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El Papa antisistema

El discurso del papa Francisco permite contradecir las acusaciones de antisistema lanzadas por los voceros de este sistema económico corrupto y depredador contra quienes luchan en favor de la justicia y la dignidad humana. 

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El papa Francisco sonríe a los fieles en una audiencia en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

No por casualidad los privilegiados del sistema en el cual vivimos -llamémoslo por su nombre y apellido: capitalismo neoliberal-, por medio de sus representantes mediáticos o políticos, lanzan una acusación paradójica a quienes pretenden cambiarlo o simplemente protestan por sus tremendas injusticias: les tildan de ser antisistema, cuando en realidad y teniendo en cuenta de qué se trata es prácticamente imposible no serlo. Pero usan esa descalificación porque no admiten, no les conviene admitir, otra realidad que no sea la del sistema. Para ellos el capitalismo neoliberal es incuestionable, o como suelen decir, sería como cuestionar la ley de gravedad. De ese modo quieren lograr nuestra resignación y en consecuencia nuestra pasividad. Todo lo contrario de lo que el papa Francisco, con la Doctrina Social de la Iglesia en la mano, recomienda. Antes de repasar algunas de las recomendaciones que hizo el papa Francisco en el encuentro mundial de los movimientos populares, veamos datos reveladores de la responsabilidad directa del sistema en el aumento de marginalidad, pobreza y desigualdad global.

Según el Índice de Desarrollo Humano de la ONU, las 85 personas más ricas del mundo tienen tanto como los 3.500 millones de los más pobres. En España, las 20 personas de la élite supermillonaria tienen el equivalente a las 14 millones más pobres. Desde los años 70, cuando el neoliberalismo inició su acción devastadora en el mundo, las desigualdades han crecido de forma brutal. España es hoy el país más desigual de la Unión Europea, solo superado por Letonia. Según la Encuesta de Población Activa, desde que comenzó la crisis se ha duplicado el número de familias en las que ninguno de sus miembros tiene ingresos, hasta llegar a casi 750.000 en el segundo trimestre de 2014. Millones de personas no tienen empleo y muchos tampoco esperanza de tenerla. UNICEF, Caritas y Cruz Roja dan cifras aterradoras de la pobreza y la alarmante desnutrición infantil en España. Y si hablamos de la juventud, más del 50% de jóvenes en este país no tienen trabajo, y muchos deben emigrar en busca de un futuro que tampoco es fácil encontrar en Europa o el Mundo. Sin embargo, el gobierno español y sus propagandistas, mirando las cuentas que la crisis engrosó a los más ricos y las grandes empresas, afirman que la situación ha mejorado.

El sistema se ha revelado incompatible con la democracia, ya que muy pocos organismos internacionales -como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, por ejemplo, cuyos directivos son puestos a dedo por los países ricos- imponen sus políticas de austeridad y los recortes a los gobiernos de casi todo el planeta.

En España es conocida la frase del presidente Mariano Rajoy sobre los motivos del incumplimiento de promesas electorales y la aplicación de medidas fundamentales que no figuraban en su programa. “No he podido cumplir las promesas electorales”, dijo “porque he tenido que cumplir con mis obligaciones”. Es decir, sus electores no figuran entre sus obligaciones, pero sí los organismos internacionales antes citados. ¿Qué es entonces la democracia?

Con motivo de la reforma del art. 35 de la Constitución Española, para incorporar los “ajustes” que reclamaba la Troika en beneficio de la clase dominante y las entidades financieras, consistente en la quita de derechos fundamentales para la mayoría de los ciudadanos, Carme Chacón -por entonces parlamentaria del PSOE- dijo que no le gustaba tomar esa medida sin consultar a los ciudadanos: “pero la urgencia de los mercados así lo indica”. Más claro es imposible. Es a los mercados y no a los ciudadanos a quienes complace este sistema, que como comprobamos una y otra vez no tiene nada de democrático. Igualmente, más de 1.500 empresas multinacionales se pusieron de acuerdo para declarar sus beneficios en Luxemburgo donde pagan el 1% y muchas veces nada. Es decir, para robarle el dinero de los impuestos a todo el mundo con la complicidad de los gobiernos. Eso sí, legalmente. Los ejemplos son abrumadores, y si hablamos de la corrupción intrínseca del sistema, no nos alcanzaría un libro entero. No se trata de algunos empresarios y políticos corruptos, sino del funcionamiento mismo del sistema, que genera la corrupción.

Mi intención es acudir al discurso del papa Francisco, voz relevante y autorizada de la Iglesia Católica, para contradecir las acusaciones de antisistema arrojadas contra quienes desde la justicia y dignidad pretenden cambiar este sistema depredador, siendo estigmatizados como utópicos, demonios y perturbadores del orden sagrado.

El papa Francisco habló en el reciente conversatorio con los movimientos populares y de solidaridad, subrayando que: “es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de vida de todos sobre la apropiacion de los bienes por parte de algunos. También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra y la vivienda, la negacion de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del Imperio del Dinero”. Más adelante, enfatizó que la voz de los que luchan se escucha poco “tal vez porque molesta, tal vez porque su grito incomoda, tal vez porque se tiene miedo al cambio que reclaman”. También podemos destacar su denuncia sobre los orígenes del problema de la hambruna que aqueja a la humanidad: “cuando la especulación financiera condiciona el precio de los alimentos tratándolos como a cualquier mercancía, millones de personas sufren y mueren de hambre (…) El hambre es criminal, la alimentación es un derecho inalienable”. Y mas adelante habla de la reforma agraria para afirmar “la reforma agraria es además de una necesidad política una obligación moral”. "No lo digo solo yo”, aclara el Papa, “está en la Doctrina Social de la Iglesia”.

“Hoy, al fenómeno de la explotación y de la opresión, se le suma una nueva dimensión, un matiz gráfico y duro de la injusticia social: los que no se pueden integrar, los excluidos son desechos sobrantes”. Continúa Francisco: "Esto sucede cuando al centro de un sistema económico está el dios dinero y no el hombre”. Y habla del sistema económico: “un sistema económico centrado en el dios dinero necesita también saquear la naturaleza, para sostener el ritmo frenético de consumo que le es inherente”.

Efectivamente el sistema económico, capitalismo neoliberal, denunciado por el papa es responsable del calentamiento global, la contaminación del medio ambiente y, acorde con sus palabras, del “saqueo de la naturaleza”. Como argumentó George Bush, para no firmar el tratado de Kioto, “la economía no puede parar”. O sea, se puede destruir el planeta, pero no buscar otro tipo de política económica.

Más adelante, el Papa llama la atención a los representantes de los movimientos populares: “Algunos de ustedes expresaron que este sistema ya no se aguanta. Tenemos que cambiarlo, tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos”.

En conclusión, el discurso del Papa -que también recuerda que puede ser acusado de comunista por sus palabras- no admite dudas, es un llamado en toda regla para luchar por cambiar el sistema, hacerlo justo y vivir con dignidad. En el movimiento del 15-M se levantó una consigna justa y certeza: “nosotros no somos antisistema, el sistema es anti-nosotros”. Por su parte, Eduardo Galeano dijo que el 15-M sirvió, entre otras cosas, para diferenciar a los indignos de los indignados. Y recientemente el cineasta, José Luis Cuerda, declaraba: “Hay que ser muy sinvergüenza para no ser antisistema”. Me permito compartir esa afirmación.

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