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El Gobierno retrasará los presupuestos hasta que tenga un acuerdo "sustancial" con Unidos Podemos

Sánchez es "optimista" respecto a la aprobación de las cuentas de 2019, que negociará con el resto de potenciales aliados más adelante

El mandatario socialista duda de que se pueda alcanzar un pacto global sobre pensiones 

El presidente ve margen para sacar adelante iniciativas sociales en el Congreso y cree que Ciudadanos dejará de bloquear su tramitación

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Sánchez se reúne con el canciller dominicano en una escala técnica en Santo Domingo

Pedro Sánchez durante una rueda de prensa en Costa Rica. EFE

Pedro Sánchez está determinado a acabar la legislatura. Es un horizonte que ve más claro por el estrechamiento de la relación con Pablo Iglesias. Atrás quedó la desconfianza hacia el líder de Podemos y el presidente ve factible progresos en el marco de las negociaciones que se han puesto en marcha. La vital para la continuidad de la legislatura es la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para 2019. 

El Gobierno da por hecho que las cuentas públicas se retrasarán -el plazo que maneja Moncloa es llevarlas al Congreso en noviembre- y Sánchez tiene claro que no las presentará hasta que tenga "un apoyo parlamentario suficientemente poderoso". El socio preferente de los socialistas es Unidos Podemos, con quien ya ha iniciado la negociación. Hacienda llevará el proyecto de presupuestos al Parlamento cuando haya pactado los "elementos sustanciales" con el grupo que lidera Iglesias. 

Así lo explicó el presidente en una conversación informal con los periodistas en el regreso de su gira por Latinoamérica. La idea del presidente es llevar los presupuestos con 151 diputados -los que suman PSOE y Unidos Podemos- y que en la tramitación se sumen los demás (PDeCAT, ERC y Compromís). En el PNV ve "buena actitud" para apoyarlos. Los nacionalistas vascos fueron clave en el apoyo a la moción de censura que le llevó a Moncloa y accedieron a apoyarle a cambio de que mantuviera los acuerdos presupuestarios alcanzados con Mariano Rajoy. 

Uno de los puntos de fricción en la negociación iniciada entre Hacienda y Unidos Podemos es la propuesta de subir el IRPF a los sueldos elevados. Sánchez apuesta por hacerlo a quienes cobran más de 150.000 euros, aunque no cierra la puerta a rebajar la cifra a los 120.000. "Yo no lo cobro", ha comentado en esa conversación para dejar entrever que es una cifra que se enmarca en las rentas altas. 

Menos optimista se muestra el presidente con respecto a un acuerdo en el marco del Pacto de Toledo para las pensiones: "Lo veo muy difícil". Aunque da por seguro que se blindarán esta legislatura, un entendimiento más amplio tendrá que esperar. Uno de los asuntos que están encima de la mesa de la negociación es un impuesto que grave a la banca y que se destine a las pensiones. El presidente asegura que el elemento finalista de esa tasa está amparado por la ley. También da por hecho que Gobierno y Unidos Podemos se entenderán en el impuesto de sociedades para las grandes corporaciones. 

Sánchez ve margen para llegar a consensos en el Congreso en materias sociales, como la vivienda, o para sacar adelante, por ejemplo, la ley de eutanasia. Se muestra convencido de que Ciudadanos dejará de bloquear junto al PP las iniciativas: "Para Ciudadanos tampoco es el mismo escenario". 

Terna de aspirantes con carné para Madrid

El presidente no tiene previsto, no obstante, conceder protagonismo a Albert Rivera. PSOE y PP se sienten más cómodos con la vuelta al bipartidismo. Sánchez quiere reunirse con Iglesias una vez que ha recibido a Pablo Casado en Moncloa. "Cuando él quiera", asegura el presidente que está a la espera del retorno de Iglesias tras su paternidad. El líder de Ciudadanos tendrá que esperar: "Es la cuarta fuerza política", recuerda Sánchez con cierta sorna. 

Sánchez ha dejado de ser el castigado en las encuestas y está convencido de que la moción le ha colocado a la cabeza de la competición. Un puesto que no cree que vaya a perder porque la acción de gobierno, a su juicio, no le quema, sino que lo que "desgasta es la oposición". 

El socialista se ve llegando al final de la legislatura. "¿Se ve yendo a elecciones en marzo con las andaluzas?", le preguntan los periodistas:  "A mí marzo me queda muy pronto", sentencia con una carcajada. Aunque la Moncloa se lleva todo el trabajo, Sánchez también está pensando ya en las elecciones municipales, autonómicas y europeas. 

Madrid, como plaza importante en la que los socialistas llevan décadas sin tocar poder, siempre se cuela en las conversaciones informales con el líder del PSOE, que ya no da por hecho que vaya a ser una mujer la aspirante a la alcaldía. Sánchez reconoce que tiene una "terna" y que todos los nombres para encabezar la lista tienen carné del partido. Con esa afirmación, descarta a Baltasar Garzón, que fue uno de los nombres que sus colaboradores le pusieron sobre la mesa: "Él está en Actúa", apostilla Sánchez. En Ferraz manejan octubre o noviembre para la designación del cabeza de lista. Entre medias, a Sánchez le esperan varios viajes internacionales y una intensa agenda en el Ejecutivo y el Parlamento. El curso político ya ha comenzado. 

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