Trump inventa el viejo Orden Mundial
El fascismo estadounidense está en auge, y cualquiera que se resista a decirlo claramente es profundamente antipatriota. Nada de lavados de imagen, nada de dobles bandos. Solo afrontar la terrible verdad puede liberarnos.
Esto sí que ha sido empezar el año con una fuerte convulsión. Lo peor es que no se va a quedar solo en eso. El asalto y secuestro del presidente de Venezuela Nicolás Maduro perpetrado por los Estados Unidos de Trump y todo lo que hemos ido viendo en estos escasos pero intensos días tiene vital importancia y marca una tendencia muy peligrosa para la democracia. Sin embargo, aunque no lo parezca ahora, puede no ser el paseo triunfal que prevé el inquilino de la Casa Blanca y que hoy tiene atemorizada a media humanidad. Es el viejo orden mundial pero con matices relevantes. Un ser sobrepasado que este martes hablaba casi hora y media ante un aforo republicano pidiéndoles que se movilicen para no perder los votos de medio mandato, histriónico, burlándose de los líderes internacionales, con notables signos de desequilibrio. Demasiadas emociones estos días.
Ciego de vanidad y odio, el magnate convicto de 32 delitos no menores, el pederasta en las fotos de Epstein, se ha lanzado a poner el mundo a sus pies. Por la fuerza. Para hacerse con el poder y los recursos económicos. Una serie de países acostumbrados a postrarse ante el amigo americano, una UE más tibia y noqueada que de costumbre y las filias y fobias entre los países que hoy deciden en el mundo -China y Rusia, además de EEUU-, con la oscura sombra del Israel de Netanyahu, nos dejan un panorama realmente inquietante. Solo un grupo de 7 estados europeos, entre ellos España, ha planteado objeciones al golpe de Trump y sus proyectos, en particular defienden a Dinamarca y Groenlandia de las amenazas estadounidenses. Para colmo, la derecha española -con la mínima visión y la máxima suciedad- intenta sacar beneficio de esta tragedia usándola en su provecho para tumbar de una vez al gobierno de Sánchez. Un error histórico descomunal, en el caso de que quede un atisbo de aprecio por la democracia y la decencia en ese partido.
Lo importante, el petróleo
Le gusta el espectáculo a Trump, los golpes de efecto -son los pilares de la popularidad que le llevó por dos veces a la presidencia de los Estados Unidos- y carece de escrúpulos. El regalo de año nuevo que fabricaba dejó helado al mundo. Sabemos que lo prepararon con tiempo y han tenido topo interior en Venezuela, que el único interés de Trump es controlar el petróleo y los recursos naturales del país (oro y tierras raras) y no le importan en absoluto ni los venezolanos, ni la democracia. Se ha cansado de repetirlo y aún hay quien quiere creer en los cuentos de hadas.
Es cierto que va a necesitar una fuerte inversión económica para reflotar la industria petrolera venezolana. Disponen de las mayores reservas del mundo, pero no de la máxima producción, ni mucho menos. Necesitará tiempo también. El New York Times hablaba de dos años como mínimo. Mientras, Trump y su gobierno van a tener el control -también se ha cansado de enfatizarlo-, no es tiempo ni de elecciones, ni de liberación de presos como le piden. Francisco Monaldi, director de política energética latinoamericana en el Baker Institute, alarga más los plazos: cree que “restaurar la capacidad perdida de la industria requerirá inversiones de unos 100.000 millones de dólares en una década”. Y añade: siempre que “los riesgos geopolíticos y legales puedan ser asumibles”. Y eso sí es lo que cambia algo respecto al pasado. Lo incluía en su análisis en Eldiario.es Ignacio J. Domingo
A Estados Unidos le es más cómodo hacerlo con el chavismo, con Delcy Rodríguez. La leyenda de que no ha elegido a María Corina Machado para ese papel porque aceptó el premio Nobel de la Paz -pasma todo esto- la ha rechazado el mismo Trump: no le gustó, dice, pero el problema fue la falta de entendimiento con los negociadores estadounidenses, creciente durante los meses que se han entrevistado con ella. Un informe de la CIA la desechó también como candidata idónea. A estos niveles anda y anduvo la cosa.
