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ARAGÓN

Alan. Todos hemos fallado

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Estos días de resaca electoral y de gestión de los resultados no nos pueden desviar de lo verdaderamente importante. Una noticia me ha conmovido especialmente y me ha hecho reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos todos para construir una sociedad más avanzada y que ataje cualquier caso de discriminación y acoso. Me refiero al caso de Alan, un joven adolescente que el día de Nochebuena puso fin a cualquier proyecto de vida, a cualquier sueño por cumplir, con un frasco de pastillas mezclado con alcohol.

Alan llevaba tres años de pesadilla, sufriendo la incomprensión y el acoso intolerable de algunos compañeros de instituto que no le perdonaban que su cuerpo de niña no coincidiera con su orientación sexual. Alan vivió un infierno y ha sido víctima de un crimen social, como lo ha definido su madre.

Todos hemos fallado. Ha fallado una sociedad que sigue mandando reclamos falsos y que ridiculiza a quien consideramos diferente, ha fallado un sistema escolar que sigue reaccionando con lentitud ante los casos de discriminación y acoso. Ha fallado la educación que damos en casa y hemos fallado los representantes públicos que legislamos y elaboramos planes de igualdad pero asistimos impotentes y sin mucho margen de reacción cuando se producen episodios tan tristes como este.

Como diputada electa por Zaragoza, seré especialmente sensible a estas cuestiones la próxima legislatura. No sé cuáles serán mis responsabilidades políticas, pero trabajaré sin descanso para combatir cualquier tipo de discriminación. Para que no haya más Alan.

Me da lástima comprobar que vivimos en una sociedad avanzada, de progreso, donde se han estrechado los márgenes de la diferencia, pero en la que sin embargo todavía se reprime por cuestiones de raza, orientación sexual, aspecto físico, género o creencia religiosa. El acoso escolar, como la violencia machista o la transfobia y homofobia tienen que ser enterradas de una sociedad moderna que todavía tiene tendencia a clasificar a las personas por cánones estéticos y discriminar a quien se sale de la norma. Garantizar sus derechos y su plena libertad será uno de mis objetivos principales como representante pública. No podemos consentir que se sigan produciendo casos como el de Alan. Es un fracaso colectivo que no podemos permitir.

En este sentido, habrá que prestar especial atención a los menores, e inculcar desde las primeras edades que una sociedad diversa y plural solo sirve para enriquecernos, y que todos tenemos los mismos derechos y oportunidades. Asociaciones como Chrysallis, que vela por los derechos de los menores transexuales y hace una encomiable labor pedagógica, deben ser impulsadas y protegidas con más fuerza por los poderes públicos. Un aplauso a esta entidad que, por cierto, está presidido por una altoaragonesa.

Porque es inadmisible que la intransigencia truque los sueños y las esperanzas de muchos jóvenes como Alan a quien entre todos no supimos abrirle la puerta de la esperanza.   

 

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