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GRÁFICO: Suba el salario mínimo

Luis Recuenco afirma que la congelación del salario mínimo que ha llevado a cabo el Gobierno de Rajoy aumenta la desigualdad en la renta y genera una mayor caída del consumo. En cambio, aumentarlo mejoraría la calidad de vida de los trabajadores con salarios más bajos y no tendría un efecto negativo sobre el empleo.

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El Gobierno de Mariano Rajoy ha congelado por segunda vez el salario mínimo desde que llegó al poder. Mientras, el nuevo Gobierno de coalición en Alemania acordó recientemente establecer un salario mínimo (60% superior al español) y Barack Obama tiene intención de aumentarlo un 40%. En EEUU el debate sobre este asunto ha sido muy intenso durante los últimos años.

En 2007, 650 prestigiosos economistas, entre ellos cinco Premios Nobel y cinco expresidentes de la Asociación Americana de Economía, firmaron un documento reclamando un aumento del salario mínimo. Señalaban que era una herramienta imprescindible para luchar contra la pobreza, que mejoraría la calidad de vida de los trabajadores con salarios más bajos y no tendría un efecto negativo sobre el empleo.  

¿Qué evidencia encontramos en la literatura sobre el salario mínimo? Este es uno de los temas más investigados desde la economía en EEUU. Sin lugar a dudas, el estudio más influyente y citado es el de Card y Krueger de 1992, que analizó 410 restaurantes de comida rápida en los estados de Nueva Jersey y Pensilvania.

En Nueva Jersey aumentó el salario mínimo, mientras que en Pensilvania se mantuvo constante, mostrando los autores que este incremento no representó una destrucción de empleo en este tipo de establecimientos. En 2009, Stanley y Doucouliagos llevaron a cabo un metaanálisis, es decir, un estudio de 67 artículos publicados desde 1992 hasta 2007 sobre el salario mínimo, que corroboró el estudio de Card y Krueger: un efecto insignificante sobre el empleo.

G1

Fuente: Doucouliagos, Hristos and T. D. Stanley. 2009. "Publication Selection Bias in Minimum-Wage Research? A Meta-Regression Analysis." British Journal of Industrial Relations, vol. 47, nº 2, pp. 406-428.

En España se ha estudiado muy poco el tema en relación a EEUU. Los resultados son muy divergentes dependiendo del grupo de edad, sector económico o comunidad autónoma. Pero no se puede concluir que un aumento del salario mínimo supondría la destrucción de empleo en términos globales.   

La idea tan promocionada por parte de determinados economistas e instituciones internacionales sobre la necesidad de una devaluación interna (bajar salarios) para favorecer la competitividad de la economía, y de esta forma aumentar las exportaciones, ha sido un fracaso para el conjunto de la sociedad. También, el énfasis excesivo del actual Gobierno orientando todos los esfuerzos en facilitar la contratación (modificando convenios colectivos) de las empresas.

Dado que el consumo de los hogares representa alrededor del 50% del PIB y que las exportaciones suponen el 22% del PIB, para poder compensar una caída del consumo interno con las exportaciones, estás últimas deberían aumentar espectacularmente. Una estrategia de competitividad, bien diseñada, para nuestras empresas exportadoras no se puede improvisar durante una crisis, reduciendo los salarios. Es necesaria una visión de futuro centrada en dos ejes estratégicos: mayor inversión en I+D y en capital humano. En el ámbito interno, por mucho que se facilite la contratación a los empresarios, estos no contrataran a más trabajadores si no venden sus productos.  

Las decisiones sobre las políticas públicas más acertadas deben considerarse teniendo en cuenta el contexto institucional y la realidad socioeconómica de los diferentes países. Nuestra pertenencia a la Unión Europea nos impide devaluar la moneda e inyectar dinero masivo en los mercados financieros, básicamente porque no ha existido un posicionamiento enérgico y conjunto de los países más afectados por la austeridad frente a la troika. Si bien debemos tener presente los constreñimientos exteriores anteriores, el salario mínimo es un asunto interno. Disponemos de plena autonomía en esta materia, el salario mínimo es uno de los pocos estímulos económicos que conservamos de la política económica.

La decisión de Mariano Rajoy de volver a congelar el salario mínimo es un disparate. No tiene sentido considerando las evidencias empíricas apuntadas anteriormente, el desplome de los salarios más bajos, el aumento tanto de la desigualdad en la renta como de la pobreza y la caída del consumo. Por si no fuera suficiente, el salario mínimo es de los más bajos de la UE-15 y el más bajo respecto al salario medio, según el índice de Kaitz. Suba el salario mínimo.

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