Trump se divirtió mucho viendo en su residencia de vacaciones de Mar Lago en Florida la “película” del asalto y cómo el topo colaboró a la perfección anulando medidas de seguridad. Al punto de felicitarse: “por fortuna, no ha habido víctimas mortales”, dijo. Estadounidenses. Entre venezolanos civiles y la seguridad cubana de Maduro, fueron 80 personas los muertos. No son víctimas para Trump, como no lo fueron el centenar de asesinatos extrajudiciales que han practicado en el Caribe para caldear el ambiente.
Ofende la inteligencia que Trump esgrima el narcotráfico como excusa -legal, digamos- de esta gravísima violación del Derecho Internacional. Trump ha estado indultando a narcotraficantes: eso sí, de ultraderecha como él. Y tiene de Secretario de Estado a Marco Rubio. El hispano que ha llegado tan lejos en la administración norteamericana, tiene un historial sobrecogedor en el tema. “De adolescente, Marco Rubio trabajaba para su cuñado Orlando Cicilia en un negocio de importación y venta de animales exóticos. Era una fachada para mover casi medio millón de libras de cocaína y marihuana”. Lo cuenta este magnífico reportaje que recomendaba ayer Marta Peirano. Y merece la pena leerlo, con una pinza en la nariz. Por cierto, el Departamento de Justicia de EEUU ya le ha desmontado a Trump la primera acusación: Maduro no era el capo del Cartel de los Soles porque tal cosa no existe, era una forma coloquial de llamar al sistema clientelar que suele darse en administraciones corruptas. De todo el mundo. El PP español se ha quedado colgado con su “narcoestado” a cuestas y todos aquellos a quienes su odio y sus intereses han querido implicar. Aunque nunca la realidad les estropea una insidia. Y ahí siguen a piñón fijo.
La mezquina reacción del PP
El PP y sus huestes mediáticas desplegaron una actividad corrosiva desde el primer momento. Se mostraron felices con ese asalto ilegal a un país extranjero en la línea de sus deseos. Luego vieron que había algunos “fallos” en el programa. Feijóo, con el entusiasmo de su cúpula, hasta le dirigió un “manifiesto” a Donald Trump para decirle lo que tenía que hacer. Feijóo a Trump, en serio. Desde luego exigen colocar a María Corina Machado y Edmundo González en el poder. Cuca Gamarra estuvo especialmente activa por los medios en el mismo sentido. A Cayetana Álvarez de Toledo le faltó poco para fulminar con su desprecio a Trump, y Ayuso desde Uruguay, donde está de vacaciones con su encausado novio, intervino con fondo falso y torpeza infinita en el mismo sentido. Hasta Susana Griso se quedó helada.
Inmediatamente, el PP pasó a relacionar a Sánchez y Zapatero con el chavismo -un clásico- y a pedir responsabilidades. Las crías de la especie, los NNGG, hicieron hasta montajes con el presidente del gobierno maniatado como Maduro y. a pesar de las críticas, de Zapatero en igual tesitura. Los medios a su servicio, en la misma línea. Los apéndices judiciales de ultraderecha presentaron urgentes querellas. Incluso Manos Sucias ante la embajada de Estados Unidos, ese país paradigma hoy de la legalidad.
Es terrible que en un momento tan crítico para la democracia mundial, el PP solo piense en sacar tajada una vez más. Auténticos carroñeros. A todos los niveles, está siendo un test muy preciso para saber con qué clase de chusma convivimos en la sociedad española. Han ido pasando por la taquilla de soltar sus inmundicias la flor y nata de la ultra caspa española. Hasta un torero que pide a Estados Unidos asalte también La Moncloa. Es desolador porque la gran base del nuevo fascismo autócrata cuenta con sectores sociales sin criterio ni moral, capaces de abrazar una brutalidad como la perpetrada por Trump.
