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La batalla legal de la primera mujer que quiso ser piloto militar e impulsó la entrada femenina en el Ejército

Ana Moreno, una de las pioneras que impulsó la entrada de las mujeres en las Fuerzas Armadas

Laura Galaup

Patricia Ortega ha sido una pionera en las Fuerzas Armadas españolas. Entró en la primera promoción en la que se permitió el acceso a las mujeres, fue la primera militar que ascendió a teniente coronel del Ejército de Tierra y hace unas semanas se convirtió en la primera general de la historia de la disciplina castrense nacional. Ortega entró en 1988, cuando el Ministerio creó normativa para ello.

Antes de que se promulgase el Real Decreto que eliminaba el veto a las jóvenes que querían realizar las pruebas de acceso, otra mujer llevó esta situación ante los tribunales. Ana Moreno tenía 17 años cuando en 1987 le denegaron el acceso a los exámenes de ingreso alegando que no era “posible legalmente admitir su petición” porque no estaba regulada la presencia femenina en la defensa nacional.

Ante el desconcierto de esa discriminación, Moreno decidió embarcarse en una batalla contra el Ministerio de Defensa – gestionado por un gobierno del PSOE – que terminó en 1991 cuando el Tribunal Constitucional anuló el veto  y determinó que esa actuación era una “exclusión a todas luces inconstitucional”.

Para Moreno este fallo fue “una gran satisfacción”, aunque en su caso “ya no sirvió”. La hemeroteca recoge la atención mediática que acaparó su recurso. Su caso se narró como el de la “primera mujer aspirante a ingresar en el Ejército del Aire”. El año en el que se emitió la sentencia ella cumplió 22 y ya era “demasiado mayor para ingresar en la Academia General del Aire”, publicaba El País.

“Fue bonito concluir de esta manera. Yo seguí estudiando y seguí mi camino, pero vi que por lo menos había valido la pena porque lo triste hubiera sido que al final no hubiera merecido la pena”, cuenta casi tres décadas después por teléfono a eldiario.es. Se dio la paradoja de que en el mismo año del fallo del Constitucional ingresó la primera mujer que se convirtió en piloto militar, Yolanda Gassó

En 1988 no se garantizó la plena integración femenina

Ortega ingresó en la primera promoción, ese año Moreno tampoco lo pudo intentar. La normativa aprobada no garantizaba la plena integración femenina. Solo permitía el acceso a unos cuerpos y escalas determinados, como el Cuerpo de Ingenieros Politécnicos del Ejército de Tierra, al que entró la general. En el resto de casos, como en el de las pilotos militares, se irían realizando “las necesarias adaptaciones organizativas y de infraestructura”, recogía el articulado. Moreno ese año tampoco fue aceptada porque las pruebas a las que aspiraba exigían el requisito de “ser varón y español”.

“Fue una desilusión con el sistema. Si se crea un Real Decreto tiene que estar adaptado a la base constitucional que tenemos”, explica Moreno. Teniendo en cuenta que en 1988 se había aprobado la normativa, estaba convencida de que a partir de ese momento no iba a ser excluida de las pruebas de acceso y ya solo dependía de sí misma para superar esos exámenes. Desde que se publicó ese articulado comenzó a prepararse “en cuerpo y alma”. “Fue bonito porque trabajábamos tanto mental como físicamente, teníamos entrenamientos psicotécnicos. Comencé a hacer mis pinitos volando e hice diferentes cursos de aviación y me siguió fascinando”, recuerda.

No solo destinó tiempo, también invirtió dinero para hacerse un hueco en una profesión que le “fascinaba”. Se matriculó en academias especializadas para prepararse diariamente las pruebas. En esos centros de formación no coincidió con ninguna mujer. Moreno fue una pionera, de hecho la bibliografía del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional – dependiente del Ministerio del ramo – reconoce que su caso fue el “hito más significativo en la legislación española”, en relación al ingreso de las mujeres en las Fuerzas Armadas.

