El castillo del siglo XV que alberga en su interior una exposición, sobre la historia de toda la provincia, hecha con plastilina
Dominando el horizonte de la comarca natural de Tierra de Campos, el Castillo de los Sarmiento no solo sigue de pie e imponente, sino que es toda una joya patrimonial de la localidad de Fuentes de Valdepero, en la provincia de Palencia. Esta fortaleza del siglo XV es un vestigio del pasado defensivo de Castilla y, a la vez, un centro cultural vibrante que atrae a miles de visitantes cada año. Su silueta majestuosa, visible desde la carretera, invita a descubrir una historia que comenzó hace siglos con un linaje dedicado originalmente a la viticultura. Se trata de un monumento que permite realizar un viaje en el tiempo a través de sus renovadas instalaciones, donde la arquitectura militar se funde con la divulgación histórica más amena, un lugar vivo donde el silencio de las piedras se rompe con el asombro de los turistas que acuden a conocer sus secretos.
La historia de esta fortaleza, como bien indica su nombre, está íntimamente ligada a la poderosa familia Sarmiento, cuyos orígenes se remontan al siglo XIII como ricos hacendados de la zona palentina. Fue don Diego Pérez Sarmiento III, Adelantado Mayor de Galicia y primer Conde de Santa Marta, quien impulsó la construcción inicial de la fortaleza entre los años 1442 y 1465. Durante este periodo, se levantó un edificio que seguía los cánones de la prestigiosa Escuela de Valladolid, compartiendo autoría con otras torres famosas de la región. El coste de la edificación fue estimado en su momento en más de dos millones de maravedíes, una cifra astronómica para la época y que reflejaba el gran poder del linaje. Los escudos circulares que aún hoy decoran el cubo sudeste dan fe de la importancia de su fundador y su rango nobiliario en la corte.
Desde el punto de vista arquitectónico, el castillo fue considerado durante mucho tiempo como la fortaleza más importante de toda Castilla debido a sus dimensiones masivas. Su torre del homenaje, con una anchura y longitud sin rival, contaba originalmente con tres pisos abovedados y un remate que la hacía destacar sobre cualquier otra construcción. Sin embargo, el rasgo más asombroso de este edificio son sus muros, que llegan a alcanzar los once metros de espesor en algunos puntos estratégicos. Esta característica lo sitúa como uno de los castillos con los muros más gruesos de toda España, una verdadera proeza de la ingeniería militar del siglo XV. Su planta cuadrada, protegida por cubos en las esquinas, albergaba en su interior un patio de armas que servía de corazón para la vida residencial y defensiva.
Uno de los episodios más trágicos y relevantes de su crónica ocurrió en enero de 1521, cuando el castillo sufrió el asedio de las tropas comuneras. Andrés de Ribera II, señor de Fuentes en aquel entonces, se vio obligado a negociar una capitulación ante el avance de las fuerzas del obispo Acuña. El prelado traicionó el acuerdo de una rendición honrosa, apresando a la familia del señor y saqueando todas las posesiones de valor que se encontraban tras los muros. La fortaleza permaneció bajo control de los comuneros hasta finales de abril de aquel mismo año, tras su derrota definitiva en la batalla de Villalar. Este suceso marcó profundamente la estructura posterior del edificio, ya que las reparaciones buscaron evitar que una situación similar se repitiera en el futuro, reforzando drásticamente su seguridad.
Tras el ataque comunero, Andrés de Ribera acometió obras de remodelación con el objetivo de convertir el castillo en una estructura totalmente inexpugnable para los tiempos venideros. Fue precisamente en esta fase constructiva, posterior a 1521, cuando se engrosaron los muros y se achicaron puertas y ventanas. Estas modificaciones, aunque desproporcionadas y anacrónicas desde un punto de vista puramente estético, buscaban maximizar la resistencia ante cualquier nuevo intento de asedio. El resultado fue una mole de piedra que el propio Condestable de Castilla describió al emperador como una de las mejores fortalezas de la zona. A pesar de estos esfuerzos defensivos, el señorío terminó siendo vendido en 1531 a don Diego de Acevedo, iniciando así otra etapa.
Con el paso de los siglos, la titularidad del castillo fue cambiando de manos, llegando a pertenecer a la Casa de Alba tras un entronque matrimonial en 1739. Sin embargo, el esplendor de antaño fue decayendo hacia los siglos XIX y XX, cuando el edificio sufrió periodos de abandono, expolio y destrucción parcial. Durante mucho tiempo, la fortaleza fue utilizada por los vecinos de la localidad simplemente como un almacén para sus aperos de labranza y ganado. Esta situación de ruina comenzó a revertirse en 1995, gracias al impulso de la Asociación de Amigos del Castillo y la intervención de la Diputación de Palencia. Tras ser adquirido por la institución provincial, se iniciaron catorce años de intensos trabajos de rehabilitación a través de escuelas taller, devolviéndole finalmente su dignidad.
En la actualidad, esta fortaleza de Castilla y León ha encontrado una nueva y vital función como sede del Archivo de la Diputación Provincial de Palencia. Desde el año 2006, el patio de armas alberga una moderna edificación destinada a custodiar más de seis kilómetros de estanterías con documentos históricos fundamentales. Esta simbiosis entre lo antiguo y lo funcional permite que los ciudadanos no solo visiten un monumento, sino que también accedan a servicios de investigación y consulta. Además de su función administrativa, el castillo se ha consolidado como un referente para el turismo familiar gracias a sus exposiciones permanentes. El dinamismo cultural se completa con eventos como el ciclo de magia estival, que atrae a visitantes de todas las edades a la Plaza Mayor de Fuentes, dinamizando la economía.
Plastilina pedagógica
Sin duda, uno de los mayores atractivos actuales que alberga la fortaleza en su cámara alta es la exposición permanente titulada Plastihistoria de Palencia. Esta muestra original propone un recorrido pedagógico por el pasado de la provincia utilizando como único lenguaje artístico la plastilina de colores. A través de doce escenas minuciosamente elaboradas, los visitantes pueden comprender de forma visual y divertida los hitos que han configurado la identidad palentina. La exposición ha sido diseñada pensando especialmente en el público infantil, aunque la calidad del detalle en las figuras y edificios cautiva a niños y mayores. Es una herramienta educativa original y de primer orden que permite que la historia, a menudo percibida como algo árido, se vuelva tangible y cercana para todos los que recorren las salas.
El viaje que propone Plastihistoria comienza en la Pallantia vaccea y avanza cronológicamente por los momentos más significativos de cada era histórica de la región. Se pueden admirar reproducciones de las villas romanas de La Olmeda y La Tejada, así como la ermita visigoda de San Juan de Baños de Cerrato. El recorrido también incluye hitos del románico, el Camino de Santiago y la creación de la primera universidad, sin olvidar figuras ilustres como el pintor Pedro Berruguete. Los momentos más modernos no quedan fuera, representándose la construcción del Canal de Castilla, la revolución industrial en las cuencas mineras y el desarrollo de los actuales polígonos industriales. Esta colección se ve ampliada periódicamente con nuevas escenas, asegurando que cada visita al castillo ofrezca siempre algo novedoso. Visitar el castillo, en definitiva, es vivir una experiencia completa donde la leyenda, el arte de la plastilina y la solidez de la piedra se unen para narrar la historia de toda Palencia.
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