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Torpes inicios en la persecución de la pesca ilegal mediante 'big data'

No existe una base de datos pesquera única para la flota mundial y nadie sabe cuántos barcos pesqueros existen

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El Gobierno y las comunidades reforzarán los controles en 2018 contra el fraude en el atún

Un grupo de pescadores capturando un atún EFE

El Overseas Development Institute acaba de lanzar el primer análisis exhaustivo de las principales plataformas big data dedicadas a observar la pesca, que ofrecen oportunidades únicas para respaldar el monitoreo y la vigilancia de la sobrepesca y la pesca ilegal. Sin embargo, el estudio indica que aún hay mucho camino por delante. 

Este asunto es crucial, porque, por ejemplo, en la región costera que se extiende desde Senegal a Nigeria, el 50% de los recursos pesqueros están sobreexplotados y un tercio de esto se debe a la pesca ilegal, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. No solamente parte de ese pescado termina en nuestros platos; la sobrepesca y la pesca ilegal fomentan, entre otras cosas, la emigración. 

Desde la liberación del mercado de los datos satelitales hace más de una década, han ido surgiendo plataformas de datos privadas dedicadas al seguimiento de los barcos pesqueros de cierto tamaño, obligados por seguridad a emitir señales regularmente mientras están operativos. 

Estas plataformas privadas cubren un vacío de información dejado por instituciones públicas internacionales. El caso es que no existe una base de datos pesquera única para la flota mundial y nadie sabe cuántos barcos pesqueros existen. FAO calcula que hay casi cinco millones de pesqueros, pero la mayoría de estos son pequeños navíos con poca capacidad. 

La era de los big data auguraba grandes cosas; pero el informe del ODI destaca graves fallas en estas plataformas privadas. 

Por ejemplo, un tercio de los 75,000 buques de pesca que figuran en la plataforma Global Fishing Watch, respaldada por Google y la única base de datos de código abierto disponible, son duplicados o buques que no participan en la pesca. 

El ODI también detecta problemas en los resultados de un informe que publicó el  Global Fishing Watch sobre transbordos de pescado el año pasado, ya que muchos de los buques identificados como naves frigoríficas no lo eran. 

El informe concluye que las plataformas deberían unir esfuerzos para crear una fuente de datos verdaderamente robusta y útil, disponible para los países que luchan contra la sobrepesca y la pesca ilegal en sus aguas. Las instituciones públicas podrían facilitar la creación de dicha fuente de datos única. 

Hay cada vez más pruebas de que las rutas de la pesca ilegal se aprovechan para el tráfico de personas y de drogas, y de que ésta alimenta la evasión y el lavado de dinero. Además, la pesca ilegal y la sobrepesca dejan sin trabajo ni esperanzas a muchas comunidades costeras de África, y la desaparición de estos recursos es un incentivo para la migración y otras medidas desesperadas. 

Por ejemplo, la organización Environmental Justice Foundation y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) han documentado casos de tráfico de personas y abusos laborales a bordo de buques pesqueros que faenan en África. Según un informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito de 2011, la pesca ilegal se vincula también a la financiación de actividades terroristas. 

La pesca ilegal no se debería abordar solo desde la óptica de una pérdida de biodiversidad, sino como parte de una amplia red de delincuencia transfronteriza con consecuencias complejas. 

Mientras Europa centra sus esfuerzos en reforzar la seguridad y clausurar sus fronteras a la inmigración, hay otras medidas que podrían emprender para reparar la situación; una de ellas es dejar de contribuir a empeorar las condiciones de vida de la gente en sus propios países.

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