La tormenta perfecta del fascismo en España
La tendencia es mundial -en distintos grados- pero hay causas concretas que explican el momento actual del auge de la ultraderecha en España. En todas partes hay algo más que insatisfacción con las respuestas de la política: hay… mucho dinero oculto invertido en el triunfo de los fascismos. Se viene avisando desde hace tiempo y desde posiciones muy fundamentadas y, al no pararlo, va a más.
Crece Vox en las elecciones autonómicas. Acaba de ocurrir en Aragón, como hace poco en Extremadura. El Partido Popular, el tronco del que nació el partido ultra, ha promocionado su ascenso con sus actitudes erráticas, no cabe duda. Pero no olvidemos las raíces: el fascismo franquista permaneció en nuestra sociedad absolutamente impune. Y eso se paga.
Vivir décadas en una dictadura afecta al carácter y a sus reacciones de diversas formas. Opuestas incluso. Una es el acatamiento servil, y ejemplo entre muchos, el de aquellas madres que decían a su hija maltratada por el marido: “aguanta, hija mía, aguanta”. Apoyada por la abuela, si era el caso, y desde luego por el sacerdote confesor.
En otras personas vivir en una dictadura produce una rebeldía irreductible. Aragón presumió de ella siempre, porque desde mucho antes venía. Siglos. Los nobles aragoneses exigían al rey en su juramento como tal unos requisitos lapidarios: “Nos, que somos y valemos tanto como vos, pero juntos más que vos, os hacemos Principal, Rey y Señor entre los iguales, con tal que guardéis nuestros fueros y libertades; y si no, no”. Eran los nobles, no la plebe, pero por algo se empieza. Y, de hecho, las Cortes aragonesas fueron de alguna manera un precedente del federalismo. Probablemente por obligación, dados los potentes territorios que aglutinaba, desde el Condado de Barcelona, a los reinos de Valencia, Mallorca, Sicilia, Cerdeña y Nápoles y el propio reino de Aragón. El Justicia de Aragón fue otro precedente: el primer Defensor del pueblo u Ombudsman, que se sepa, y lo fue desde el año 1.115.
Siempre presumió Aragón de su coraje. Desde echar a los franceses en Zaragoza a apellidar, mucho antes incluso, a uno de sus reyes, Alfonso I el Batallador. Ya ven lo que hacen ahora los cachorros ultras en los mítines en plena Plaza del Pilar, enmarcada por una Basílica, una Catedral (La Seo), el Palacio Episcopal y el Ayuntamiento.
Aragón alojó incluso, en Fraga, una cédula libertaria extrema durante la guerra civil que hasta abogaba por instituir el amor libre; ahora votan Vox porque el pueblo acoge a emigrantes que les trabajan el campo y les recogen la fruta. Y no olviden la osadía de Benasque, en Huesca, que salía en procesión religiosa durante todo el franquismo cantando algo muy parecido al Himno de Riego, muy parecido. Somos peculiares los nacidos en Aragón.
El sentimiento regionalista ha sido muy potente siempre, pero se fue debilitando para caer sustituido por una especie de baturrismo costumbrista, que es otra cosa. Parece que el espíritu aragonés vuelve a emerger vibrante en la actual Chunta Aragonesista.
A la vez es intenso en Aragón el anticatalanismo “por agravios comparativos”. Javier Lambán lo practicaba y seguro que ha restado votos al PSOE de Pilar Alegría. Los aragoneses se partieron el pecho hace décadas por defender el agua del Ebro, que no se trasvasara a Catalunya y, de hecho, se paró el proyecto. Ahora Azcón está embarcado en 28 proyectos de Centros de Datos, “pan para hoy, hambre para mañana”. Los más grandes: Azora (300 megavatios), el de ACS en La Puebla de Alfindén (300 mg) o el Rhodes, de Blackstone ( 650 mg). Si todos salen adelante, consumirían cinco veces la energía de Aragón. ¿Qué quedará para los ciudadanos?
Los más gruesos nubarrones de la tormenta perfecta del fascismo en España se alojan en ese manto que dejó absolutamente impune al franquismo y lo ha cubierto al punto de no enseñarlo en los colegios. Al parecer, muchos jóvenes simpatizantes de Vox, del PP incluso, ignoran lo que fue aquello. Lo que son sus herederos y eso es peor si cabe.
