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ENTREVISTA | Hadley Freeman

"La libertad sexual femenina solo se ve en televisión, no en el cine"

La columnista de The Guardian presenta The time of my life, donde repasa todo lo que el cine de los 80 nos enseñó sobre feminismo y humanidad

Freeman proporciona una mirada original sobre clásicos subestimados como Dirty Dancing, La princesa prometida o las comedias de Eddie Murphy

"Los machistas que odian Las Cazafantasmas por ser mujeres son los mismos que tiemblan ante Hillary Clinton"

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Hadley Freeman/ © Cecilia Díaz Betz, en el videoclub Video Instan en Barcelona

Hadley Freeman/ © Cecilia Díaz Betz, en el videoclub Video Instan en Barcelona

Hadley Freeman (1978) creció en una familia judía de Nueva York, en la que su madre le prohibía ir al cine pero no se oponía a que viese las películas de los 80. La periodista y columnista de The Guardian explica que eso se debía a que los mensajes sexuales de la época emanaban sutileza y el trasfondo era mucho más humano que hoy en día. Ahora el sexo es el reclamo de Hollywood para llamar a los adolescentes a las salas en forma de contratos sadomasoquistas o comedias descaradas.

Su libro, The time of my life (Blackie Books), se sirve de nueve películas y un género (las comedias de Eddie Murphy) para demostrar que el cine de los 80 nos enseñó a ser más valientes, feministas y tolerantes. También incluye entrevistas a tótems de la industria como Tim Burton, Rick Moranis o Nora Ephron. Muchos de esos filmes son considerados como basura frívola por las nuevas generaciones, por eso Freeman pretende rescatar un mensaje que ha sido sepultado con el paso de los años. 

Dirty Dancing camufló un alegato a favor del aborto ante las narices de los peces gordos de Hollywood. La princesa prometida igualaba la importancia entre el amor romántico y el de un abuelo hacia su nieto. Los Cazafantasmas demostró que se puede tratar la amistad entre hombres sin tópicos machirulos. Las comedias de John Hughes elegían a adolescentes normales (sin superpoderes o físicos de escándalo) para hablar de una adolescencia normal. Y Magnolias de acero cumplió el test de Bechdel mucho antes de que existiese siquiera.

En resumen, "son películas que nos hacen felices, joder". Nos reunimos con Hadley Freeman en el centro de Madrid para que nos cuente cómo ese cine nos estaba preparando para las luchas de hoy.

Empieza el libro definiendo Dirty Dancing como una película de mujeres para mujeres. ¿Es compatible con el feminismo que defiende un cine universal?

Ya que el 95% de los directores y guionistas de Hollywood son hombres, que exista una película dirigida a las mujeres es más que justo. Dirty Dancing sirvió como escarmiento para poner esta desigualdad sobre la mesa. Igual que nosotras vemos a menudo cine dirigido al público masculino, es muy sano que los hombres disfruten viéndola y no huyan como si les fuese a dar urticaria.

No nos engañemos, la mayoría de los estudios crea pensando en la testosterona. Y no por eso las mujeres dejamos de ir al cine, ¿por qué ellos no pueden aguantarlo en el caso contrario? Además, Dirty Dancing representa una imagen muy positiva de la sexualidad femenina. Se narra desde el punto de vista de Baby y por eso hay tantas escenas de Patrick Swayze sin camiseta y apenas planos lujuriosos de Jennifer Grey. Hoy no encontramos ni una sola película que haga eso. 

De hecho, la película arranca desde un mensaje proaborto. ¿Por qué este detalle sigue pasando desapercibido?

Como todo Hollywood consideró Dirty Dancing una basura frívola, la guionista Eleanor Bergstein pudo colar varios mensajes feministas. Aprovechó para hablar de batallas que muchas mujeres creen que ya están ganadas (como la del aborto). Las películas de los 80 no tenían miedo de mostrar que a las adolescentes les gusta el sexo o su control total en la decisión de abortar, como Fama.

Puse todas mis esperanzas en películas como Juno o Lío embarazoso, pero en ellas las chicas terminan cediendo ante una presión 'moral' y teniendo al bebé. Y no digo que ese sea el problema, sino las situaciones que les hacen replanteárselo. De hecho, el personaje de Ellen Page cambia de parecer cuando una manifestante contra el derecho a decidir (en contra del aborto) le dice que su feto ya tendrá uñas. Aún así la generación millenial considera que Juno es una de las películas más feministas del siglo XXI.

