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¿Hacia una Tumultocracia?

Herbert Simon, uno de los economistas más visionarios del siglo pasado, definió claramente la paradoja a la que nos enfrentamos en la sociedad de la información. Como la información consume la atención de sus receptores, una riqueza de información generará indefectiblemente una pobreza de atención. Y muchos oportunistas se aprovecharán de eso. 

Los medios de comunicación ocupan cada vez más espacio en nuestras vidas. Hace décadas los ciudadanos les dedicábamos de promedio unas pocas horas a la semana, leyendo el periódico o escuchando la radio en familia. Pero, con la expansión de las cadenas de televisión primero y con el mundo digital después, les he hemos ido dedicando una fracción más importante de tiempo. O, dicho de otra manera, los medios de comunicación, incluyendo las redes sociales, consumen un porcentaje creciente de nuestra atención. Sin ir más lejos, tocamos de media nuestro teléfono 2,600 veces al día.

Esos millones de horas de atención son valiosísimas para los que Tim Wu llama “mercaderes de atención” ( aquí). Los medios de comunicación compiten por el jugoso mercado de la atención, para luego venderla a otras empresas a cambio de ingresos publicitarios. Por un lado, ello puede tener efectos positivos sobre la independencia de los medios de comunicación, porque, cuanto más dinero privado ingresen, mayor es su independencia de los poderes políticos. Por otro, las estrategias comerciales de los medios les pueden llevar a especializarse en nichos concretos de mercado, contribuyendo a crear cámaras de resonancia donde los consumidores son expuestos a mensajes confortablemente homogéneos desde el punto de vista ideológico. Además, los gobiernos son también capaces de manipular estratégicamente la atención de los ciudadanos, ya sea a través de publicidad institucional o de hackers a sueldo que propaguen “mangueras de mentiras” ( aquí).

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Permisos para conciliar: del permiso de maternidad a los permisos parentales individuales

Suecia inició en 1974 un cambio de paradigma al sustituir el permiso de maternidad por un permiso parental individual para madres y padres. Otros países, como Noruega, Islandia, Nueva Zelanda, Australia y Portugal han seguido la senda de la sustitución del permiso de maternidad por un permiso parental genérico por nacimiento (adopción/acogimiento), de tal manera que el cuidado de la infancia ha pasado de ser considerado una responsabilidad exclusiva de las madres a una corresponsabilidad de padres y madres (hetero y homosexuales). Este cambio de paradigma responde al aumento de las necesidades de conciliar el empleo con la vida familiar y a las demandas de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Todavía persiste el estereotipo de que conciliar es cosa de mujeres, pero de hecho es también tarea de hombres.

La muy baja tasa de fecundidad española (entre 1,3 y 1,5 desde 1988), el incremento de la tasa de ocupación de madres con hijos/as de 0 a 2 años de 41% en 1999 a 60% en 2014 ( OECD 2018) y el aumento de los divorcios de parejas con hijos pequeños han cambiado radicalmente las condiciones de crianza en nuestra sociedad. Compaginar un empleo con ingresos adecuados para tener descendencia y además disponer de tiempo para  cuidar es muy difícil para la mayoría. Pagar cuidados privados está al alcance de muy pocos, por lo que las políticas públicas de permisos y servicios de educación infantil son más necesarias ahora que antes de la crisis. Tampoco las abuelas cuidan como en el pasado: solo un 15% de las criaturas de 0 a 2 años reciben cuidados informales en España ( OECD 2018). Además el 63% de las personas en edad de tener hijos pequeños prefiere que estos vayan a una guardería si tanto el padre como la madre trabajan (cf. pregunta 5, Estudio CIS 3009, 2014). Cuando los hijos son menores de un año muchas parejas prefieren cuidar del bebé en el seno del hogar, para lo cual los permisos parentales son cruciales.

Esta situación explica que la conciliación empleo-familia y la equiparación del permiso de paternidad al de maternidad hayan entrado con fuerza en la agenda pública. Hay unanimidad sobre la necesidad de una intervención estatal para mejorar las posibilidades de tener descendencia y cuidarla. Los grupos políticos en el Congreso han instado reiteradamente a los gobiernos a reformar el disfuncional sistema de permisos (Proposición no de ley 161/000918 octubre 2012 y proposición de ley 122/000223 mayo 2018). Actualmente hay un derecho individual a un permiso de maternidad de 16 semanas remunerado al 100%, de las que 6 semanas son obligatorias para las madres y las 10 semanas adicionales pueden ser disfrutadas por la madre o por el padre (semanas transferibles). En 2007 se  concedió a los padres un permiso individual de paternidad de 2 semanas, remunerado al 100% e intransferible (si no se toma, se pierde). En 2017 este permiso se amplió a 4 semanas y en los presupuestos de 2018 está prevista su ampliación a 5 semanas. El permiso de paternidad intransferible refleja el cambio social hacia la corresponsabilidad también en España.