El año en que se reguló la entrada de las mujeres en la disciplina castrense, esta joven recibió un nuevo varapalo. A pesar de que en enero la Audiencia Provincial “estimó parcialmente” el recurso presentado contra su exclusión en las pruebas celebradas un año antes porque vulneraba el artículo 14 de la Constitución por discriminación por razón de sexo, el Gobierno socialista recurrió el fallo y en octubre el Supremo revocó esa decisión. El Alto Tribunal no consideró que se violase la Carta Magna con este veto, al señalar que la plena incorporación femenina “demanda de las previas y necesarias adaptaciones de la infraestructura militar”. Moreno insistió en su reivindicación y recurrió ante el Constitucional este fallo.

A pesar de que la normativa amparaba esa discriminación, en la sociedad sí que impactó la historia de esta joven. Por un lado, los compañeros con los que se preparaba le animaban a que siguiese con la batalla contra el Ministerio de Defensa. “En ningún momento recibí ninguna crítica. Es más, se alegraban incluso de que la mujer pudiera acceder. En ningún momento sufrí ningún tipo de crítica, ningún tipo de presión, ni siquiera de militares. Para nada, todo lo contrario”, cuenta al otro lado del teléfono.

Los medios de comunicación también pusieron el foco en ella. “Era una tarea paralela, tenía que prepararme las pruebas y atender la demanda de todos los periodistas. Era muy importante para que el tema tuviese promoción en la opinión pública”, apunta. Durante aquellos meses tuvo que cambiarse de domicilio porque sus familiares se hartaron de las llamadas de los informadores. “Me mudé de casa de mis tíos porque no paraba de sonar el teléfono y no lo aguantaban. Me tuve que ir a casa de mi abuela para que estuviesen un poco tranquilos”, reseña.

En el 89 se pudo presentar

El tercer eje fueron los políticos. En este caso solo hubo una que le apoyó en su lucha, Pilar Salarrullana, del Partido Demócrata Popular (PDP). “Estuvo hasta el último momento apoyando la igualdad de las mujeres a nivel profesional”, apunta Moreno, que explica que esta política “convenció a un bufete de abogados de Madrid para apoyarlo a nivel judicial”. “Si no hubiese sido por ellos, creo que a nivel familiar y económico no hubiera sido posible llegar tan lejos”.

En aquel momento no le extrañó que solo una representante llevase su causa al Congreso. Visto ya con perspectiva sí que le parece “curioso” que partidos “nuevos” y que “defendían los derechos de la mujer” no se implicasen. Tras el varapalo judicial y administrativo que recibió en 1988, optó por reorientarse profesionalmente. Mientras ella siguió con su vida, desde el Ministerio de Defensa decidieron convocar un año después las pruebas de acceso a la profesión militar “sin distinción de sexo en todos los cuerpos y escalas”. Esta decisión pilló a Moreno por sorpresa y tuvo que entrenar contra reloj.

Consultora medioambiental en Austria

“Me dijeron que sí [aceptaban la instancia] en marzo y tuve tres meses para preparármelas”, recuerda. Aquella cita histórica para las Fuerzas Armadas españolas congregó a 2.200 personas, –según el relato de esta mujer–  55 de ellas eran mujeres. “No entró ninguna. Nos faltaba la experiencia, tanto preparándonos como realizando las pruebas de acceso”, reseña. Moreno explica que durante los años de veto, sus compañeros habían adquirido práctica y experiencia sobre el funcionamiento de la prueba. Esa ocasión fue la última y única oportunidad que tuvo de presentarse porque un año después (con 21 años) superó la edad máxima con la que se podía acceder.

Ante las trabas puestas por la administración, dejó a un lado su aspiración militar y se centró en la Ingeniería Industrial. Actualmente reside en Austria, donde trabaja como consultora medioambiental.De forma individual, continuó trabajando en sus “ansias de vuelo”, sacándose “el título de vuelo sin motor” y planeando “en ultraligero”. Moreno no pudo vivir desde dentro la evolución de la presencia femenina en la disciplina castrense. 30 años después de su intento de ser militar y establecida fuera de España, no ha podido evitar recibir con “gran alegría” la llegada de Ortega al generalato.

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