¿Cree que los que crecieron en los 80 son más conscientes de estos mensajes contradictorios?

Creo que la audiencia es más sofisticada ahora que en los 80. Las personas que habéis nacido en los 90 estáis más al tanto del feminismo o ciertos mensajes sociales. Pero el cine de entonces era menos sofisticado. Había esta extraña paradoja: mientras que el público no era tan consciente, las películas tenían un trasfondo mucho más inteligente.

Dirty Dancing

Dirty Dancing

Las de ahora son estúpidas. Ya no se ven representaciones delicadas y realistas de la sexualidad adolescente. Ahora hay comedias obscenas donde se presenta como algo extremo y ridículo. Y si es la chica quien decide practicar sexo, se arriesga a que su novio la destroce emocionalmente o a que un bebé vampiro la rompa por dentro. 

Cada vez hay más proyectos que rompen ese tabú, como  Girls. ¿Dónde está el límite entre hablar con libertad de sexo y caer en lo soez?

Los avances respecto a la libertad sexual femenina solo se notan en la televisión, no en la gran pantalla. Cuando hablan sobre sexo en el cine es de forma grosera, como si quisieran parecerse a los tíos. No es como en Dirty Dancing, donde el sexo se percibe como una parte natural de crecer y madurar, ni un castigo ni un tabú. ¿Se trata de copiar a los hombres en las películas? Pues ese no debería ser el objetivo. 

Ese debate se abrió de nuevo con las nuevas Cazafantasmas, ¿no sería más efectivo crear nuevas propuestas femeninas en vez de recurrir a los clásicos de siempre?

Coincido totalmente, creo que es un problema. Aún así me encanta la idea de que hayan tomado como base la mejor comedia de acción de todos los tiempos. Sirve para demostrar que una película pensada en sus inicios para un público masculino también puede ser protagonizada por mujeres. 

Y hay que ser justos con el director, Paul Feig, porque ha hecho cosas muy distintas en toda su carrera, desde Cuerpos especiales hasta Bridesmaids. No se limita a los remakes. Creo que en este caso intentaba transmitir un mensaje. 

Sus protagonistas han sido víctimas de un linchamiento machista y racista. ¿Confirma esto la desigualdad en Hollywood?

Por supuesto. El hecho de que hayan sufrido tal acoso e insultos por la red solo sirve como prueba de que ese mensaje es necesario. Algunos hombres han perdido los papeles, ¡es patético! También es cierto que la película podría haber sido mejor de lo que es. Pero no te encuentras apenas críticas hacia su humor o las interpretaciones, y eso pone de manifiesto que falta mucho camino por recorrer.

La nueva versión de 'Las cazafantasmas'

La nueva versión de 'Las cazafantasmas'

Dice que el cine de los 80 nos entrenó para estas luchas modernas. ¿No hay nada en el cine de ahora que nos prepare para las futuras?

Oh, Dios... (ríe) Encuentro el cine de hoy en día bastante limitado. Sinceramente, no creo que nos preparen para ningún tipo de lucha, ni presente ni futura. Quizá Las Cazafantasmas, pero sobre todo por la brutal respuesta que ha recibido en su contra. 

Esta película solo se entiende en el contexto de la campaña de Hillary Clinton y con tantos hombres volviéndose locos con la simple idea de tener una presidenta en la Casa Blanca. Es increíble cuántos de ellos la odian solo por ser mujer, sin hacer mención a sus antecedentes políticos o a cualquier otro aspecto profesional.

¿ Las Cazafantasmas forman parte indirectamente ( o no tanto) de la campaña por Hillary Clinton?

Los mismos machistas que odian la película, tiemblan ante ella. Les aterroriza la idea de que alguien que se parece a sus madres dirija el país. Igual que odian a Las Cazafantasmas por ser mujeres que visten el uniforme de sus héroes. Era como un reflejo de lo que íbamos a vivir en las elecciones presidenciales que, por cierto, hacen que me avergüence de ser norteamericana. 

Si ganase Clinton las próximas elecciones, ¿beneficiaría a la imagen de la mujer en la cultura? 

