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Casado y Ayuso buscan una tregua hasta las elecciones de Castilla y León

Alfonso Fernández Mañueco, Isabel Díaz Ayuso y Teodoro García Egea, este lunes.

La dirección del Partido Popular no quiere que la guerra interna abierta entre el equipo de Pablo Casado y el de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, por el control del partido, torpedee sus planes de cara al nuevo ciclo electoral que comenzará el próximo 13 de febrero, con los comicios adelantados en Castilla y León. El líder del PP pretende anotarse una victoria en clave interna si, como apuntan los últimos sondeos, el actual presidente regional, el popular Alfonso Fernández Mañueco, consigue ser reelegido, incluso aunque para ello necesite el apoyo de Vox. Y todo con el objetivo de presentar a su partido como una fuerza ganadora de cara a futuras elecciones, con la vista puesta en tratar de desbancar a Pedro Sánchez de la Moncloa en los comicios previstos para 2024. 

Ayuso asegura que España "se está perdiendo" su gobierno y dice que su relación con Génova es de "normalidad"

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Ser la primera fuerza en Castilla y León y lograrlo también en el conjunto del país es un fin compartido por Casado y Ayuso pese a su pugna interna. Por eso Génova 13 y el equipo de la presidenta madrileña han decidido comenzar el año escenificando una suerte de tregua en la guerra que, según ambas partes, ya ha podido empezar a dañar las expectativas electorales del PP. Así lo auguran algunas encuestas. Esas mismas que, hace unos meses, situaban a la de los populares como la opción preferida por los españoles, por encima del PSOE, y que empiezan ahora a rebajar ese optimismo. 

El armisticio se intentó remarcar este lunes en el primer gran acto público del partido: un desayuno informativo protagonizado por la propia Ayuso en Madrid. La foto que quiso reflejar esa tregua fue la de la presidenta madrileña llegando al hotel en el que se celebró el evento acompañada de Teodoro García Egea, el secretario general del PP a nivel estatal y número dos de Casado, a quien el equipo de Ayuso y, en especial, su jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez, responsabilizan del cisma interno. Todo por su rechazo a que la jefa del Ejecutivo madrileño sea la apuesta de la dirección nacional para presidir el partido en Madrid y su intento por retrasar lo máximo posible el congreso regional que renueve la cúpula del PP en la comunidad, a diferencia de Ayuso, que quiere celebrarlo cuanto antes. 

Ayuso y Egea llegaban al hotel Ritz caminando juntos y a ellos se sumaba también el presidente de Castilla y León y candidato a las elecciones autonómicas del 13 de febrero, Alfonso Fernández Mañueco, que se encargaba también de presentar el desayuno informativo de la presidenta madrileña. La dirigente del PP agradeció la presencia de la plana mayor del PP nacional, con las únicas ausencias de Casado –en aislamiento tras dar positivo por coronavirus– y el alcalde de Madrid y portavoz del partido, José Luis Martínez-Almeida, que este lunes cancelaba toda su agenda por “motivos de salud”. 

Ayuso: "Seguiremos siendo un faro de libertad"

Preguntada por la batalla interna que libra con Génova, Ayuso restaba importancia y aseguraba que las relaciones son de “total normalidad” si bien reconocía que han fomentado “algunos titulares” durante el tercer trimestre del año. Esos “titulares” a los que se refería la presidenta madrileña son filtraciones –como la de que Ayuso mantenía bloqueado en su WhatsApp a Egea– o declaraciones públicas de uno y otro lado en las que dejaban claras las discrepancias. 

La presidenta madrileña ha evitado, no obstante, pedir que se adelante el congreso regional, como había hecho hasta ahora, como parte de la tregua que ambas partes trataban de escenificar este lunes. Ayuso se ha limitado a decir que cuando se convoque su “ilusión” sigue siendo la de dar el paso para ser una de las candidatas a presidir el PP regional, pese a que a día de hoy no cuenta con el respaldo de la dirección nacional. 

"Lo que estamos ahora es encabezando un periodo muy importante para España este 2022. Somos la alternativa política y no tenemos algo más importante que hacer que demostrarle a los ciudadanos que somos el mejor partido y el más preparado para liderar ese cambio", defendía durante su intervención. "Agradezco muchísimo tener aquí, con Alfonso y conmigo, a toda la dirección nacional y a tantos representantes del partido, también a nivel autonómico y municipal", añadía la dirigente popular que no ha podido evitar volver a erigirse como el “contrapeso” a las políticas del Gobierno de Pedro Sánchez, algo que no gusta en el entorno de Casado. 

