PERFIL

'Billy el Niño': el torturador franquista que ha muerto con sus medallas y sin ser juzgado

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"¿Sabes quién soy? 'Billy el Niño". El inspector Antonio González Pacheco disfrutaba con su trabajo, según las víctimas: detener y torturar. El policía franquista tenía el mando en los calabozos de la Puerta del Sol de Madrid, y no dudaba en aplicar variadas técnicas de castigo durante sus interrogatorios. Quería atemorizar a sus detenidos. Ser el referente de la represión del franquismo. Todo ese terror queda reflejado en nueve querellas de víctimas de sus torturas. Algunas ya han sido archivadas porque los delitos han prescrito.

Cuatro medallas y 18 felicitaciones: el historial de premios a 'Billy el Niño' que el Congreso ha aprobado desclasificar

Cuatro medallas y 18 felicitaciones: el historial de premios a 'Billy el Niño' que el Congreso ha aprobado desclasificar

Antonio González Pacheco, alias 'Billy el Niño', nació el 10 de octubre de 1946 en Aldea del Cano (Cáceres). Le gustaba su apodo. Ha sido la cara más visible de la Brigada Político Social (BPS) y el aparato represor de los últimos años de la dictadura de Francisco Franco.

Este jueves se ha conocido su fallecimiento a causa del coronavirus y dolencias de riñón, en una clínica madrileña. 'Billy el Niño' ha muerto sin ser juzgado y manteniendo las medallas que recibió por su carrera durante el franquismo, plagada de torturas.

Durante su vida tuvo un objetivo: vestir sobre su figura una leyenda negra, de tipo duro, sin escrúpulos. Buscó estar en boca de los miembros de las organizaciones antifranquistas, que le conocieran y supieran de qué es capaz. Que le tuvieran miedo. Por eso acercaba el rostro a los reos y decía: "¿Sabes quién soy? Billy el Niño".

El policía construyó para sí, durante su carrera, el perfil de un agente duro e imprevisible que convertía los calabozos de la Dirección General de Seguridad (DGS) en una trampa infernal para los activistas contra la dictadura. Por sus "méritos" acumulados en años de servicio recibió varias medallas pensionadas que siguieron en su poder hasta el día de su muerte.

Perfil de un torturador

Antonio González Pacheco vivía en Madrid, en el mismo barrio que algunas de sus víctimas. Obsesionado con su seguridad, calculaba con extremo cuidado cada salida a la calle. Un taxi en la puerta, miradas tras las cortinas desde las ventanas de un primer piso. Y una fugaz carrera desde el portal a la puerta abierta del vehículo.

Aficionado al atletismo, Billy el Niño llegó a correr maratones como los de Madrid o Nueva York. En una de estas competiciones fue identificado y la fotografía del torturador franquista con gorra, ropa deportiva, gesto sufrido y un dorsal con el número 4191 dieron la vuelta al país.

Como policía franquista llegó a ser número dos de la BPS bajo el mando del comisario Roberto Conesa (implicado en la represión tras la guerra civil y encargado de la lucha antiterrorista contra ETA y los GRAPO). Acumuló fama con rapidez por las palizas con las que sometía a los arrestados.

Desde 1977 fue inspector del Cuerpo Superior de Policía. Quedó integrado en la Brigada Central de Información, la policía secreta que sustituyó a la Brigada Político Social. En el 81 acusó un traslado a la Comisaría General de Policía Judicial y abandonó el servicio un año después para pasar a trabajar como jefe de seguridad en empresas privadas.

Dinero por detenciones y torturas

González Pacheco fue relacionado con el asesinato de Enrique Ruano, estudiante de Derecho y militante del Frente de Liberación Popular. Ruano murió bajo custodia de la policía secreta franquista. El 20 de enero de 1969 cayó desde un séptimo piso. La dictadura vendió el suceso como un suicidio, en una estrategia de la que participa el ministro Manuel Fraga. El movimiento antifranquista lo considera un crimen político y se incendia la indignación en las universidades españolas.

Incluso un juez condenó a Billy el Niño en 1974 por "malos tratos" al periodista Paco Lobatón. La pena fue de un día sin empleo y sueldo.

Billy el Niño llegaba a cobrar premios especiales en metálico por sus actuaciones. Como la "desarticulación de aparato de propaganda FRAP", 20.000 pesetas en el 75. Y "detención de militante del Partido Comunista", 6.000 pesetas en el 76.

Y medallas pensionadas

Billy el Niño obtuvo cinco medallas que aumentaron su pensión un 50%. El policía franquista acusado de torturas acumulaba condecoraciones en la dictadura y también en democracia, según desvelaba el informe solicitado sobre el caso por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.

La primera medalla de distintivo rojo la recibió del Gobierno de Franco en 1972. Estaba pensionada con un aumento del 10% en el sueldo. El siguiente premio es la Medalla de Plata al Mérito Policial concedida por el ministro Rodolfo Martín Villa en 1977, aumentaba su pensión en un 15%.

