De agua burbujeante y caliente y 500 metros de fondo, muchos la consideran la cueva submarina más profunda del planeta

En 2022 se alcanzó una nueva cifra de profundidad: 519,5 metros

Alberto Gómez

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Es conocido como “el abismo de Hranice”, está situado en la Reserva Natural Nacional de Hůrka, en la República Checa y es reconocido actualmente como la cueva submarina de agua dulce más profunda del planeta. Este pozo vertical de piedra caliza no es solo una simple cavidad, sino un portal hacia un mundo de oscuridad absoluta y presiones extremas que ha capturado el interés global. Durante siglos, su profundidad exacta ha permanecido como un enigma esquivo, inspirando tanto temor como una curiosidad científica insaciable en exploradores de todo el mundo. Las expediciones recientes han comenzado a revelar que solo conocemos una pequeña fracción de este abismo que parece no tener fin.

La fascinación por este lugar se remonta a cientos de años, con registros cartográficos que datan del año 1627 y exploraciones iniciales documentadas en 1900. En aquellos tiempos, los exploradores utilizaban plomadas rudimentarias para intentar tocar un fondo que siempre resultaba inalcanzable para sus limitadas herramientas de medición. No fue sino hasta la década de 1860 cuando los buceadores comenzaron a aventurarse en sus niveles superiores, enfrentándose a un entorno hostil y desconocido. La primera sonda mecánica fue enviada a las profundidades en 1974, logrando registrar una marca de 175 metros antes de detenerse. Desde entonces, la búsqueda de la profundidad real se ha convertido en una competencia tecnológica que involucra a buzos de élite y robots avanzados. Cada nuevo intento ha servido únicamente para demostrar que el abismo es mucho más vasto de lo imaginado.

La era moderna de exploración en Hranice está intrínsecamente ligada al nombre de Krzysztof Starnawski, un espeleobuceador polaco que ha dedicado décadas a este sitio. Desde su primera visita en 1999, Starnawski supo que se enfrentaba a una estructura de dimensiones colosales que requería un enfoque innovador para ser comprendida. En 2014, durante una inmersión que parecía haber llegado al límite de los 200 metros, descubrió un pasaje estrecho oculto entre los sedimentos. Al atravesar esta abertura, se encontró con un túnel vertical gigante que descendía hacia lo que parecía ser el corazón mismo de la Tierra. Este descubrimiento cambió radicalmente la percepción de la cueva, demostrando que lo que antes se consideraba el fondo era apenas el inicio. Su persistencia permitió que la tecnología robótica tomara el relevo en las zonas más peligrosas.

Esta cueva fue creada por aguas termales calientes que brotaron desde el subsuelo disolviendo lentamente la piedra caliza a lo largo de milenios

El año 2016 marcó un hito histórico cuando una expedición logró medir oficialmente una profundidad de 404 metros utilizando un vehículo operado por control remoto. Con este registro, Hranice superó al Pozzo del Merro en Italia, convirtiéndose para muchos expertos en la cueva inundada más profunda del mundo conocido. La misión enfrentó obstáculos formidables, como la presencia de troncos de árboles caídos y escombros que dificultaban el paso del robot hacia el fondo. Las aguas, saturadas de dióxido de carbono, crearon un ambiente químicamente agresivo que puso a prueba la resistencia de los materiales utilizados en la exploración. A pesar de estos desafíos, las imágenes capturadas revelaron una estructura geológica fascinante que sugería que la profundidad real era aún mayor. El éxito de esta misión fue posible gracias a la colaboración internacional y al financiamiento de National Geographic.

