es parasitario. 

El decreto sobre el escudo social no saldrá. No saldrá entre otras cosas porque nunca ha habido una mayoría progresista en el Congreso. Esa es una de las trampas que la izquierda se ha hecho desde 2023 obviando que Junts nunca lo ha sido, a pesar del engaño masivo que supuso el procesismo incluso atrayendo a esos postulados a muchos partidos de izquierdas que por interés y voluntarismo intentaron hacernos al resto comulgar con ruedas de molino. La derecha nacionalista es protectora de rentistas y del capital, y entiendo que cuando tienes que pactar con diferentes tienes que hacer concesiones para lograr algo de todo aquello en lo que crees. Es normal ceder sacando del decreto a los inquilinos vulnerables para eludir de esa responsabilidad a los pequeños propietarios para poder aprobar algo, pero lo que no se puede hacer es vender tu alma al diablo comprando un argumentario que nunca puede ser el nuestro. 

No existe rentista bueno. No existe un rentismo tolerable. No hay pequeños rentistas con los que ser condescendiente y, desde luego, no podemos desde la izquierda contemporizar con ese discurso que quiere proteger a los pequeños rentistas y menos aún con un discurso que los dibuja como un colectivo vulnerable. Es tolerable, por fuerza mayor, aceptar que esos pequeños rentistas queden fuera de un decreto de protección a los vulnerables, pero dejando claro que esos rentistas son parte del problema. Porque si no lo fueran, si formaran parte del corpus ideológico de la izquierda que cree que la vivienda es un derecho y no un bien de mercado, no habrían formado parte de la rueda perversa del capital que participa de los beneficios del mercado a costa del esfuerzo y la fuerza de trabajo de los inquilinos. 

Si el pequeño rentista quiere ser considerado un agente social a proteger por la izquierda que empiece por poner su vivienda a la mitad de precio de mercado. Todos y cada uno de esos pequeños rentistas seguirían ganando dinero y al menos demostrarían que los que pensamos que son solo una rueda demente más de este sistema que perpetúa el vapuleo a los que menos tienen nos equivocamos. No ocurrirá, no lo harán, solo algunos serán excepción de ese mecanismo egoísta que deja a millones de españoles en una situación de precariedad. 

Y no le echen la culpa solo a los políticos, porque ellos lo que hacen es defender los intereses perversos de ustedes, rentistas, que son muchos y muy poderosos, y ellos funcionan solo como el brazo ejecutor de sus intereses. Puede que quieren dar pena con historias inventadas —puede que alguna sea real— de unos pocos propietarios que malviven con el alquiler de una segunda vivienda. A mí no me la dan, y si se sienten aludidos con este texto es que algún pellizco de culpa tendrán por hacer lo que hacen. No me miren a mí por decirles lo que son y empiecen por rebajarles el alquiler a la mitad a su inquilino. El mercado no les obliga a ser avariciosos. Tienen elección. 

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