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No nos gusta la palabra "discapacitado". Preferimos retrón, que recuerda a retarded en inglés, o a "retroceder". La elegimos para hacer énfasis en que nos importa más que nos den lo que nos deben que el nombre con el que nos llamen.

Las noticias sobre retrones no deberían hablar de enfermitos y de rampas, sino de la miseria y la reclusión. Nuria del Saz y Mariano Cuesta, dos retrones con suerte, intentaremos decir las cosas como son, con humor y vigilando los tabúes. Si quieres escribirnos: retronesyhombres@gmail.com

Eugenesia buena, eugenesia mala

"La eugenesia es la auto-dirección de la evolución humana": Lema del Segundo Congreso Internacional de Eugenesia

Existen 2 tipos de eugenesia: la positiva fomenta la reproducción de los considerados “más aptos”; la negativa trata de evitar la reproducción de los considerados “menos aptos”. Aunque al hablar de eugenesia solemos pensar en humanos, no hay que olvidar que estas prácticas también se han realizado con plantas y animales desde prácticamente el inicio de los tiempos (si no, no estaríamos donde estamos).

Los babilonios mejoraban las características de sus caballos en cada generación, también los chinos cruzaban especies de arroz para lograr un alimento mejor. Entre los humanos, el tabú del incesto o la prohibición de que las personas con ciertas enfermedades se casasen y tuvieran hijos es una muestra de la eugenesia. Hasta hace muy poco aquellos de “sangre azul” eran emparejados con sus iguales para mantener la “pureza”. Ya Platón escribió en La República:

Harás una selección entre las mujeres, como la has hecho entre los hombres, y aparearás éstos con ellas, teniendo en cuenta todas las semejanzas posibles (...). Poner en manos del azar los apareamientos carnales y demás actos en una sociedad en donde los ciudadanos traten de ser dichosos, es cosa que ni la religión ni los magistrados permitirían.

La eugenesia negativa siempre tuvo sus defensores. Aristóteles escribió en su Política:

En lo que se refiere al matar o criar a los hijos, la ley debe prohibir que se críe cosa alguna tarada o monstruosa.

Fue Galton quien dio a estas costumbres un marco teórico (o pseudoteórico). Después llegaron los nazis y dieron una vuelta de tuerca. Las esterilizaciones forzosas, los asesinatos en masa de retrones y los experimentos aberrantes han hecho que la palabra eugenesia nos remita de forma instantánea a Adolf Hitler y sus secuaces (Estados Unidos puso en marcha estas prácticas desde inicios del siglo XX, pero suele olvidarse).

Ahora la eugenesia no es tan tosca. Ahora es posible mejorar los genes de tus descendientes mediante la ciencia. En estos momentos, China aplica con afán la ingeniería genética.

Recupero unos párrafos que escribí en un artículo llamado Transhumanismo: los arquitectos del futuro:

En el año 1997 se logró secuenciar el primer genoma humano; costó 1 millón de dólares. Hoy es posible secuenciar tu propio ADN por lo que cuesta un iPad.

El diagnóstico y tratamiento de enfermedades mediante terapia genética ya no es una utopía. En las últimas semanas hemos conocido un caso de curación de ceguera mediante la inserción de un gen y el nacimiento en España del segundo “bebé-medicamento”, un niño concebido con la misión de salvar a su hermano de una enfermedad mortal. También es posible modificar los genes de un embrión para que no padezca ciertas dolencias mediante el diagnóstico genético preimplantacional.

Los transhumanistas auguran que la ingeniería genética será una técnica común en el futuro. No sólo podremos evitar enfermedades, también elegir las características físicas de nuestros hijos. Y cuando cada paciente pueda secuenciar su genoma con la misma naturalidad que hoy nos hacemos un análisis de sangre se podrán elaborar fármacos a medida de la estructura genómica de cada persona; así se potenciarían los efectos de la medicación y se evitarían rechazos.

El diseño genético es el aspecto del transhumanismo que produce un rechazo casi unánime. Los críticos advierten del peligro de seleccionar a los hijos no sólo para evitar enfermedades, algo que cada vez está más aceptado, sino para conseguir unas características físicas e intelectuales determinadas. Se teme que en 50 años una pareja pueda acudir a una clínica a “pedir” un hijo guapo, rubio, atlético y con un coeficiente intelectual de 150. Se teme, en definitiva, que juguemos a ser Dios.

Mi pregunta es: ¿por qué va a ser peligrosa esta situación? Todos los padres quieren lo mejor para su hijo. Ya desde su concepción, la madre trata de cuidar su alimentación, deja de fumar y beber y toma los fármacos que le aconseja su médico; una vez nacido, los padres lo alimentan con comida sana, le matriculan en una buena escuela y controlan sus amistades… Los avances genéticos simplemente extenderían este cuidado hasta el instante previo a la concepción.

Para mí, la modificación genética no consiste en una sucesión de atrocidades dirigidas a cumplir los delirios de un dictador. La modificación genética podría evitar un buen puñado de enfermedades (como la de mi socio). Yo estoy a favor de esta última posibilidad. Cuando es el Estado el que decide quién nace y quién no… eso es otro cantar.

También hay quien utiliza la modificación genética para dar a luz a hijos retrones. De ello hablaré en el siguiente post.

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Publicado el
30 de agosto de 2013 - 08:00 h

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