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Cómo es la gente que lee sin parar

Historias de lectores anónimos ocultas en una encuesta, con una nota sobre la lectura intensa.

Hace unos meses el CIS hizo una encuesta sobre hábitos de lectura. De las 2477 personas entrevistadas, un 1,3% leen al menos un libro a la semana, algunas mucho más. Les presento a las cinco que más leen, o lo que podemos reconstruir sobre ellas. Pienso que no les dejarán indiferentes.

Entrevista 2251. 120 libros leídos en un año.

Mujer de 40 años, empleada de limpieza en el paro. Vive en un pueblo de Valencia (entre diez y cincuenta mil habitantes). No tiene ingresos, en casa entran entre 300 y 600 euros al mes, por lo que es posible que su marido tampoco tenga trabajo. La lectura le gusta mucho, la música le gusta “bastante”. El cine, el teatro, el arte… todo eso “nada”. Tampoco hace ejercicio físico. No lee periódicos, solo le interesan los libros, tiene entre 100 y 200 libros en papel, pero sobre todo tiene libros digitales, muchísimos. Se conecta diariamente a internet, pero no para leer blogs ni cosas así. Nunca va a una biblioteca.  Tiene estudios secundarios, pero no recuerda que en la escuela le hicieran leer, ni le animaran a hacerlo, ni habló nunca de libros con sus compañeros. Sus padres sí, le leían muchos cuentos. Su padre era peón agrícola, su madre no trabajaba, al menos cuando vivía con ellos. No se identifica con ninguna ideología política, no prefiere ninguna forma de estado, no vota en las elecciones, no es creyente. Toda la muestra de apego por nosotros que puedo encontrar en la entrevista es que se siente tan española como valenciana, o tal vez es solo sentido común. Su situación personal es “muy mala” y el año próximo solo puede ser “peor”. Con todo, al menos no es desdichada (un 7 en la escala de felicidad,  la media es 7,3). Sus libros preferidos son los de ciencia ficción, también le gustan las novelas históricas.

Entrevista 828. 132 libros.

Mujer de 39 años, vive con su pareja –no están casados- en un pueblo  de Cuenca de menos de 1000 habitantes. Trabaja  como “operadora en instalaciones para el tratamiento de metales” y gana de 1200 a 1800 euros; su pareja debe de ganar una cantidad parecida, pues entre ambos entran en la banda de 3000-4500. Estudió el primer ciclo de formación profesional, y ahora está estudiando otra vez. Tiene una buena  colección de libros (más de 200, el tamaño máximo preguntado), y el año pasado compró doce. También tiene libros digitales, pero no muchos. Acude a la biblioteca pública y lee por internet. Cree que su situación económica personal es muy buena y que el año próximo será aún mejor. Sus padres tenían un comercio.  Es muy de izquierdas (2/10),  prefiere no responder sobre sus creencias religiosas, se siente solo española y no castellano-manchega y es muy centralista. Votó en blanco. Es, dice que es, completamente feliz (10/10). Le interesan especialmente los libros de autoayuda, divulgación e información.

Entrevista 806. 200 libros.

Esta mujer de 35 años vive en un municipio grande de la provincia de La Coruña (entre diez y cincuenta mil habitantes). Con un understatement muy gallego dice que leer le gusta “bastante” (reserva “mucho” para el arte y la fotografía). Cuidar de los hijos le ocupa casi toda su jornada (por eso sabemos que los tiene) y le queda muy poco tiempo libre, pero no se queja, solo echa de menos ir al cine. Estudió FP superior y está en el paro.  Por sus respuestas, lo más probable es que fuera telefonista en una agencia de estudios de mercado, o de publicidad (solo conocemos códigos generales, no sus palabras). Su situación económica es “mala” y el futuro será “peor”. Ingresa menos de 300 euros al mes, supongo que el seguro de desempleo. Con lo de su marido suman de 1200 a 1800. Su padre era, tal vez siga siendo, albañil, o cantero (“albañiles, tronzadores, labrantes y grabadores de piedra” suena engañosamente bien), su madre no trabajaba. No le leyeron libros o cuentos, pero en la escuela sí, y tuvo amigos con los que hablar de ello. Aunque lee constantemente, tiene menos de 100 libros, el año pasado solo compró 8. Usa la biblioteca pública.  Es una mujer de izquierdas (3/10), se siente más gallega que española, apoya el statu quo autonómico y vota al PSOE. Es católica, pero apenas va a misa.  Se siente muy feliz con la vida (9/10). Sus libros preferidos son las novelas negras y, después, los de cocina.

