Valencia invertirá 150 millones en dos macroesponjas que protegerán la ciudad de las próximas danas
Las danas se han convertido en uno de los fenómenos meteorológicos más destructivos del arco mediterráneo. Su impacto no solo se mide en litros por metro cuadrado, sino también en la devastación urbana, las interrupciones de servicios esenciales y las vidas truncadas.
En el caso de la Comunitat Valenciana, la dana del 29 de octubre provocó consecuencias que siguen marcando la agenda política y territorial de la Generalitat, con Carlos Mazón aún al frente del Consell pese a las presiones surgidas tras la gestión de la emergencia. La magnitud del desastre, que dejó al menos 228 fallecidos y miles de hectáreas arrasadas, ha obligado a replantear los modelos de planificación urbana e infraestructuras frente a episodios extremos.
Dos grandes corredores funcionarán como barreras naturales ante futuras emergencias
La respuesta del Consell ha cristalizado en un plan de regeneración ecológica con doble objetivo: reforzar la seguridad ante lluvias torrenciales y reconvertir los espacios degradados en entornos con valor ambiental. La propuesta contempla dos grandes corredores verdes que sumarán 1.500 hectáreas y recorrerán 35 kilómetros entre el cauce del Turia y el barranco del Poyo.
Ambos cinturones actuarán como macroesponjas naturales, capaces de absorber, retener y redistribuir el agua en caso de lluvias torrenciales. Asimismo, también están pensados para ser nuevos espacios de ocio, agricultura y movilidad sostenible. El proyecto está concebido como una infraestructura verde con funciones tanto hidráulicas como sociales.
La Generalitat ha diseñado este modelo de parque metropolitano basándose en el efecto de laminación observado en la Albufera durante la dana. La capacidad del humedal para absorber parte del caudal contribuyó a reducir la presión en zonas urbanas cercanas, lo que ha servido de inspiración para estructurar las futuras zonas de absorción.
El primer corredor seguirá el trazado del Turia desde el parque de Cabecera hasta el bosque de la Vallesa, mientras que el segundo conectará el entorno de la Albufera con Picanya, atravesando áreas que sufrieron las peores inundaciones.
El plan contempla fases sucesivas con una inversión pública de 150 millones de euros
El desarrollo de este plan se realizará por fases, con una inversión inicial de 150 millones de euros, centrada en la adquisición de terrenos y la reforestación de espacios degradados. La redacción técnica comenzará en 2026, con un presupuesto de dos millones ya reservado en las cuentas autonómicas.
Según apuntó Mazón, el proyecto tendrá una dimensión estructural que afectará tanto a la planificación territorial como a las estrategias de mitigación climática. La Generalitat espera sumar financiación europea, aportaciones por compensación de emisiones y colaboración del Estado.
El plan también prevé que cooperativas, centros agrícolas y escuelas participen en la gestión de los espacios, con la creación de huertos escolares y aulas abiertas. La intención es implicar a la sociedad en el uso y conservación de los nuevos parques.
Además, se ha previsto una red de ciclovías que unirá las zonas verdes con áreas urbanas, fomentando la movilidad saludable y conectando el litoral con el interior. La recuperación de campos abandonados y su conversión en espacios productivos es otro de los ejes del programa.
Durante el acto de presentación, celebrado en El Saler, el secretario autonómico de Medio Ambiente, Raúl Mérida, vinculó la iniciativa con la necesidad de garantizar la seguridad de una zona que concentra más de 400.000 habitantes y más de un millón de desplazamientos diarios. En sus palabras, recogidas por Europa Press, explicó que “el levantarse por las mañanas y no saber si va a volver a ocurrir lo que vivimos hace que tengamos la obligación de convertir la inseguridad en seguridad”.
La seguridad frente a lluvias y calor extremo se convierte en una prioridad estructural
Una parte significativa del proyecto se destinará también a reforzar la respuesta ante olas de calor mediante zonas climáticamente protegidas. El diseño incluye sensores ambientales, estaciones meteorológicas y cabinas de control para monitorizar temperatura, humedad y calidad del aire.
Según la Generalitat, estas medidas servirán para reducir el riesgo térmico en los municipios del área metropolitana y generar espacios que actúen como refugio climático. Está prevista la plantación de 100.000 árboles y la recuperación de 800 hectáreas de pradera, con criterios adaptados a la resistencia hídrica y a las condiciones del terreno.
El nombre provisional del proyecto, Parque de la Esperanza, ha sido mencionado por Mazón como una posibilidad que dependerá de la decisión ciudadana. Lo que sí se ha confirmado es la intención de incorporar un espacio memorial en recuerdo a las víctimas de la dana, si así lo valida la sociedad valenciana. En palabras del jefe del Consell, recogidas por Las Provincias, “la reconstrucción va mucho más allá de reponer o reparar lo que el agua destruyó el 29 de octubre”.
La estrategia de regeneración plantea también una oportunidad para redefinir la relación entre zonas naturales y urbanas, rompiendo la frontera que hasta ahora suponían cauces y barrancos. Según fuentes del Consell, los nuevos parques no serán límites sino espacios de conexión, capaces de integrar naturaleza, movilidad, producción agrícola y protección climática.
Si la iniciativa prospera según lo previsto, la huella de la dana de Valencia quedará canalizada en forma de dos corredores vivos que transformen tanto el paisaje como la gestión del riesgo.
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