Sobre este blog

@Retiario estudió biología pero siempre quiso aprender y contar historias reales. En tiempos remotos fue paleontólogo, pero desde hace décadas es periodista y profesor de periodismo. Cree en la ciencia, la tecnología y el poder de la humanidad para cambiar las cosas para bien, si se aplica. Pasa la mayor parte de su tiempo en Internet y es un firme defensor de la pluma (y la red) frente a la espada.

La enigmática dieta del 'Hobbit sudafricano'

Reconstrucción facial del Homo Naledi

El misterioso Homo naledi podría ser considerado como el Segundo Hobbit, o el Hobbit sudafricano; un pariente de la Humanidad de reducido tamaño encontrado en un remoto rincón de una cueva en Sudáfrica del que sabemos pocas cosas. Es primitivo, muy primitivo en algunos detalles, y pequeño; tanto que su cerebro apenas es mayor que el de un australopiteco y su estatura es de sólo metro y medio de media.

Han aparecido más de 1.500 restos de hasta 15 individuos diferentes y el lugar donde se encuentran (una cámara con la entrada tan estrecha que sólo pueden acceder arqueólogas especializadas en espeleología y de pequeño tamaño) sugiere que pudieron ser acumulados allí deliberadamente, como tal vez ocurrió también en la Sima de los Huesos de Atapuerca.

Lo que más sorprende es que son muy recientes: tienen entre 200.000 y 300.000 años, un tiempo en el que ya existían antepasados nuestros mucho más grandes y con un cerebro mayor. De hecho por aquel entonces había varios tipos de seres humanos diferentes en distintas zonas del planeta.

Un reciente estudio ha analizado los dientes de Homo naledi y ha descubierto algo interesante: pequeñas fracturas en el esmalte que sugieren que este homínido comía cosas distintas que sus contemporáneos.

Desconchones en zonas internas de las muelas sugieren que se alimentaba de tubérculos (con tierra adherida) o quizá de algún tipo de nueces de cáscara dura, es decir, que su dieta era especializada. Tan diferente, de hecho, que ni siquiera se parece a la de australopitecos de grandes mandíbulas como Paranthropus robustus o P. boisei.

De modo que su alimentación era distinta de la de cualquier otro miembro conocido de nuestra familia, lo que podría explicar las diferencias al tratarse de una variedad especializada del tronco humano que sobrevivió porque no competía con otros antepasados.

La evolución humana no deja de darnos sorpresas, y en según qué épocas cada vez se parece más al universo de El Señor de los Anillos con hobbits, enanos, elfos, humanos y todo tipo de variantes de humanos conviviendo, a veces incluso en las mismas regiones. Un panorama muy diferente al del momento actual con una única especie: nosotros, los huérfanos.

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Publicado el
13 de diciembre de 2017 - 21:55 h

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