España registró una evolución extraordinaria desde la Transición, eso sin duda. A pesar de todos los pesares. Algunos la traían de antes, de toda una vida y por sus propios medios. El caso es que se fue saliendo de aquel pozo unos por propia voluntad, otros arrastrados por la inercia de cambio, de logro democrático.
El voto condicionado es otro factor decisivo. Gran vendaval que agita la tormenta perfecta. En conjunto hay quienes no saben, al parecer, que votan contra sus intereses. Contra las pensiones, contra la sanidad pública, los derechos de las mujeres... El economista y escritor, José Luis Sampedro, decía que la mayoría acude a las urnas o se abstiene sin la previa información objetiva y la consiguiente reflexión crítica que debe asistir a todo verdadero ciudadano movido por el interés común, que los votos están muy condicionados. Y sabemos que en los últimos años se ha usado hasta la manipulación de los algoritmos en redes sociales para alterar elecciones.
Al final se ha caído de bruces en la sociedad del espectáculo, la que ha pasado -casi sin prescindir de ningún ingrediente adocenador- de la televisión basura a la jungla de las redes y a las plataformas demasiado pobladas de estúpidos que logran vivir del cuento cautivando adeptos. A medios que han dejado de ser informativos para realizar una especie de terrorismo informativo.
El bulo, la mentira, la calumnia. El PP y sus medios han logrado convertir a Pedro Sánchez en un enemigo público. Y multitud de sus becerros cuentan historias aberrantes sobre él de corrupciones sin fin, prostitución, organizaciones mafiosas. Sin pruebas. Los procesos de claro lawfare se han prodigado en ayuda de esa destrucción de la persona que gobierna este país. Y ya hay hasta quien acude al autoproclamado sheriff malote del universo, Elon Musk para que castigue a Sánchez. Se apunta hasta Feijóo que sigue podrido de rabia y envidia a pesar de los “éxitos” electorales que proclama. O Felipe González, quien una vez más comparece cuando el PSOE está en momentos bajos, para atizar a Sánchez y ver si por fin consigue tumbarle.
Sánchez ha cometido fallos en el difícil equilibrio de sus apoyos parlamentarios, pero creo que nadie con un sentido estricto de la justicia puede sentirse cómodo con la lapidación y despiece que se hace de él y su familia. Porque, de querer buscar algún atenuante a semejante cacería, no está en la suciedad de intenciones de quienes la practican.
Anotemos, además, como factor crucial de esa tormenta perfecta la inacción de los gobiernos, de este también, para combatir los peligros que se ciernen sobre la democracia. Sin duda los de derechas ni lo han intentado. Y vista la evolución de Felipe González queda bastante probado que se limitó a darle un maquillaje -muy efectivo- a este país. Fue Zapatero y su gobierno los que impulsaron medidas avanzadas, el odiado quizás por eso. Los de Sánchez han sido más timoratos. Acosado sin tregua y sin piedad Podemos, y luego el propio presidente y su familia.
Gabriel Rufian decía tras los resultados electorales de Aragón: “Lo que viene no se para con siglas, se para con pueblos”. Y con los gobiernos democráticos, añado. Porque venir, viene, y es tarea ingente pero no imposible para detenerlo. No se trata solo de acabar con el fascismo en las redes sociales, hay que abordarlo también en los estamentos esenciales de un Estado democrático flaquean. Y todos sabemos cuáles son y los lastres que están dejando. Cuánto queda por investigar seriamente de lo que vemos estupefactos los ciudadanos. Cuesta creer que no se actúe con rigor ni contra los bulos, las graves calumnias, las amenazas. Hay que resolverlo en bien de la sociedad, por la democracia. Y urge. Es inaplazable.
La rueda ha vuelto a girar como siempre. Hoy las portadas normalizaban el fiasco en el que se ha metido el PP con este nuevo resultado electoral. Con verbos floridos: Feijóo tiende la mano a Vox, reta a Vox o tiende la alfombra a Vox. La ultraderecha española sigue ascendiendo en las encuestas. En el Teruel que ha situado a Vox como segundo partido más votado, le contaban a El Mundo, que ese aluvión de votos recibido es “por el porte de Abascal” y “su defensa del toro y la caza”.
Una lluvia ingente de dinero para promocionar la ultraderecha que facilita lucros selectivos. El ataque continuado, judicial incluido, contra el PSOE por gobernar. El odio como política y el insulto como reclamo. La desinformación creciente. No votar derechos, sino dardos envenenados, en muchos casos. Algo hay que hacer. Ya.
7