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Leon Bridges, la esperanza negra de la música negra

El primer gran heredero de Sam Cooke, Gene Chandler, Marvin Gaye y, sobre todo, del recientemente fallecido Ben E. King no tiene ni siquiera un disco, pero su actuación en Sundance y SxSW le ha convertido en el primer gran artista de 2015

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Leon Bridges | Columbia Records

Leon Bridges | Columbia Records

La lucha por la libertad de la población afroamericana estuvo unida en EEUU a la reivindicación de su dignidad y respeto. La música fue una de sus armas más efectivas: jazz, blues, r&b, soul y funk cambiaron la música de todo un siglo y llenaron de emoción y solidaridad los corazones y las mentes de millones. En 1968, la firma del presidente Johnson acabó con la discriminación inmobiliaria, la última que sufrían los afroamericanos.

La pregunta número uno es: ¿ahora, qué?

Beyoncé, con traje negro de encaje y melena rubia ladeada, cantó Star Spangled Banner en playback en la ceremonia inaugural de Obama. La degradación de la música afroamericana quedó amargamente patente ese día.

Pregunta número dos: por qué no cayó en picado aquel mismo día la reputación de la diva tejana? 

Raperos sobrealimentados desgranan letanías sobre su éxito, su riqueza y su potencia sexual y los cantantes son meros hombre de negocios que venden zapatos, auriculares y producciones porno lo mismo que discos y entradas. Todo vale mientras siga colando y se siga ganando dinero.

Pregunta número tres: ¿se puede volver de un salto a la música fresca y honrada de otros tiempos?

Imposible excepto a través de viejos vinilos, reediciones o vídeos de Soul Train en YouTube. Pero, desde Texas nos llega el joven Leon Bridges, un fenómeno viral en internet cuyas actuaciones en Sundance y, sobre todo, en el SVSX le han consagrado antes incluso de editar su primer álbum.

Pregunta número cuatro: ¿quién es Leon Bridges?

Leon nació en 1989 Fort Worth, Texas . Toca la guitarra, canta con dulzura y se viste como un jornalero de 1963. Escribe canciones desde muy joven y fue descubierto y apadrinado por los miembros de un power trío blanco. Fichado por Columbia -es decir, Sony- en 2014, publicó Coming Home, su primer single, a principios de este año. Y arrasó en Spotify.

Seguramente, Leon Bridges hacía falta en la música negra después de fiascos como el de Beyoncé y de ahí la gran recepción que ha obtenido. Leon recuerda a Sam Cooke, Gene Chandler, Marvin Gaye y, quizá a quien más, al recientemente fallecido Ben E. King: artistas que se consagraron en los primeros 60.

Eso es todo. En junio, publicará en todo el mundo el álbum Coming Home. La campaña promocional ya está en marcha.

Pregunta número cinco: ¿qué pasó en los 40 años intermedios? ¿Necesitamos, de verdad, recuperar un pasado tan remoto?

Está claro que la música hecha con MIDI ha alcanzado ya su techo por lo menos hasta la próxima patente tecnológica. Vicios como el melisma y las rearmonizaciones estilo Berklee han tenido tiempo de aburrir al santo Job desde que Stevie Wonder las introdujera en 1971. Y es que, en realidad, nunca hemos salido de las arenas movedizas del pasado. Como un suspiro de alivio, el Delorean de Leon Bridges nos lleva a una música inolvidable.


Pregunta número seis: ¿Significa que existe una corriente de renovación en la música negra o es Leon una partícula ínfima flotando en el cosmos? ¿Hay más gente como él?

Coming Home, el primer single de Leon Bridges | Columbia Records
El revivalismo, las corrientes retro y la conciencia de un pasado mejor están perpetuamente latentes. Los ídolos del r&b comercial sienten la necesidad de declararse obligatoriamente discípulos de Sam Cooke, Marvin Gaye y Curtis Mayfield, aunque su música programada y rutinaria no lo deje adivinar. Lee Fields, Charles Bradley y Sharon Jones hace tiempo que son populares gracias a su revival soul. El joven Aloe Blac es más innovador, hace música sencilla, enraizada e intemporal, aunque mantiene el feo melisma de las Beyoncés. 

Por su parte, Leon Bridges pasea con su guitarra por calles desiertas y soleadas, entra en la peluquería y canta sobre el pecado y la redención por el amor y la religión. Su mundo es en blanco y negro, no le gustan las instrumentaciones superfluas y no sonríe nunca.

Las incógnitas se acumulan. Las preguntas número siete, ocho y nueve son: ¿se trata de algo más que un ejercicio de estilo? ¿Es solo otro fenómeno retro? ¿Conseguirá hacer grandes canciones que no suenen a conocido?

Pero, lo más importante es…

Pregunta número diez: ¿Logrará alguien como Leon Bridges convencer a la industria musical afroamericana de que la dignidad por la que habían luchado sus antecesores se ha quedado enquistada en el talonario de cheques?

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