Filias y fobias entre los tres colosos
Porque esto no acaba aquí. Donald Trump, en el viaje de vuelta a Washington, amenazó a Cuba, a Colombia y a México. Ya no oculta, ni él, ni su delirante equipo de gobierno, que quieren el control de América entera. Su principal asesor Stephen Miller, afirma que Estados Unidos tiene derecho a tomar posesión de Groenlandia y a controlar a estados más débiles haciendo uso de su poderío militar Y vean lo que tuiteó el Secretario de Estado de la Guerra, el inefable Pete Hegseth.
En el mundo que se está fabricando Trump no cuentan, como en los viejos tiempos, ni las leyes, ni el derecho, ni la democracia. Ni se pide permiso, ni disculpas. Es el petróleo, dice, en el caso de Venezuela. Es el dinero, acumular tanto como el que más, el que nunca llegará a poder gastar. Pero tiene una familia y hasta un hijo que despunta como heredero. Todo esto en el siglo XXI, como si nada hubiera ocurrido antes. La fuerza bruta, de nuevo, el matonismo. La complicidad de los sin complejos o de los que no saben ni por dónde les da el aire. Lo que se ha trabajado a conciencia, primando el egoísmo personal como motor, y la idiotización de grandes capas sociales. Tanto, como para no querer saber que en el régimen que quiere imponer Trump, no hay prácticamente sanidad pública, ni ayudas a sectores más desfavorecidos. De hecho allí ha suprimido estos días 10.000 millones de dólares para prestaciones a la infancia vulnerable en cinco estados demócratas: California, Colorado, Illinois, Minnesota y Nueva York, y esto llega también con tintes racistas. Educación de pago, privada, -como empieza a dominar en la España de las autonomías del PP-, rechazo del diferente o todo tipo de controles incluso a la información.
Y, sin embargo, esto puede no ser un paseo triunfal. De momento, múltiples análisis constatan un hecho cierto: el asalto de Trump a Venezuela, legitima el de Putin a anexionarse Ucrania toda o en parte, y, por ejemplo, los países bálticos que sin duda le apetecen. Estonia, por cierto, es el lugar de nacimiento Kaja Kallas, actual alta representante de la UE. Más no parece que quiera avanzar Putin en Europa, en principio. Y a China le abre las puertas de lo mismo en Taiwán.
Al margen de la rivalidad de dos egos superlativos, Trump y Putin mantienen unas excelentes relaciones. Aunque no operen de la misma forma en algunos sentidos, Rusia tiene fuertes vínculos con Venezuela, uno de sus principales aliados en el continente americano. Tampoco es mala la de Putin con la China de Xi Ping. Otra cosa es la de Trump y el presidente chino. Venezuela ya vendía petróleo en yuanes. La pérdida de valor de la dolarización también está detrás de la acción del estadounidense. Los BRIC (China y Rusia entre ellos) ya no comercian en dólares. Y la fuerte presencia de China en América Latina y en África que se ha trabajado con dinero y cooperación -no con violencia- es un reto para Trump.
Los conflictos legales que se temen están ahí y son fundamentales en manos chinas. Los EEUU de Trump están operando con la fuerza bruta y China con contratos. El país asiático está presente en al menos 150 países. Y en su primer comunicado, tras declarar que estaban en contra del uso de la fuerza en las relaciones internacionales, avisó sutilmente: “Los intereses chinos en Venezuela estarán protegidos por la ley”. Lo están ya. Y como todos los contratos que el gobierno de Pekín establece con otros Estados son de obligado cumplimiento para los líderes sucesivos. Y sirven para toda la arquitectura de los contratos chinos en el extranjero. Los cambios de régimen que Trump propicia pueden tener este grave inconveniente: las reclamaciones. En un mundo que ya parece regirse solo por el dinero y los beneficios es un matiz a considerar. Aunque las autocracias fascistas podrían anular incluso esos derechos legales. Las perspectivas son lúgubres. Es como si anduviéramos con el propio Trump por un alambre sobre el abismo, todo puede pasar desde el desastre que se avanza a su fracaso con o sin consecuencias.
En cualquier caso esto no ha hecho más que empezar. Hay movimiento de aviones de transporte estratégico y de reabastecimiento aéreo llegados desde EEUU a sus bases de Reino Unido y Alemania. ¿Groenlandia? ¿Irán para y con Israel? ¿Lo cotidiano, sin más?
33