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Feminismo en la Academia: suspenso en Diversidad

La denuncia del sexismo en la Academia ha sido acompañada por la celebración de un solo tipo de mujer científica

Incluir a las mujeres requiere considerar la compleja interacción del sexismo con otras discriminaciones por raza, clase, inmigración, orientación sexual e identidad de género y estado parental

Olvidando, negando o relegando a un segundo plano todas las formas de identidad que se intersecan con el género y multiplican la discriminación, nos convertimos, a la vez, en opresoras

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Estudios recientes han demostrado la existencia de importantes obstáculos a los cuales se enfrentan las mujeres en la academia. En particular, las mujeres no están representadas en los puestos de liderazgo en las carreras científicas, son menos visibles en las conferencias y los comités, tienen menos probabilidad de obtener becas, su trabajo es menos reconocido, y su salario es menor. Tal desequilibrio está sustentado en estereotipos de género y en un ambiente hostil con exigencias y cargas de trabajo extras para las mujeres. Esto ha motivado que la comunidad académica se plantee seriamente el problema y haga un esfuerzo por promover e incluir a las mujeres. Revistas prestigiosas, tales como Nature en 2013, han publicado números especiales sobre este asunto. Sin embargo, cuando pensamos en una mujer científica, la imagen que se ha promovido es la de una mujer blanca, de clase media/alta, probablemente cis y heterosexual. Esto contrasta con la imagen que se tiene de las otras mujeres. Un ejemplo claro y terrible es la portada que, en 2014, la revista Science escogió para su número especial sobre el VIH en el que se mostraba a un grupo de mujeres trans racializadas, trabajadoras sexuales indonesias, para presentarlas como el vector de una enfermedad.

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Si queremos incluir a las mujeres de manera efectiva, tenemos que considerar las discriminaciones por raza, clase, inmigración, orientación sexual e identidad de género y estado parental, que actúan junto al sexismo de manera intrincada. Pensar en la intersección entre estos diferentes sistemas de opresión ha sido la tarea del f eminismo interseccional. En este post queremos abrir el debate sobre la necesidad de una perspectiva interseccional en el mundo académico. Esto es importante ya que aunque recientemente se ha avanzado en la inclusión de las mujeres en espacios de poder, ha sido a costa de preservar los aspectos heteronormativo, clasista y racista de esos mismos espacios.

Raza. Ser mujer en ciencia supone un reto, pero, ¿qué ocurre si eres una mujer racializada y tienes que afrontar el sexismo y el racismo a la vez? En EEUU las mujeres blancas representan el 35%, las latinas el 7%, y las negras el 6% del total de la población, en cambio, dentro de la comunidad científica, ellas solo representan el 18%, el 1% y el 1%, respectivamente. Mientras que la representación de las mujeres blancas en ciencia ha aumentado progresivamente a lo largo del tiempo, la de las mujeres racializadas no se ha movido. Las minorías raciales tienen menos posibilidades de que les sean concedidos proyectos de investigación en comparación con las personas blancas. Por encima de las mujeres blancas, las mujeres racializadas expresan más a menudo tener que hacer un trabajo extra ( prove-it-again) para ser percibidas como científicas válidas. Por otro lado, aunque países como Túnez y Turquía cuentan con casi el doble de representación femenina en las carreras científicas que los Países Bajos, las mujeres musulmanas son discriminadas en las universidades occidentales, muchas veces por llevar el hiyab, un gesto que nunca se considera una elección positiva o afirmativa. Como es sabido, en algunos países como Francia incluso se ha propuesto prohibir el uso del hiyab en las universidades.

En España existen muy pocos datos en relación a la etnicidad o la raza de la población universitaria, lo que complica la evaluación del grado de inclusividad. Se estima que tan solo el 0.5-2% de la población gitana, la mayor minoría étnica del país, posee titulación universitaria; que en la educación secundaria hay 50% más chicos gitanos que chicas gitanas, y que el 25% de los padres españoles no estarían contentos si sus hijos compartieran clase con gitanos. Mientras que otros países del Este de Europa con mayor representación gitana han implementado medidas de acción afirmativa, España no lo ha hecho. A pesar de que sí existen cuotas para estudiantes mayores de 25 años. Sólo recientemente el Congreso discute incluir en los currículos escolares la historia y cultura gitana.

