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“Las denuncias falsas por violencia sexual son una leyenda negra”

Cobertura mediática del caso de la violación múltiple en Málaga.

Laura Olías / Natalia Chientaroli

Una joven supuestamente violada por varios chicos cuando salía del trabajo, durante la Feria de Málaga. Lo que parecía un fin de fiesta macabro de un grupo de amigos acaparó la atención de los medios durante días. Poco después llegó la rectificación. La chica que había denunciado la agresión se retractó y confesó ante la jueza haber tenido relaciones sexuales consentidas con varios jóvenes, que grabaron el acto con el móvil. Según dijo, inventó la violación para evitar que ellos difundieran el vídeo. Una agresión que finalmente no fue tal ha demostrado “lo poco que la sociedad y los medios conocen este problema”, sentencian varias expertas en violencia sexual.

“Lo de Málaga está totalmente alejado de la inmensa mayoría de los delitos sexuales”, advierte Tina Alarcón, presidenta del Centro de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales (CAVAS). Estos casos se caracterizan, entre otras cosas, porque muchas de sus víctimas no denuncian los hechos “porque se sienten culpables de lo sucedido y por vergüenza”, afirma.

Las cifra de víctimas de este problema, “de proporciones endémicas” según la Organización Mundial de la Salud, es muy difícil de aproximar. “Las estadísticas que existen se basan solo en las denuncias y, por lo tanto, su magnitud queda muy infraestimada”, apunta Sonia Cruz, psicóloga experta en violencia sexual de la Fundación Aspacia. Un macroinforme realizado por la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, el más amplio y detallado que existe, calcula que al menos un 6% de las españolas de entre 18 y 74 años ha vivido algún suceso de violencia sexual después de los 15 años, esto es, alrededor de un millón de mujeres.

Alarcón lamenta que la repercusión de lo sucedido en Málaga alimente “la leyenda negra de las denuncias falsas, que no existen apenas en realidad”. Un fantasma ligado a las acusaciones de violencia sobre las mujeres que reconoce el Fiscal General del Estado en su última memoria. En sus conclusiones, la institución habla de un “escasísimo porcentaje” de denuncias falsas: desde 2009, solo un 0,005% de las denuncias sobre violencia contra las mujeres se saldaron con una condena para la mujer por acusaciones falsas.

“Además, nunca sabremos del todo qué pasó en Málaga”, apunta Tina Alarcón. Sonia Cruz coincide y plantea la siguiente reflexión: “Cuando la chica denunció la agresión, algunas personas dudaron de su testimonio; cuestionaban si se había hecho antes una foto con ellos o cómo había bailado, etcétera. Sin embargo, en el momento que ella confiesa que 'se lo inventó', todo el mundo ha creído inmediatamente que eso fue así. ¿Por qué?”.

Esta denuncia es, en opinión de Sonia Cruz y Tina Alarcón, un ejemplo claro del juicio público al que se somete por lo general a las víctimas de agresiones sexuales y de cómo se sigue culpando a la mujer de estos abusos. “Algo que no pasa en otros delitos”, señala Cruz. “Yo todavía escucho cosas como 'pero ¿qué hacía sola a las 2 de la mañana en la calle?' o 'ésta lo iba buscando'”, critica Tina Alarcón.

La falta de confianza en la versión de víctima la perciben también las mujeres y es un obstáculo más para alzar la voz. “Por eso es tan importante que la víctima sea acompañada durante todo el proceso de denuncia por un equipo especializado, porque muchas retiran los cargos o se retractan de su declaración más tarde no porque sea falsa sino para no repetir otra vez esa humillación”, relata Sonia Cruz. Un trato inadecuado cuando la víctima da el paso de denunciar “agrava el impacto de la agresión y la cronifica”, añade la psicóloga.

La sociedad no identifica todos los delitos sexuales

“La mayoría de la violencia la ejercen personas conocidas por la víctima: familiares, amigos, vecinos, parejas...”, explica Elisa Fernández, portavoz de la asociación mehanviolado.com. A su página informativa llegan, sobre todo, preguntas de mujeres que han sido agredidas por hombres de su círculo más cercano, muchos de ellos familiares. Algunas sufrieron abusos durante la infancia, cuando la posibilidad de manipular y engañar a las víctimas es mucho mayor. “Y es aquí donde hay más problemas para detectar la violencia”, apunta Fernández.