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A la luz del farol

Fin deseado y previsto del procés. Institut de Ciències Polítiques i Socials (ICPS) Sondeig d'Opinió Catalunya 2015-17. @Piedras_Papel

¿Quiénes creen, o han creído durante estos años, en la posibilidad real e inminente de la independencia de Catalunya? Se acaban de publicar los últimos datos del Sondeig d'Opinió Catalunya (n=1200) del  Institut de Ciències Politiques i Socials (ICPS), que desde 2015 realiza una pregunta interesante sobre cómo quieren los catalanes que termine el procés y, lo que ahora nos interesa más, cómo creen que terminará. El número de personas que, año tras año, sostienen que acabará con la independencia es siempre el mismo: en torno al 16% de la población de Catalunya. Estos son, aproximadamente, la mitad de los que lo desearían que el proceso culminara de ese modo. Casi todos ellos son partidarios de la independencia, pero no todos: más o menos uno de cada diez de los convencidos del futuro del procés, en su fuero interno, querrían otra cosa. 

Hace unos días, la ex-consejera Clara Ponsatí ha dicho: " estábamos jugando al póquer e íbamos de farol". Se ha leído como autocrítica, pero interesa la paradoja.  Si solo la mitad de los convencidos lo creen, es difícil que lo crean "el gobierno", "los españoles" o como llamemos a los presuntos destinatarios del farol (una forma específica de engaño). Cabe entonces pensar que los receptores pueden ser los catalanes no "procesistas", y aunque no haya sido muy eficaz, pues  solo una pequeña minoría ajena a los fines ostensibles del procés piensa que su resultado es inevitable, tampoco debe desdeñarse: en torno al 1,7% de los ciudadanos de Catalunya lo ven venir y no lo desean. En una entorno en el que algunos hacen gala de la convicción de que basta con alcanzar la mitad más uno -y se deja ver que ya se toca con los dedos- cada victoria cuenta. Sin embargo, esto pide, de nuevo, el principio, ya que casi todos sabemos que es imposible hacer una secesión sin consenso en tiempos de paz y democracia (y UE). Cabe, por último, pensar en una especie de refuerzo parecido al autoengaño (que no excluye lo anterior), aunque la idea de engañarse a uno mismo es enigmática. Tanto como hacerse trampas al solitario, ya que ha salido la baraja.

Gráfico 1.  Hegemonía fallida o vanguardismo exitoso

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Sigue cantando Sergio Ramos, sigue cantando

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Los futbolistas Sergio Ramos e Isco

Hace unos días Alberto Penadés escribió esta estupenda entrada sobre los himnos nacionales. Hoy voy a ponerla en contexto con el mundial de futbol que empieza en Rusia esta semana. La competición será un evento global que generará audiencias millonarias. Como muchos seguidores saben, antes del inicio del partido, suenan los himnos nacionales de los respectivos equipos. (Reconozco que he empezado a leer las letras de algunos himnos de las selecciones. Coincido con Alberto: “Un himno sin letra es una bendición). Y en ese momento, cuando suenan los himnos, las cámaras de televisión nos ofrecen la siguiente imagen: se enfoca a cada uno de los jugadores. Algunos tienen la cara seria, otros tienen una expresión más relajada; unos están mirando al frente mientras que otros lo hacen al suelo o hacia arriba. Cuando los himnos suenan, unos cantan y otros callan. Entre los que cantan, algunos lo hacen como muy concentrados, casi, se podría decir que con pasión.

Hoy voy a hablarles de la relación entre la pasión con la que se canta el himno y el resultado final del partido. Efectivamente, en ciencias sociales hay investigación al respecto. En concreto, en un reciente artículo en el European Journal of Sport and Science, Matthew Slater, Alexander Haslam y Niklas Steffens de las universidades de Stafforddhire y de Queensland, respectivamente, encuentran que las selecciones que cantan el himno nacional con más pasión conceden menos goles. 

Pero ¿qué es la pasión? El diccionario ofrece nueve entradas. Las que, a mi parecer, mejor se ajustan a lo que entendería por pasión sobre una cancha de fútbol son la sexta-“inclinación o preferencia muy vivas de alguien a otra persona”-  y la séptima – “apetito de algo o afición vehemente a ello”-. Los autores utilizan una definición de trabajo que es una mezcla de estas anteriores y entienden la pasión como “una fuerte inclinación hacia una actividad que a la gente le gusta (o incluso ama), que consideran importante, y en la que se invierte tiempo y energía”.

