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El infierno está lleno de bellísimas personas

Los celos no son una enfermedad ni la violencia machista un instinto incontrolable, es la decisión consciente de un hombre de hacer daño a una mujer porque puede y porque quiere. El maltratador no es un enfermo, es un criminal.

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Reciente agresión machista difundida para concienciar contra el maltrato

Manuel Jabois contaba este fin de semana, en un estremecedor reportaje en El País, las circunstancias que habían rodeado al asesinato de una mujer en León a manos de su marido, que después se ahorcó. Lástima que estos cobardes nunca se suiciden antes de cometer su crimen. La víctima, Juani, que había conseguido una orden de alejamiento de su pareja, volvió unos días al pueblo por compasión, para cuidarle durante el tratamiento contra el cáncer al que se estaba sometiendo. Él aprovechó para matarla a hachazos.

Un amigo de la pareja le comenta al periodista que el homicida era una bellísima persona, que recogía a su anciana madre para sacarla a pasear, pero que “tenía esa enfermedad, los celos”. Ni las bellísimas personas asesinan a sus parejas con un hacha ni los celos son una enfermedad. La violencia machista o las agresiones sexuales no se padecen como quien tiene un tumor, se hacen padecer. No son una catástrofe natural inevitable ni un instinto incontrolable, es la decisión consciente de un hombre de hacer daño a una mujer porque puede y porque quiere. El maltratador no es un enfermo, es un criminal.

Son habituales estas disculpas al maltrato porque en nuestra sociedad machista, se sigue viendo como un impulso que nos posee al género masculino más fuerte que nosotros mismos. Como si la víctima del maltrato fuese el propio hombre, ni más ni menos. Es un sorprendente giro de 180º para descargar de responsabilidad al agresor y se manifiesta cada día en frases tan inaceptables y paradójicas como “no le pega porque no la quiera sino porque la quiere demasiado” o “la mató porque no soportaba perderla”.

Escuchábamos los gritos, suelen decir los vecinos de los asesinos de mujeres, pero él era encantador y ayudaba con las bolsas de la compra. Todos bellísimas personas. Estamos acostumbrados a convivir con el maltrato machista sin concederle la gravedad que tiene. Es más, aún tenemos que soportar al lobby masculino que menosprecia estas muertes de mujeres, cuestiona las denuncias y las compara con la presunta violencia contra los hombres basándose en cifras falsas desmentidas repetidamente por la justicia y el gobierno.

Seguimos siendo tibios contra el machismo. Acaba de trascender un vídeo de 2015 en el que el alcalde del Alcorcón y diputado de la Asamblea de Madrid por el PP, David Pérez, llama a las feministas “frustradas, amargadas, rabiosas y fracasadas”. Ni ha dimitido ni ha sido cesado por su jefa de partido, Cristina Cifuentes. Aquí tenemos a otra bellísima persona a la que se permite expresar la misoginia que deriva en maltrato y muerte. Tolerar los insultos a las mujeres que luchan contra la violencia machista, ayuda a perpetuarla.

En el reportaje de Jabois, un conocido de la víctima, arrepentido por no haber reaccionado con más firmeza contra los abusos que conocían todos, pone al asesino en su sitio: “si era una bellísima persona, el infierno está lleno de ellas”. También nuestra sociedad está llena de bellísimas personas que convierten la vida de las mujeres en un infierno en la tierra. En nuestras manos está evitarlo.

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