"Mientras el Gobierno de la Comunidad de Madrid sigue gestionando con rigor sus cuentas, afianzando a la empresa privada y generando riqueza para el conjunto del país, continuaremos siendo un contrapeso al nacionalismo, a las políticas intervencionistas y liberticidas y un faro de libertad, respeto y prosperidad", aseguraba para concluir que su gobierno “es el que se está perdiendo España”.

El origen del conflicto

La amistad de años que había unido a Casado y Ayuso, a quien en 2019 el primero situó a dedo como candidata para presidir la Comunidad de Madrid, se torció cuando la presidenta madrileña vio la posibilidad de adelantar las elecciones en mitad de la pandemia –en contra del criterio del líder del PP– y reafirmar a nivel interno su liderazgo político con la excusa de la moción de censura fracasada en Murcia. La crisis sanitaria, social y económica provocada por el coronavirus le sirvió de lanzadera y despegó su perfil estatal, lo que le permitió confrontar directamente con el Gobierno de Sánchez y convertirse en la referencia mediática de la derecha, que vio una oportunidad de tumbar al Ejecutivo de coalición, al que el PP tachó de “ilegítimo” desde su misma formación.

Uno de los primeros puntos de inflexión en la relación entre Ayuso y Casado tiene que ver con el fichaje de Miguel Ángel Rodríguez, comúnmente conocido como MAR, el todopoderoso asesor de la presidenta regional que ha vuelto a la política, dicen algunos, a reeditar sus años al lado de José María Aznar –del que fue jefe de gabinete, primero, y después portavoz del Gobierno–, ahora con Ayuso. El nombramiento de MAR como jefe de gabinete de la presidenta regional en enero de 2020 potenció su proyección nacional ahondando en su figura opuesta al Gobierno de Sánchez. 

La presidenta de la Comunidad de Madrid ha forjado su liderazgo en el enfrentamiento continuo al Gobierno, especialmente durante la pandemia, y en esta tarea resultó clave el fichaje de MAR que llegó a la Puerta del Sol solo diez días después de que Sánchez fuera investido presidente. Su entrada no gustó a Ciudadanos, entonces socios de Gobierno, pero tampoco a Génova, donde vieron su aterrizaje como una amenaza al control que hasta el momento Casado ejercía sobre Ayuso. 

Desde entonces, MAR ha sido el principal germen de las discrepancias entre la presidenta regional y el número dos del partido, Teodoro García Egea. El exsecretario de Estado de Comunicación con Aznar aconsejó a su llegada a la Puerta del Sol no coger el teléfono al secretario general del partido. “Tú solo debes hablar con el presidente”, cuentan que el todopoderoso asesor le aconsejó a Ayuso, con quien tiene una relación de estrecha amistad que se remonta a sus años de estudiante de periodismo. Meses después acabó bloqueando a la mano derecha de Casado en su WhatsApp.

Cruces de reproches

Diferentes dirigentes del PP sitúan en la convocatoria electoral del pasado 4 de mayo en Madrid la ruptura definitiva entre Casado y Ayuso. Ella hizo una campaña electoral personal sin apenas injerencias de la dirección nacional. La única ocasión en la que Génova marcó territorio fue en su enfrentamiento con García Egea por las listas, cuando el murciano quiso imponer a Toni Cantó en la elaboración de las listas. Tras ese episodio, en el que Ayuso dejó clara su disconformidad, hubo una retirada desde Génova. "Me presento yo. El proyecto lo encabezo yo. La Comunidad me la he echado a las espaldas yo. Y así pienso seguir haciéndolo", dijo en plena campaña, preguntada por sus relaciones con la dirección nacional. 

Tras el arrollador triunfo en esas elecciones –Ayuso consiguió situarse a tan solo dos escaños de la mayoría absoluta, obteniendo más representantes para el PP que toda la izquierda junta–, la presidenta madrileña se sintió fortalecida y el pasado verano lanzó su primer pulso a Casado y anunció que sería candidata a presidir el PP de Madrid en un congreso que no estaba ni cerca de ser convocado, supuestamente. Génova había decidido que, en el calendario de los congresos locales, provinciales y autonómicos, l​​as comunidades autónomas uniprovinciales como Madrid fueran las últimas de la lista, celebrando sus cónclaves en el segundo semestre de 2022. 

La guerra se agudizó en los últimos meses por la resistencia de la dirección de Casado a apoyar esa candidatura de la presidenta madrileña. A todo ello se han unido las permanentes diferencias de criterio entre Ayuso y la dirección nacional de su partido sobre la gestión de la pandemia –ella siempre busca ser el contrapunto de las decisiones que adopta el Gobierno de Pedro Sánchez– y un continuo cruce de reproches a veces en público y, en otras ocasiones, en privado, que ha minado la relación entre ambas partes. La idea es que todo ese enfrentamiento quede ahora aparcado al menos hasta que se celebren las elecciones en Castilla y León para las que los populares no dudan de su triunfo.

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