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Lunes de Pasión para Torra y Sánchez

 La incertidumbre es muy grande porque Torra tiene enfrente a un Pedro Sánchez que es tal para cual. El líder socialista posee la característica que los orientales ensalzan de los juncos: la flexibilidad inteligente

Torra agradece a Sánchez poder "hablar de todo" y espera escuchar su plan

EFE

A medida que se acercaba este lunes, el de la verdad, el de empezar a ver si las cosas pueden empezar a ser realmente distintas en las relaciones entre los gobiernos de Catalunya y España después de la caída de Mariano Rajoy, el president Quim Torra ha ido moviéndose con aparatosidad lanzando simultáneamente mensajes de buena voluntad conciliadora y amenazas ásperas de ruptura. Es su estilo, dicen. Es lo que debe hacer, dicen. Es lo que sabe hacer, dicen. Es lo que se hace cuando no se sabe qué hacer, dicen.  A estas alturas se ignora si Torra es un genio o un inmenso torpe, si es un prodigio calculando lo máximo que puede llegar a efectuar sin salirse de las pequeñas dimensiones de la baldosa en que puede moverse o un incompetente desorientado que va a tientas y se equivoca continuamente mientras conduce poco a poco a su gobierno a un desastre como el de Carles Puigdemont.

En cualquier caso, a Torra todavía no se le puede juzgar. La política se mide por sus resultados y no se sabe hasta dónde llegará ni lo que conseguirá. Incluso se desconoce qué es lo que busca, si es una autonomía que sea lo que sea pero parezca la preindependència o si persigue un choque con buenas condiciones a su favor. La incertidumbre es muy grande porque además tiene enfrente a un Pedro Sánchez que es tal para cual. El líder socialista posee la característica que los orientales ensalzan de los juncos: la flexibilidad inteligente. Sánchez sobre todo sabe administrar su propia flexibilidad (como lo saben perfectamente sus enemigos de dentro del PSOE) y cuando se inclina hacia atrás suele estar tomando carrerilla y fuerza para soltar un latigazo hacia adelante. En el fondo Torra lo tenía mejor con Rajoy, que era un simple pelotero de frontón. Sánchez juega a muchas más cosas, sabe perfectamente en qué no puede ceder y desea probar la carta del máximo posibilismo sin rebasar los límites.

Las dos situaciones personales son diferentes. Con el tema de RTVE (y pese a que Sánchez empezó equivocándose al no tener en cuenta las susceptibilidades, orgullos y derechos de quienes le auparon hasta La Moncloa) se ha demostrado que existe una cosa dificilísima: hay, vive y puede continuar en pié, si se va con seriedad y cuidado, una mayoría absoluta parlamentaria que puede hacer más cosas que ir simplemente a cargarse a los corruptos que nos gobernaban. Es una mayoría frágil, pero durará si no se cometen errores y sí únicamente se pone a prueba en temas con un mínimo común denominador aceptable para todos los que la forman. Y Catalunya puede ser uno de esos temas siempre que con ella el objetivo se limite por ahora a mejorar la relación, dejando para el cambio constitucional los parches o las soluciones de fondo.

La mayoría que respalda a Torra todavía es más delicada y difícil. Ni siquiera está unánimemente de acuerdo en si el objetivo inmediato es mejorar un poco la situación. La CUP no va por ahí, y de Puigdemont vaya usted a saber... El President accidental en vez de sentirse junco con posibilidades vive mientras suenan a su alrededor los clarines del miedo. Miedo a ceder, miedo a que los intransigentes que le rodean le consideren transigente, miedo a no conseguir nada, miedo a hacer el ridículo. Se repite la tragedia que vivió Puigdemont cuando pudo convocar elecciones, pero ahora no es una sola jornada así sino el dramático día a dia indefinido. Eso pesa mucho. Y el camino para lograr simultáneamente que los suyos le consideren intransigente mientras los adversarios le crean posibilista si existe es estrecho y empinado, y si no existe Torra tiene que hacer ver que lo ha encontrado.

Estamos ante un lunes de Madrid en el que Torra tiene como máxima pretensión que luego tenga continuidad en otra cita, en cualquier día de la semana, en Barcelona, dentro de poco tiempo. ¿En Barcelona? ¿En ese Palau que tiene una pancarta inaceptable para Sánchez colgado de la balconada? Nada va a ser fácil. La única ventaja reside en que todos lo sabemos.

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