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Tras el éxito de Pedro Sánchez

Pedro Sánchez, tras abandonar el hemiciclo recién elegido presidente/Marta Jara

Como si se tratara de una serie de ficción política, comienza ahora en la política española, y cuando nos aproximamos al ecuador de la legislatura, una nueva “temporada” en la que se ha introducido un giro inesperado del guión. En apenas nueve días, el partido que gobernaba en minoría en España pasaba de dar por segura su continuidad, hasta el final de la legislatura, con la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, a verse desbancado del poder tras prosperar una moción de censura.

La sentencia judicial sobre el caso Gürtel, que se conoció tan sólo un día después de que el PP consiguiera aprobar los Presupuestos, marcaba un punto de inflexión. La Audiencia Nacional daba por acreditada la existencia de una contabilidad B en el PP. En cuestión de horas, los partidos de la oposición reajustaron sus estrategias frente al nuevo escenario, con el innegable éxito del PSOE para sacar adelante la moción de censura. Sánchez lograba el apoyo de siete partidos cuyo único denominador común era el interés por desalojar a Rajoy de La Moncloa, evitando la convocatoria inmediata de elecciones anticipadas y, con ella, la potencial arrolladora victoria de Ciudadanos.

El paso del gobierno a la oposición ha supuesto, por un lado, la confirmación del cambio de papeles entre el PP y el PSOE, pasando el primero a la oposición y el segundo al gobierno. Y, por otro, un cambio de protagonistas, con Pedro Sánchez como flamante nuevo Presidente del gobierno y un ex Presiedente, que antes de sentarse en la bancada de la oposición, ha anunciado su retirada política. Este relevo, es si cabe, más sorprendente, porque hace tan sólo quince días el dirigente socialista aparecía como un líder desdibujado. Y a la cabeza de un partido que cotizaba a la baja y se veía seriamente amenazado por el meteórico ascenso demoscópico de Ciudadanos, así como por la pujanza de Albert Rivera, quien ahora lucha por no verse convertido en "un actor secundario".

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¿Nos gustaría tener un gobierno de expert@s?

Semana de formación de gobierno. Vaivén de nombres y criterios. Representación de territorios, géneros, corrientes ideológicas,…. Uno de los debates importantes que se produce también en estos casos, y que también ha sobrevolado los acontecimientos de estos días, ha sido el de si los nombramientos debían recaer en personas con conocimientos y experiencia profesional en los ámbitos en los que van a trabajar. En resumen, ministros políticos o ministros técnicos. Un debate concreto que ilustra un dilema social más amplio: ¿qué papel queremos reservar a l@s expert@s, sus conocimientos y sus criterios en nuestro proceso de toma de decisiones? Este es uno de los temas que abordamos en nuestro libro ¿Por qué la gente odia la política? y sobre el que podemos destacar tres grandes conclusiones.

L@s expert@s, nos ponen. La primera reacción cuando preguntamos a la gente por el papel que deberían jugar l@s expert@s en las decisiones políticas es siempre positiva. Por ejemplo, si ponemos por delante dos frases como dar mucho protagonismo a “expertos independientes y no a los políticos o la gente”, frente a “dejar que los gobernantes tomen las decisiones”, la primera siempre recoge un nivel de apoyo mayor. L@s expert@s tienen un atractivo singular porque mucha gente percibe que tienen justo aquello que les reclaman a l@s polític@s: preparación  técnica y capacidad de guiarse por criterios objetivos antes que por lealtades partidistas. Y aunque parte de este atractivo se da en muchos otros países, este es muy especialmente destacado en el caso español, con niveles de apoyo a esa idea muy por encima de los que encontramos en otros países (como se muestra, por ejemplo, aquí)

Preferimos que l@s expert@s opinen y se les escuche, pero que no sean ell@s quienes gobiernen directamente. Efectivamente, cuando profundizamos un poco más, las opiniones mayoritarias de la ciudadanía empiezan a matizarse. Por ejemplo, si ya enfrentamos la toma de decisiones políticas importantes contra nuestro principal mecanismo de toma de decisiones colectivas, las elecciones, estas ganan la batalla, como muestra el gráfico 1. Y no sólo las elecciones, otros mecanismos de toma de decisiones participativas tienen un atractivo parecido.

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Cinco lecciones de la moción de censura de Pedro Sánchez

Pedro Sánchez tras la moción de censura

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Ciudadanos, ¿hacia el populismo de extrema derecha?

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Albert Rivera, en el acto España Ciudadana. Imagen: Ciudadanos

El acto "España Ciudadana" del pasado fin de semana es probablemente la culminación de un proceso de transformación ideológica que se ha ido gestando en Ciudadanos a lo largo de los últimos meses. Se trata de una transformación de gran calado consistente en desplazar el eje central de la estrategia del partido de la regeneración democrática a un discurso de corte nacionalista español. Gracias a este movimiento estratégico, Ciudadanos ha logrado lo que hasta ahora parecía imposible en la política española: lograr agrietar las bases más conservadoras del PP. Según los últimos barómetros del CIS, Ciudadanos cuenta hoy con el 24% de los votos de los españoles de derechas (valores 7 y 8 de la escala ideológica). Se trata de un porcentaje tres veces superior al de abril del año pasado (4-9%).

