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Agrupémonos todos... los que podamos

En este momento histórico o acabamos con la polarización o aprendemos a cooperar al margen de la misma para intentar construir algo que merezca la pena para nosotros y para los que vienen

Ha llegado el momento de emplear el sentido crítico para tener claro cuál es el riesgo y cuál el camino

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Íñigo Errejón, Pablo Iglesias, y Alberto Garzón en el Congreso

Íñigo Errejón, Pablo Iglesias, y Alberto Garzón en el Congreso de los Diputados Ballesteros \ EFE

"Si bien la idea de una recesión democrática mundial era una leyenda antes de 2016, la presidencia de Trump junto con la crisis de la Unión Europea, el auge de China y la creciente agresividad de Rusia podrían hacerla una realidad"

Levitsky y Ziblatt. Cómo mueren las democracias

No he esbozado ni la primera frase y ya me parece escuchar todas las voces que se van a posicionar al lado de mis argumentos, al lado pero un poco más allá, al lado pero de perfil, al lado pero negando la mayor. Ya saben que leo sus comentarios. Hoy voy a prescindir de los oponentes, de los adversarios, de los que viven en mis antípodas porque hoy voy a hablar de los que compartimos una visión del mundo, con mil matices, pero una visión común. Simplifiquemos. Hay al menos dos cosmovisiones diferentes y, ahora que cabalga la involución, podemos ser más conscientes de nuestras raíces comunes que beben del deseo de igualdad, de equidad, de la más amplia libertad, de la justicia distributiva y de todas aquellos principios que fructificaron en las declaraciones de derechos humanos. Cada uno que haga su enumeración pero que no niegue que sabe perfectamente dónde no está y qué tipo de país no quiere.

Lo que parece de cajón se ha convertido en una odisea. No niego que no sea tradicional la fragmentación en familias, troncos, ramas y demás faunas de la izquierda ni que ésta no sea debida a una buena causa cual es el espíritu crítico, la falta de uniformidad, la necesidad de expresar en libertad cada matiz, el empuje por llegar más allá en los planteamientos. Lo que no olvido es que estamos, en palabras de Larry Diamond, en un periodo de recesión democrática y que cuando el barco se hunde no tiene gran importancia si preferías que navegara de ceñida, de empopada o que los pasajeros sacaran los remos. El barco está en riesgo y creo que forma parte también de nuestro acervo común salvaguardar este espacio natural de libertad. Esto también será discutido, porque están los del cuanto peor mejor y los del sistema está podrido, y los que creen que hay que hacerlo saltar todo por los aires para conseguir sanarlo. Pero no creo errar si pienso que cuando se ve claramente acercarse el fantasma negro que se extiende por Europa todos −bueno, la mayoría− estaríamos dispuestos a ceder algo de nuestra posición perfecta para conseguir que no nos ganaran la partida del futuro.

En el posible fracaso de ese empeño se dibujan dos tipos de culpables diferentes. Unos son los que desencantados con unos y otros, sin encontrar un encaje perfecto en ninguna de las opciones de izquierda, deciden dar la espalda a las urnas en un gesto de empoderamiento político y personal. ¡Cuántos de ellos en ese 43% de abstenciones en Andalucía, difícilmente achacables a la derecha envalentonada, que han sido responsables sin duda de la situación que ahora afrontamos! Digo yo que entre estar hasta los huevos de los socialistas clientelistas andaluces, conocidos como La PSOE, y aplaudir que Vox vaya a marcar el paso hay un trago gordo pero gordo de dar. Los otros, tan culpables o más, son los que están dispuestos a reventarlo todo si no es su línea, su punto, su idea, su matiz, su movimiento, sus camaradas, su poder el que sale victorioso de la contienda.

En esta era de fragmentación y de polarización no va a ser posible continuar con esa estrategia que sólo lleva a la aniquilación de nuestros ideales de vida durante décadas. Eso siendo optimistas. En este momento histórico o acabamos con la polarización −algo que parece imposible− o aprendemos a cooperar al margen de la misma para intentar construir algo que merezca la pena para nosotros y para los que vienen. Dejar que nos empujen hacia atrás no debería ser una opción.

Y en estas que ya tenía pensado hablarles de esto, llega la carta conjunta de Carmena y Errejón. No me voy a quedar en el análisis puntual de los juegos de poder y de oportunidad, porque es precisamente de eso de lo que huyo. Soy consciente de que tengo mucho bagaje en común con ambos pero también con Gabilondo y con Garzón y con Iglesias y con Colau y con Pedro Sánchez y con todos los nombres que quieran inscribir aquí incluido el de Llamazares. Con todos disentiría infinitamente y a todos aplaudiría en muchas cosas. Esa es la parte del espíritu de la carta que me ha parecido más interesante. Hablan de ir más allá de las siglas y eso es buena idea. Habla del "momento decisivo" que vivimos, que yo más bien llamaría el momento peligroso. Hacen un llamamiento "a todas las fuerzas progresistas y a toda la ciudadanía con o sin adscripción del partido" y coincido plenamente, ya lo han leído antes, con el mensaje, aunque no me cabe duda que hay un cálculo personalista de poder también en su llamada. Soy de izquierdas, que quieren, no pensarán que voy a suscribir nada sin criticarlo.

Sólo digo que ha llegado el momento de emplear el sentido crítico para tener claro cuál es el riesgo y cuál el camino. Los ciudadanos progresistas, votando. A la opción que prefieran aunque no sea la ideal. Ninguna lo es. Los que vienen cabalgando, menos que ninguna. Los políticos progresistas y de izquierdas teniendo en cuenta el sistema electoral, no dilapidando las oportunidades ni los votos en fracciones egóticas y ofreciendo una política de pactos clara para frenar el avance de la involución.

Ahora, más que nunca, agrupémonos todos. Bueno, vale, todos los que podamos. Casi todos, al menos. Lo que está en juego bien lo merece.

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