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Políticas racistas: vuestra distopía es nuestra memoria

A las mujeres payas/blancas con pasaporte europeo la propuesta del PP sobre las migradas que den a sus hijos o hijas en adopción les recuerda a 'El cuento de la criada'

A mí, como gitana, me recuerda a nuestra historia y, en concreto, a la Gran Redada de Gitanos, un plan genocida en el siglo XVIII que incluyó separar a los niños y niñas de sus familias

Esmeralda, la protagonista gitana de 'El jorobado de Notre Dame' (Disney)

Esmeralda, la protagonista gitana de 'El jorobado de Notre Dame' (Disney)

El PP ha incluido en su propuesta de ley de apoyo a la maternidad que las inmigrantes sin papeles embarazadas que decidan dar a su hijo o hija en adopción no sean expulsadas del país durante el periodo de gestación.

Esa propuesta ha causado estupor, sorpresa y rechazo social. Por eso el PP ha renegado, muy torpemente, de ella. Es tanta la torpeza con la que han gestionado el asunto que el líder de esta formación política ha vuelto a mostrar la patita racista —como buen jambo ha mostrado el rabo— afirmando que esa propuesta no se la adjudicaría él ni siquiera "a un político del tercer mundo".

Claro, era sólo un globo sonda. Lo único que pretendían era tantear cómo reacciona el electorado ante una propuesta así de bárbara. Saben que el populismo de derechas está triunfando tanto en Europa (Italia, Hungría) como en otras potencias mundiales (Estados Unidos, Brasil) y necesitan saber hasta qué punto el electorado español está dispuesto a soportar/apoyar ese discurso extremo. Pero no nos engañemos: ya se ha abierto el camino hacia la extrema derecha, ya han descubierto que es posible plantear aberraciones que creíamos superadas y que pueden incluirlas, maquillándolas eso sí, en sus programas de gobierno. Es más, saben que este tipo de discurso racista y xenófobo es el que les puede dar el triunfo electoral. El PP ya consiguió la alcaldía de Badalona aprovechando el odio antigitano.

A las mujeres payas/blancas con pasaporte europeo esta propuesta del PP les ha recordado a la novela distópica -popularizada en su adaptación televisiva- de Margaret Atwood. Claro, cuando veíais la serie os entraba pavor porque es algo que, tal y como van las cosas, podría sucederos.

A mí, como gitana, me recuerda a las leyes antigitanas que han estado vigentes desde 1499 y, más concretamente, a la Gran Redada de Gitanos

Os cuento: en 1749 el Reino de España llevó a cabo un proyecto de exterminio para genocidar al Pueblo Gitano. Habían conseguido expulsar a los moros y a los judíos (sí, a las moras y judías también), pero los gitanos y las gitanas seguían siendo esa otredad culpable a la que hay que extirpar del cuerpo social. Todo esto, queridas hermanas, para evitar el “contagio”. En las leyes antigitanas lo dicen claramente, «un ejemplo nocivo y perverso».

El 30 de julio de 1749 se ejecutó el primer intento de genocidio moderno. Zenón de Somodevilla y Bengoechea, Marqués de la Ensenada, secretario (ministro diríamos ahora) de Hacienda, Guerra y Marina e Indias, reconocido actualmente como un gran estadista español e incluso como Riojano Ilustre ¡Válgame el Señor estos payos!  llevó a cabo bajo el amparo del Rey Fernando VI (séptimo tío abuelo del actual Felipe VI), con la aquiescencia de la Iglesia y con todo el apoyo de la legalidad vigente una redada policial que puso fin a la libertad de entre 9000 y 12000 personas gitanas de todas las edades y que pretendía poner fin a la descendencia del Pueblo Gitano.

La legislación antigitana ha tenido desde el principio un trato diferenciado para las mujeres gitanas, amenazadas siempre con la flagelación y el destierro. Parece ser que estas medidas no fueron suficiente para aquellos machipayos desgraciaos. ¡Mal reposo tenga por los siglos y los siglos, que se les estén comiendo los bengues por la eternidad!  Tuvieron la necesidad de legislar antigitanamente sobre las niñas y niños (diferenciando por género) con la finalidad de «disipar y deshacer de raíz este nombre de gitanos y que no haya memoria de este género de gente»comenzaron a separar a las familias y a remitir a las niñas y niños a centros asistenciales.

Prohibieron los matrimonios entre personas gitanas y «que a todos se les quitasen los hijos, e hijas, y los de diez años abajo se pusiesen en la casa de los niños de la doctrina, donde los doctrinasen y enseñasen a ser cristianos, y de allí, teniendo más edad, se pusiesen los varones a aprender oficios, y las mujeres a servir».

Las ventajas de la separación de la prole, afirmaban, favorecería el bienestar de las niñas y los niños. ¡Ay, la superioridad moral paya! La convicción de aquellos payos gobernantes, inspirados en creencias de honda raíz cristiana, era que el real problema gitano estaba en «la mala crianza» y para atajarlo debían ser las autoridades quienes se encargaran de tutelar la formación de los niños. 

Los fichajes gitanos de la derecha

Nuestros políticos castizos, más españoles si cabe, no se conforman con eso, van un paso más en su deplorable percepción antirracista y han añadido en sus listas a personas gitanas. No nos vale, a la población gitana que conforma este Estado español, no nos sirve, como tampoco nos sirvió que en la Wehrmacht, las fuerzas armadas de la Alemania Nazi, hubiera gitanos -los muy inocentes fueron enviados desde el frente a Auschwitz -  peleando por defender a su país. Eso no fue diversidad ni inclusión, como tampoco lo es ahora poner personas gitanas para defender la ultraderecha, la derecha o el centro derecha o como quieran situar sus partidos con políticas racistas, machistas, xenófobas y capitalistas.

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