Entrevista 1234. 240 libros.

Mujer de 50 años, vive de Torrejón de Ardoz (Madrid) Está casada, trabaja como “asistente adiministrativo especializado” en una organización sin fines de lucro. Es un trabajo estable (no cree probable que pueda perderlo) y le deja bastante tiempo libre, unas cinco horas al día entre semana. Tiene una diplomatura y un sueldo modesto (entre 600 y 900 euros). En casa juntan entre 2500 y 3000. Tiene una biblioteca amplia (más de 200, es lo que sabemos) pero ya no compra libros, al menos no lo hizo el pasado año. Acude a la biblioteca pública. En su casa nunca le leyeron libros, ni tampoco los comentaba con sus amigos, pero sí le hicieron leer en la escuela, y le animaron a hacerlo. A los 16 años su padre no vivía con ella o había fallecido, su madre no trabajaba.  Es una mujer de centro, no es creyente, se siente tan madrileña como española, vota al PP, lee los periódicos, pero no a diario,  cree que sus políticos son lo peor que le sucede a España, además de la crisis de valores y la corrupción; la crisis de valores es lo que más le preocupa, personalmente. Solo le gusta leer y la música, pero no la escucha, solo lee. Se siente completamente feliz (10/10). Los libros que más le gustan son las novelas históricas y las biografías.

Entrevista 1878. 250 libros.

El mayor lector que ha aparecido en la muestra del CIS es un hombre que vive en La Laguna (Tenerife), de 40 años. Terminó el bachillerato, no tiene estudios universitarios, trabaja en educación no reglada, es mileurista, o tal vez un poco más, pero tiene bastante tiempo libre para todas sus aficiones y está satisfecho. Imagina un amigo mío que es profesor de baile, pero otras respuestas encajan más con el coaching. En todo caso, le gusta mucho la danza, y el teatro, y todo lo que le puede gustar a una persona culta. Está soltero y vive solo, pero tiene pareja, con la que pasa todo el tiempo que desea. Su padre tuvo o tiene un trabajo en una empresa de radio o televisión, su madre es modista. No le leían cuentos. Tiene un cierto número de libros, el año pasado compró 15, solo lee papel, y usa la biblioteca pública. Votó a IU, es ateo y cree que hay que recortar las competencias de las autonomías; debe de sentirse ciudadano del mundo, o de otro país, pues rechaza identificarse, sea como canario, sea como español. Le preocupan personalmente la educación, la subida del IVA y la sanidad, pero su situación económica, aunque no boyante, es estable. Se siente razonablemente feliz con la vida (7 de 10) y sus libros preferidos son los de poesía y, en segundo lugar, los de ensayo.

Si ahora me pongo a llamarles la atención sobre lo que tienen en común, y lo que separa, a estas personas, lo normal es que piensen que les tomo por lentos, o que no sé estar callado. Nos gustaría saber más de ellas, cuándo empezaron a leer seguido, si sus parejas también leen, si tienen hijos, si les leen, si tienen amigos, de qué hablan. ¿Disfrutan? ¿Recuerdan? ¿Releen? ¿Escriben? Nos queda desearles suerte y saludarlos, por si acaso.