Clase. Es bien sabido que la academia es un medio elitista. En España la proporción de estudiantes universitarios provenientes de familias obreras es pequeña: sólo en 7 países del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) la proporción es menor. En Francia, se estima que sólo 4.6% de hijos de obreros obtuvieron un bachillerato científico en 2002, mientras 41% de hijos de ejecutivos obtuvieron este diploma que es la puerta de entrada a una carrera científica. Por lo que no es de extrañar que un estudio longitudinal británico haya encontrado que las niñas, sobre todo aquellas con un bajo nivel socio-económico, no puedan “imaginarse” en el mundo “masculino” de la ciencia.

Inmigración. La trayectoria académica es especialmente difícil para las mujeres inmigrantes. La obtención de papeles de residencia es un proceso largo, con muchas contradicciones y trabas puestas por la vigente Ley de Extranjería. Además, los/las académicos/as no comunitarios/as tienen una movilidad limitada que muchas veces no les permite asistir a conferencias para exponer sus trabajos, aprender y crear contactos. Y cuando, a pesar de todas las trabas, los/las estudiantes logran obtener un doctorado en España, tienen muy difícil encontrar un trabajo y se ven obligados a regresar a su país de origen. Se ha mostrado cómo estos factores alteran o reproducen la desigualdad de género en parejas de académicos.

LGBTQ+. La universidad es uno de los sectores de trabajo con más representación de personas que se identifican como LGBTQ+, ya que la autonomía de este tipo de trabajo facilita la conciliación con la discriminación sufrida. A pesar de los altos niveles de homofobia existentes en la universidad, a día de hoy sólo una universidad pública española cuenta con un servicio específico para atender a las personas LGBTQ+. Según la Sociedad Americana de Física, un 10% de hombres gays, 30% de lesbianas y 50% de las personas trans que trabajan en este campo reportan haber sufrido acoso en el trabajo. Sin embargo, los campos científicos con más representación femenina favorecen que un número mayor de científicos/as muestren abiertamente su orientación sexual en el trabajo: una razón más por la que feminizar la ciencia nos favorece a todas.

Estado parental. Las madres tienen que pagar un alto precio por conciliar carrera académica y familia porque el sistema no ha diseñado el camino para ellas y porque no entran en el arquetipo del “ trabajador ideal”. En EEUU, las madres ganan menos que los padres y reciben un salario 7% menor que las mujeres sin hijos. Una vez tienen un trabajo fijo en la academia, hay dos veces más mujeres solteras y solteras con hijos que hombres en las misma condiciones. En España, si comparamos padres y madres con características profesionales y productividad científica similares, se ha encontrado que los padres tienen cuatro veces más probabilidades de ser ascendidos a catedrático.

Estas son sólo algunas formas de discriminación que no pueden ser entendidas por separado ni podemos medir su impacto conjunto como la suma de cada una de ellas. La denuncia del sexismo que sufren las académicas ha sido acompañada por la celebración de un solo tipo de mujer científica “empoderada”, que empieza a ocupar espacios de poder. Esto hace que en los debates académicos siempre se posponga el debate sobre la interseccionalidad, como algo menos importante o secundario. Olvidando, negando o relegando a un segundo plano todas las formas de identidad que se intersecan con el género y multiplican la discriminación, nos convertimos, a la vez, en opresoras. En ese sentido, es importante que las minorías puedan liderar sus propias reivindicaciones, tal y como apunta Esther (Mayoko) Ortega, porque las otras mujeres son quienes tienen más armas y experiencia para luchar contra la alianza del hetero-patriarcado, el racismo, el clasismo y la xenofobia, y contra su reproducción en estructuras de poder tales como la Universidad.

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