Los avances tecnológicos no se detuvieron allí, y en 2022 un nuevo robot llamado UX-1Neo alcanzó la impresionante cifra de 519,5 metros de profundidad. Este dispositivo híbrido, desarrollado por investigadores portugueses, fue diseñado específicamente para navegar de forma autónoma en entornos complejos y de baja visibilidad. Además de romper el récord anterior, el robot proporcionó un mapa detallado en tres dimensiones que permitió visualizar la compleja morfología interna de la cueva. El uso de sensores avanzados y sonares permitió a los científicos identificar zonas de inestabilidad y posibles colapsos que representan un peligro para futuras inmersiones. Los datos obtenidos por el UX-1Neo han sido fundamentales para comprender cómo se distribuyen los sedimentos y los recursos minerales en el abismo. No obstante, el cable del robot volvió a ser insuficiente para tocar el verdadero fondo.

Lo que diferencia a Hranice de la mayoría de las cuevas kársticas es su origen geológico inverso, conocido como formación hipogénica desde las profundidades. Mientras que la mayoría de las cuevas se forman por el agua de lluvia que erosiona la roca desde la superficie, esta fue creada por aguas termales. Estos manantiales minerales calientes, cargados de dióxido de carbono, brotaron desde el subsuelo disolviendo lentamente la piedra caliza a lo largo de milenios. Starnawski ha descrito este proceso comparando la cueva con un volcán debido a la forma en que el agua mineral burbujeante surge desde abajo. Esta peculiaridad ha dado lugar a formaciones únicas, como estalactitas de géiser que se asemejan a pequeños volcanes con sus propios cráteres. Es un laboratorio natural excepcional para estudiar procesos geológicos que ocurren lejos del alcance del ojo humano.

A 15 grados de temperatura

Bucear en las profundidades de Hranice es una tarea extrema que está fuera de las posibilidades técnicas de la mayoría de los seres humanos. La temperatura del agua se mantiene constante alrededor de los 15 grados centígrados, lo que exige una protección térmica rigurosa para inmersiones prolongadas. Además de la temperatura, la agresividad química del agua mineral obliga a los exploradores a proteger cuidadosamente tanto su piel como sus equipos de buceo. La visibilidad es un problema recurrente debido a las zonas fangosas y a los sedimentos que se levantan con el menor movimiento de agua. Las inmersiones profundas requieren tiempos de descompresión extremadamente largos, que pueden extenderse por semanas en casos de inmersiones de saturación profesional. Cada metro descendido representa un riesgo mortal, convirtiendo a la tecnología robótica en la única opción segura para el futuro.

El abismo también está rodeado de un aura de misterio y leyendas oscuras que han pasado de generación en generación entre los habitantes locales. Una de las historias más conocidas narra cómo un caballero del castillo de Svrčov y su esposa se precipitaron al abismo en su carruaje nupcial. Según la leyenda, la tierra se abrió bajo ellos como un castigo infernal por los crímenes y la lujuria del caballero hacia su joven viuda. Otra tradición cuenta que el rey moravo Mojmir II saltó al abismo a caballo para guiar a sus perseguidores traidores hacia una muerte segura en la oscuridad. Registros históricos del siglo XVI sugieren que el sitio fue utilizado como lugar de ejecución donde se arrojaba a los condenados a muerte. Estas narrativas reflejan el respeto y el temor histórico que este pozo profundo ha inspirado en la cultura de la región.

A pesar de los impresionantes registros alcanzados hasta la fecha, los científicos estiman que la profundidad total de Hranice podría superar el kilómetro. Análisis químicos del agua y estudios sísmicos realizados en 2020 sugieren que el abismo podría albergar estructuras monumentales de hasta 830 metros. De confirmarse estas estimaciones, la cueva tendría espacio suficiente para contener rascacielos enteros como el Empire State Building. La exploración futura requerirá cables más largos, vehículos capaces de soportar presiones masivas y sistemas de navegación aún más precisos que los actuales. La comunidad científica internacional observa con atención cada avance, consciente de que Hranice es una de las fronteras finales del conocimiento subterráneo. La búsqueda del fondo absoluto se ha convertido en uno de los retos más fascinantes de la espeleología contemporánea.

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