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El gesto de Sánchez de llevar el Consejo de Ministras a Barcelona amenaza la "normalización" que vende el Gobierno

El Gobierno se juega la imagen de la "normalización" a la que han apuntado desde la llegada de Sánchez a Moncloa: "Se desarrollará con plenas garantías", dicen fuentes oficiales

El Govern teme una escalada de tensión en las calles mientras los CDR amenazan con bloquear Barcelona y concentrarse en los alrededores del lugar donde se reunirá el Ejecutivo

El presidente mantiene la propuesta de reunirse con Quim Torra coincidiendo con la reunión de su gabinete el 21 de diciembre

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Pedro Sánchez subraya que "la violencia no es el camino" en Cataluña e insta a Torra a "cumplir sus responsabilidades"

Pedro Sánchez y Quim Torra en su reunión en Moncloa en julio.

Pedro Sánchez quiso hacer un gesto hacia Catalunya con la celebración de un Consejo de Ministras en Barcelona antes de la finalización del año y que ahora, cuando se acerca la fecha de su celebración, amenaza con convertirse en un problema. Grupos independentistas, como los Comités de Defensa de la República (CDR) y organizaciones como Òmnium Cultural y la ANC, organizan protestas en los alrededores del lugar en el que se reunirá el gabinete. El Gobierno se enfrenta a una jornada protagonizada por policías y manifestantes en las calles.

El presidente pretendía un acercamiento a los ciudadanos catalanes cuando anunció desde Chile su intención de reunir el Consejo de Ministras en la ciudad condal. “Mostraremos el compromiso del Gobierno para con los problemas cotidianos que tienen los catalanes y que exigen de una respuesta por parte de las administraciones”, expresó en agosto. Sánchez pretende dar un golpe de efecto con la aprobación del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) en esa reunión y otras medidas que le permiten presionar a ERC y también a PDeCAT para que apoyen los presupuestos.

Pero desde que Sánchez hizo ese anuncio –poco después de llegar a Moncloa y nada más arrancar las conversaciones con la Generalitat que para el Ejecutivo fue un éxito– han cambiado las cosas. Sobre todo en las dos últimas semanas, cuando se acerca la fecha escogida, por el incremento de la tensión social y el endurecimiento del tono del Ejecutivo, acorralado por los malos resultados del PSOE en Andalucía.

Las protestas de los CDR el pasado fin de semana, sumados a un viraje del discurso de Torra apuntando a la vía eslovena como forma para alcanzar la independencia, han llevado a Sánchez a amenazar al Govern con intervenir en Catalunya.

Desde la Generalitat y los partidos que dan apoyo al Govern se teme una escalada de los acontecimientos como la que ocurrió entre septiembre y octubre de 2017. La celebración del Consejo de Ministras será el aperitivo al inicio del juicio a los dirigentes independentistas, cuando se prevé que la conflictividad social se dispare. La falta de una estrategia unitaria del conjunto del independentismo, junto al tensionamiento que han vivido los Mossos en los últimos meses, generan unas condiciones que desde los partidos no dudan en calificar de “complicadas”.

Moncloa: "Es una demostración de normalidad"

Gobierno y Generalitat han comenzado a trabajar ya en el dispositivo policial para mantener la seguridad durante la celebración del Consejo de Ministras. Para Moncloa será una prueba de fuego porque están convencidos de que “se desarrollará con plenas garantías”. “Es una demostración de normalidad. Una forma de demostrar que el gobierno de España es el gobierno de todos. Por supuesto, es también el gobierno de todos los catalanes. Y por eso celebrarlo allí es un hito en ese camino de normalización institucional”, señalan fuentes oficiales del Ejecutivo.

Sin embargo, también en el Ejecutivo hay voces que creen que puede ser contraproducente su presencia allí entre protestas. Lo verbalizó el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, al admitir su preocupación ante los posibles disturbios: "Hay que valorar si las cosas se hacen para bien o consiguen un resultado positivo –reflexionó–. La responsabilidad del Gobierno es que no haya problemas ni disturbios". Abrió la puerta a que se cancelara la reunión, pero el presidente le desautorizó de inmediato: el Ejecutivo no podía dar una imagen de debilidad al demostrar que no puede ir a un determinado territorio del Estado. No obstante, algunos dirigentes catalanes consideran que la posición de Ábalos era "sensata". 