Es cierto que la identidad nacional se encuentra en el ADN de Ciudadanos, pues apareció en Catalunya hace ya más de una década como resultado de la clásica confrontación nacionalista entre el centro y la periferia. Sin embargo, cuando Ciudadanos irrumpió en el escenario político español, su perfil anti-nacionalista catalán quedó relegado a un segundo plano. Hasta hace pocos meses, el éxito de Ciudadanos se explicaba por su discurso de regeneración democrática y de hartazgo con la corrupción entre electorado de centro y centro-derecha. Sin embargo, cuestiones como la identidad nacional o la preferencia sobre la organización territorial del Estado no tenían prácticamente nada que ver con el voto a Ciudadanos en las elecciones generales de 2015 y 2016.

Este perfil ideológico que tenía Ciudadanos al llegar a la política española ha cambiado sustancialmente en los úlitmos meses y actualmente el nacionalismo ocupa un papel central. Según la nueva versión de Ciudadanos, los conflictos tradicionales de clase social o las actuales brechas generacionales deben dejarse a un lado con el fin de estar unidos ante una coyuntura crítica para España.  Albert Rivera lo dejó claro en su discuro del fin de semana pasado: sólo ve a españoles, sin facciones ni intereses contrapuestos. Ahora no es momento de poner el acento en  lo que divide a los ciudadanos, España debe ser un solo pueblo unido ante la agresión del secesionismo catalán.

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Ya haremos dieta después de las elecciones

Quizá ustedes ya lo hayan notado. Aceras levantadas, instalación de farolas en las zonas más oscuras, calles cortadas para construir una nueva rotonda majestuosa, la promesa de un parque reluciente donde antes solo había un descampado... Una actividad acelerada se desarrolla en su municipio más cercano. Se acercan las elecciones.

Efectivamente, queda un año para las próximas elecciones municipales en España. Es precisamente en este periodo de tiempo cuando más visible se hace un fenómeno conocido en inglés como political budget cycle (ciclos políticos en la política presupuestaria). Se trata de un patrón de comportamiento de los gobiernos, potencialmente de todos los niveles, por el cual los políticos al mando actúan sobre la política fiscal para maximizar la probabilidad de volver a salir reelegidos. Estos ciclos suelen tomar la forma siguiente: Según se van acercando las elecciones, llega la bonanza fiscal. Rebajas de impuestos y tasas. Gasto en obras que se aceleran para inaugurarse unas semanas antes de los comicios. Para compensar estos excesos, después de las elecciones toca hacer dieta. Subidas de impuestos, parón en la obra pública. Es la época de vacas flacas en política fiscal.

 ¿Existen estos political budget cyclesen los municipios españoles? Muy posiblemente ustedes recuerden casos que indicarían que así es. La piscina cubierta de Cantillana (Sevilla) se inauguró pocas semanas antes de las elecciones de 2015, el mercado de A Ponte en Ourense se dio por concluido también en esas fechas y Ruiz Gallardón inauguró el último tramo del túnel de la M-30 solo tres semanas antes de los comicios de mayo de 2007.

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Dos crisis por el precio de una

Una de las grandes consecuencias de la reciente crisis económica ha sido el gran impacto que ha tenido en el crecimiento del malestar con cómo funcionan nuestras democracias. Este legado es particularmente importante en España, donde el legado de la crisis económica en la satisfacción con el sistema político es muy grande. Algunas de estas cuestiones ya las indagué  en este post hace casi cuatro años. Los españoles estaban a la cabeza de Europa en el descenso de la valoración de su sistema político como consecuencia de la crisis económica. A la pregunta de cómo estaban de satisfechos con cómo funciona la democracia en su país en una escala de cero a diez, los españoles pasamos de valorar la democracia española en 5,8 en el año 2008 antes del tsunami de la crisis, a reducir esa valoración a 3,98 en 2012, cuando la crisis había golpeado ya de lleno (algunos países como Grecia, que podrían tener descensos mayores, no aparecen porque en ellos no se realizó la segunda encuesta). En este gráfico muestro, la comparación con 2014 en que la crisis ya estaba remitiendo en bastantes países. Tal y como ocurría con la comparación de 2012, España es donde la huella de la crisis económica es más patente en la reducción de la satisfacción con la democracia.

 

Gráfico 1: Caída de la satisfacción con la democracia en Europa (2008-2014)

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