Si se convierte en presidenta (toca madera), estoy segura de que el machismo va a ir a peor. Los dinosaurios devolverán el golpe. Durante años nos han preparado para este momento con presidentas mujeres en la pantalla, pero la gente lo asume solo como ficción. 

Esta perspectiva es terrible, pero tenemos antecedentes en la actualidad. El racismo ha empeorado muchísimo durante los ocho años que ha gobernado Barack Obama. La gente siente que tiene que contraatacar, por eso hay agresiones racistas a diario y más negros asesinados por la policía. Y estoy segura de que pasaría lo mismo con Hillary Clinton. 

Presenta en el libro a Eddie Murphy como símbolo contra el racismo. ¿No es más necesario un cine como el de Spike Lee en plena era Black Lives Matter?

Si vemos a más actores negros en 12 años de esclavitud o Birth of a Nation es en parte porque él abrió la puerta. Hay que recordar que las películas de los 80 eran de lo más racistas. ¡Dios mío! Todavía recuerdo el revuelo que causó Dieciséis velas entre la comunidad asiática.

Ahora las películas están segregadas también por razas porque Hollywood no ha cumplido sus promesas. Pero tampoco ha venido ningún afroamericano detrás de él que abra la industria a la diversidad de esa forma.

Eddie Murphy en 'El príncipe de Zamunda'

Eddie Murphy en 'El príncipe de Zamunda'

Gran parte de la comunidad negra renegó de Murphy por haberse "vendido a los blancos". ¿Tendría que haber reivindicado más desde su posición?

Murphy era el ejemplo de que un hombre negro tiene que ser diez veces mejor para estar a la par que sus contemporáneos blancos. Su carisma era un millón de veces mejor y puede que pareciera todo muy fácil para él, por eso no recibe hoy en día el reconocimiento que se merece.

Pero sí, odiaban que sus películas no llevasen un mensaje y le dieron la espalda. Cuando la comunidad negra sintió que se había vuelto irrelevante para Murphy, se engancharon a Spike Lee y John Singleton. Aun así, sigo pensando que lo que hizo fue de lo más admirable. Se convirtió en la estrella del momento en una época donde a los actores negros les maltrataban, gritaban y escupían en la gran pantalla. 

Piensa que el cine de Estados Unidos es ahora más retrógrado y conservador que nunca. ¿A qué cree que se debe?

Por supuesto tiene que ver con la desaparición de la autonomía de los estudios en los 80, cuando fueron engullidos por grandes corporaciones. Ahora es primordial recuperar la enorme cantidad de dinero que se invierte en promoción, y casi todo ese beneficio proviene de China. Por eso hay tantas franquicias estúpidas y taquillazos aburridos. También afecta la escasa paridad en la dirección y el enfoque de las películas.

Por ejemplo, mi serie favorita era Las chicas de oro. Es imposible imaginar hoy en día un show en el que ancianas de 70 años hablen de sexo con toda naturalidad. Jamás. Nadie lo financiaría. Me parece un contraste que los productos dirigidos a mujeres en los 80 fueran mucho más interesantes. Ahora parece que solo hay hueco para mujeres guapas, jóvenes y delgadas. Es deprimente ver cómo vamos a peor. 

Este es un tema que trata a menudo en sus columnas de The Guardian, donde la destacaron como una de las periodistas que sufre más acoso. ¿Qué es lo que le anima a seguir escribiendo de feminismo?

Justo ahora estoy recibiendo miles de notificaciones machistas por una columna que escribí sobre Hillary Clinton. Pero lo cierto es que cuando voy a dar charlas a algún colegio, me doy cuenta de que hay muchas jóvenes que leen estas columnas y respiro tranquila. Yo aprendí de feminismo leyendo a escritoras y periodistas que lucharon por hacerse oír. Para mí lo más importante es pasar el mensaje de generación en generación para que lo apliquen a sus vidas.

Así que, frente a eso, el acoso me da igual. Aunque es muy desagradable, solo son idiotas escribiendo desde sus cuevas. Hay una gran promoción de mujeres jóvenes escribiendo de feminismo e intentando cambiar las cosas. Me vienen a la cabeza grandes profesionales de The Guardian como Marina Hyde, Jessica Valenti o Zoe Williams. Pero no creo que sea cosa de un medio concreto, sino de una generación.

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