También en el Govern son conscientes de que puede haber complicaciones el próximo viernes, aunque ha cambiado diametralmente su postura respecto a la celebración del Consejo de Ministras en Barcelona. La portavoz, Elsa Artadi, no dudó en calificar hace una semana de “provocación” la iniciativa del Gobierno. Sin embargo, este martes, la consellera rebajó la beligerancia y aseguró que el objetivo del Govern es garantizar que el Consejo pueda celebrarse y, a la vez, el derecho a la manifestación de los ciudadanos. En declaraciones a Onda Cero, este martes, Artadi aseguraba que “una parte de los catalanes” ven “con un punto de provocación” la fecha elegida del 21 de diciembre, cuando se cumple un año de las elecciones convocadas mediante el 155. En Moncloa creen que ha habido una "recolocación" de la Generalitat tras el aviso de Sánchez de tomar medidas. 

Sánchez formaliza su petición de reunión con Torra

Por otro lado, el Gobierno mantiene la propuesta de reunión entre Sánchez y Torra para "retomar la senda del diálogo constructivo". La vicepresidenta, Carmen Calvo,  envió en la tarde del jueves una carta a su homólogo catalán, Pere Aragonès, en la que comunica formalmente la reunión del gabinete en la Llotja de Mar y le solicita la colaboración para las "labores organizativas".

"Como es habitual en situaciones semejantes, y así se lo comunicó en su encuentro el Presidente del Gobierno al Presidente de la Generalitat, sería conveniente que ambos pudieran mantener un encuentro con el que pudieran retomar la senda de diálogo constructivo que debe cimentar la relación entre nuestros gobiernos", reza la misiva de Calvo. 

En la Generalitat no descartan que finalmente Torra y Sánchez se reúnan, aunque mantienen que su deseo sería un encuentro bilateral entre todos los miembros de ambos gobiernos. Descartada esta opción por el gabinete de Sánchez, el equipo de Torra no se cierra a una reunión siempre que sea "larga y extensa, más allá de la foto" y en la que "se pueda hablar de todo". Algo que valoran improbable. En el primer encuentro de Sánchez y Torra en el Palacio de la Moncloa así como en la primera sesión de la comisión bilateral, el Govern exigió poder hablar de referéndum de autodeterminación. 

Canalizar la protesta

El día 21 de diciembre se prevé caliente en Barcelona, en vista de la multitud de convocatorias que están haciendo diferentes grupos, muchos de ellos minoritarios y sin relación entre sí, pero que podrían tener gran arrastre entre quienes desean manifestarse. Los CDR han llamado a concentrarse a primera hora ante la Llotja del Mar, mientras el sindicato independentistas Intersindical-CSC ha convocado una huelga de dos horas, coincidiendo con el Consejo de Ministras. Otros grupos tienen previsto cortar las rondas periféricas o las principales arterias de la ciudad.

Ante el caos que puede generarse, partidos y entidades mayoritarias están coordinando una estrategia para canalizar las protestas. Òmnium Cultural prepara un acto político como respuesta al Consejo de Ministras, cercano a la zona de la Llotja pero de carácter festivo y evitando la confrontación directa. A esta línea se suman partidos como JxCat y ERC, aunque ellos han preferido no hacer llamamientos públicos. La ANC también prepara un acto propio, en su caso una marcha lenta de vehículos para colapsar la ciudad.

Entre ciertos sectores independentistas, tanto moderados como del entorno de la CUP, ha cundido en los últimos días la idea de que el Gobierno de Pedro Sánchez prepara una “ratonera” para el 21 de diciembre, con el objetivo de buscar una excusa para aplicar el 155 e ilegalizar partidos. Este miércoles, Cuixart enviaba una carta desde la prisión donde reclamaba mantener “tanto la determinación como la serenidad, tanto el coraje como la inteligencia”. “No caigamos en ninguna trampa”, abundaba el presidente de Òmnium.

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