'¿Me han violado?', es una de las secciones de la página informativa mehanviolando.org. Así, con signos de pregunta. La historia de Málaga sacó a la palestra la dificultad de identificar todas las formas de violencia sexual. “Nos han educado para detectar y prevenir un determinado perfil, esa agresión de un desconocido, por la calle, que asalta a una joven generalmente atractiva. Ese es el patrón que percibe la mayoría sobre la violencia sexual y lo que se sale de ahí cuesta identificarlo”, explica la psicóloga Sonia Cruz. Sin embargo, las agresiones por asalto suponen una minoría respecto al total de delitos sexuales, que no siempre tienen por qué tratarse de una agresión con intimidación.

Muchas mujeres acuden a los servicios de atención sin estar seguras si han sido víctimas de un delito. “Porque iban borrachas o porque al principio tontearon con un chico y creen que le dieron pie a algo”, cuenta Tina Alarcón, que recuerda que el delito comienza cuando la mujer dice no. La etiqueta #noesno se ha multiplicado por las redes sociales a raíz de este caso para recordar los límites del consentimiento. “Que se puede retirar y puede ser gradual. Se puede querer hacer algo en el sexo y otras cosas no”, añade Elisa Fernández.

Comunicar para ayudar a las víctimas

Ante casos aislados como el de Málaga, las reacciones se han de medir con especial cuidado. Elisa Fernández critica el tratamiento mediático de la violencia sexual, que “se centra en la carnaza, en los casos concretos” en lugar del problema social, que “es un reflejo más de la discriminación entre hombres y mujeres, de la violencia de género”, añade Sonia Cruz. Además, el poder de los medios para visibilizar realidades invisibles como esta queda inutilizado porque, en general, “no se informa sobre la violencia sexual”, apunta Pilar López Díez, doctora en Ciencias de la Información especializada en Género y Comunicación.

Centrar la atención en el comportamiento de la víctima merece otra de las tarjetas rojas de las especialistas. Detallar cómo baila, qué interés mostraban hacia el hombre o la forma de vestir de la mujer focalizan el problema en la víctima cuando quien decide agredir es el hombre. La reproducción de estereotipos es una de las trampas en las que caen los medios de comunicación, señala López Díez. “Los medios –y no digamos los comentarios a los que han dado espacio y tiempo– han destacado uno de los peores estereotipos sobre las mujeres: las mujeres son mentirosas y aviesas para conseguir lo que quieren”, afirma.

Un camino para contribuir a la igualdad de género pasa por “darle espacio a temas que están absolutamente relacionados con lo que termina siendo violencia sexual”, recomienda López Díez. Reformular las referencias a la sexualidad masculina y femenina para que no se reproduzcan ciertas conductas de control y sumisión. Sonia Cruz coincide: “La mujer que muestra su apetito sexual, parece menos 'pura' en el imaginario de esta sociedad machista; la aleja de lo aceptado moralmente. Por otro lado, con el instinto sexual del hombre se da por hecho que tiene ciertas necesidades que no puede controlar. Hay que acabar con estos mitos”. Y lo más importante, la educación. “A hombres para no agredir, sobre todo, y a mujeres para identificar la violencia sexual”, concluye.

“Yo no creo que los medios tengan la obligación de enseñar explícitamente a los hombres a no buscar solo el placer propio. O a no tratar a la mujer como un objeto pasivo. Es de una educación muy básica. ¿O aceptamos que estamos ante animales por domesticar?”, ironiza Lucía Martínez Odriozola, presidenta de la Asociación Vasca de Periodistas y decana del Colegio Vasco de Periodistas.

Para ella lo importante es incidir en cómo prevenir y cómo reaccionar a las agresiones. “Vemos constantemente que ni siquiera las mujeres con más formación se han planteado a sí mismas en escenarios en los que son agredidas. No sabemos qué hacer. Y lo peor es que no estamos preparadas las mujeres ni está preparado el sistema. Nadie te garantiza que tengas una correcta atención en el hospital (en caso de que acudas) o que tengas algún tipo de asesoramiento antes de poner una denuncia”, explica.

Y lanza una última reflexión sobre la importancia de la información que brindan los medios de comunicación. “Sabemos mucho más de cómo evitar problemas con una compañía aérea que cómo reaccionar ante una violación”.

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