 

Los grandes lectores en general

No sería profesional no aclarar que no se deben sacar conclusiones cuantitativas de la información cualitativa en forma de viñetas.  Además, son casos extremos. Me someto al deber de insistir en que, no obstante estos destellos de realidad, leer es de ricos, de gente con mucha educación y de gente de ciudades grandes. Daré todos los detalles otro día en este sitio. Sin embargo, la gran lectura sí tiene ese carácter sorprendente que se desprende de sus casos más extremos. Proyectemos la información disponible.

Llamemos grandes lectores a quienes leen 50 libros o más en un año. Son poco más del 1%, leen una media de 92 libros al año, la mitad lee 80 o más. La mayoría (57%) de ellos tiene entre 35 y 55 años, y son más mujeres (55%) que hombres. Están mucho más polarizados ideológicamente que el resto de la población, solo el 12% de los buenos lectores son de centro (el 21% de los españoles). De hecho, la media ideológica es la misma que la de la población general (4,6), pero con más izquierdistas y más derechistas. La moderación no se adquiere leyendo; o no es la moderación la que nos empuja a leer. Son, en promedio, algo más felices (7,8) que la población (7,3) pero la diferencia no es espectacular. El 40% tiene estudios superiores, lo que no es mucho si asociamos la lectura intensa con la educación formal, pero en todo caso es un porcentaje que casi dobla al de la población. La educación empuja a la lectura, aunque muchos no la necesiten. Aunque la lectura está muy condicionada por la renta -los más pobres son los que menos leen, y el efecto es muy fuerte- la super-lectura parece bastante independiente del dinero. Más de la mitad de los grandes lectores ganan menos de 1200 euros al mes, y los casos de ingresos muy bajos no son raros.

Para insistir contra el prejuicio intelectual, no ha salido ni un solo profesor universitario en este grupo y en esta encuesta; o tal vez para dejar claro quiénes son aquí los intelectuales. De los ocho profesores de universidad que aparecen, seis leen menos de 10 libros al año. Es poca muestra, pero no choca. Hay dos profesores de secundaria y uno de primaria, más dos de enseñanzas no regladas. Hay, además, dos directivos de empresa, dos cuadros medios, dos auxiliares, un ingeniero, un informático, un científico social (varios comparten código, lo seguro es que no es economista), dos escritores o periodistas, un artista creativo,  un camarero (posiblemente un error de grabación), un policía, un cuidador de niños, un limpiador, un empleado doméstico, un agricultor, dos tenderos y tres obreros especializados. Por su distribución social, podría ser una mutación.

Habrá quien piense que algunas de las personas cuyos casos cuento exageran, o que no han contado bien. Puede ser, pero sus respuestas son coherentes. En todo caso, la lectura rápida es una habilidad rara como otra cualquiera. Menéndez Pelayo podía dedicar a un libro de 300 páginas unos quince o veinte minutos, si era una lectura rutinaria. Prestidigitación mental lo llama Gregorio Marañón en su semblanza (“El lector”). Se le veía cargando tres o cuatro volúmenes en cada viaje de tranvía. Y los recordaba. Para los libros que le gustaban tardaba más, claro. Se dice que leyó toda la literatura española. Menos castizo, aunque también lo sea a su manera, es Harold Bloom, quien dice en una entrevista que cuando era más joven leía seis o siete libros al día. Ahora lee algo menos porque su mujer le obliga a levantarse a hacer ejercicio. Recuerda páginas y páginas enteras. Como Menéndez Pelayo, tiene una prodigiosa memoria verbal, una capacidad bastante torrencial para escribir y don de lenguas.

Pero, como vemos, la lectura compulsiva no es necesariamente un atributo de pensadores profesionales. Un poco más cercana a nuestros casos se encuentra la historia de esta estadounidense que se dedicó a leer un libro al día y a escribir de ello en su blog como forma de evasión del luto por su hermana. Evadirse. Algo nos dice que hay más literatura en las historias ocultas en la encuesta del CIS que en la de Sankovitch quien, sin embargo, publicó un inevitable libro.

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