En 1980 obtuvo otra más, de las mismas características. Y en 1982 recibió la Medalla de Oro, que suponía un plus del 20% en su atribución. González Pacheco reclamó por vía judicial los beneficios económicos asociados a esta condecoración porque no los cobraba. La justicia reconoció este derecho en 2010. Por último, el policía franquista fue condecorado en 1977 con la Cruz al Mérito Militar con Distintivo Blanco. Esta última medalla militar no fue conocida públicamente hasta noviembre de 2019.

El Gobierno de España encargó este informe a través de Interior para estudiar la retirada de estas condecoraciones pensionadas. Es la "intención" del Ejecutivo de Pedro Sánchez finiquitar estos premios y privilegios. Grande-Marlaska, entiende que este tipo de condecoraciones son una manifestación de una conducta ejemplar y excepcional hacia la sociedad que, "a día de hoy", cree que "no existe" en el caso de Billy el Niño.

En febrero de 2020, el Congreso dio el visto bueno a la petición del diputado EH Bildu Jon Iñárritu para desclasificar las medallas, condecoraciones y premios concedidos a Antonio González Pacheco. La desclasificación implicaba la publicación de la hoja de servicios de 'Billy el Niño', a la que había accedido eldiario.es en diciembre de 2018. Un expediente que había sido secreto hasta entonces y que revelaba que el Estado gratificaba con reconocimientos públicos y premios en metálico la detención y represión de estudiantes y comunistas.

El documento constaba de tres folios en los que se recogían las actuaciones de este agente franquista entre 1969 y 1977. En el documento figuraban 18 felicitaciones públicas por represión comunista y estudiantil, así como "premios" en metálico por la represión de los movimientos antifranquista.

Las torturas

El policía franquista estaba acusado de torturas continuadas en los calabozos de la Dirección General de Seguridad en Madrid. Actuaba con extrema violencia, según sus víctimas. Empleó técnicas de castigo como colgar al detenido en una barra para provocar una posición de extrema vulnerabilidad y ensayaba movimientos copiados de las artes marciales.

Una de las torturas era el 'pasillo': el detenido pasaba entre dos filas de agentes policiales que golpeaban con porras, vergajos, puños americanos, patadas y puñetazos. O el 'repasito': propinar fuertes golpes, sin dejar marcas en el cuerpo, con guías telefónicas y porras de goma, una táctica empleada entre interrogatorios.

La 'bañera' consistía en la introducción de la cabeza en aguas "extremadamente sucias y nauseabundas" hasta el práctico ahogamiento del detenido. Cuando la víctima llega a perder el conocimiento siente la sensación de que va a morir.

Billy el Niño bautizó como el 'saco de golpes' a los puñetazos y patadas repetidas en el cuerpo de sus víctimas que descargaba con movimientos y gritos copiados del kárate. Le "encantaba" propinar estas palizas pronunciando los nombres de las técnicas empleadas para mostrar su pericia en la materia, según el relato de las víctimas, algunos de los cuales han quedado recogidos en querellas.

En ellas se habla también de la técnica de colgamiento de una barra: esposado por la muñeca delante de los tobillos, el detenido quedaba suspendido por la articulación de las rodillas. La postura dejaba expuestos los glúteos, genitales y plantas de los pies para ser golpeados. Era una de las prácticas más usadas por los agentes de la BPS por la extrema posición de vulnerabilidad y la nula posibilidad de defensa. Además del intensísimo dolor, esta tortura provocaba abundantes hemorragias y presencia de sangre y coágulos en la orina durante meses.

La violencia psicológica y la humillación al detenido eran una constante. Con amenazas, coacciones indicando posibles daños a familiares y compañeros, o despojando de la ropa para mantener desnuda a la víctima. Y el aislamiento, los incesantes interrogatorios y el debilitamiento, negando agua o comida durante días.

Vinculado a Villarejo durante la democracia

Ya en los años de democracia, 'Billy el Niño' estuvo vinculado al caso Villarejo. Tal como informó Pedro Águeda, la empresa de seguridad de González Pachezo facturó cerca de 700.000 euros entre 2010 y 2016, durante periodo en el que el inspector jefe Constancio Riaño estuvo destinado en la Comisaría General de Información. Riaño esta imputado en el caso Villarejo, acusado de entregar información confidencial a Villarejo, con la que el comisario confeccionaba dosieres que luego vendía.

Servicio de Prevención de Atentados y Secuestros (SPAS S.L), la empresa de González Pacheco, funcionaba como una consultora de seguridad, y estuvo en funcionamiento durante dos décadas. Su fin de actividad coincide, precisamente, con el año en que Riaño se jubiló.

González Pacheco también se benefició de su 'amistad' con Riaño al obtener información privilegiada de este. El propio Riaño declaró ante el juez el septiembre pasado que había entregado datos de matrículas y teléfonos a su "amigo" Billy el Niño. Su justificación: que el policía franquista se sentía "amenazado", que no podía recurrir a a la Policía por el "desprestigio" al que le habían condenado los medios de comunicación y que la información entregada no era exactamente confidencial.

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